Unidad nacional. Breve camino hacia la libertad

Por Carlos Carralero

Cuba es una espina clavada profundamente en el costado más sensible. El 11 de julio una persona que conozco desde hace muchos años y vive en Miami, muy pocas veces se comunica conmigo, pero el histórico día 11 de julio del 2021, sin embargo, me envió un mensaje con un video anexo, informándome que la ciudad de Palma Soriano se había alzado contra el régimen. Es probable que esa amiga se haya recordado de mí y me incluyó en la lista de las personas a las que mandar el mensaje le sería útil. Ella sabe de qué manera he vivido el proceso cubano desde hace más de 30 años.

Cuando me alcanzó la noticia con el video, la reenvié a mi hijo. Ambos buscamos información que luego fuimos asimilando y pasando a otros para después intercambiar el contenido con varios cubanos en diferentes latitudes. A pesar de que las noticias no colmaban mi entusiasmo. Y aquí quiero expresar algunas consideraciones:

—La experiencia como disidente en Cuba y los intercambios de visión con cubanos de la diáspora han aportado un material útil para formar una idea sobre la filosofía del ciudadano promedio; así como el estado de su conciencia. La indiferencia en unos y el terror en otros fueron suficientes para llegar a ciertas reflexiones:

—La cubanidad del cubano promedio. En mis reflexiones acerca del alma nacional, independientemente de donde viva, crezca e incluso nazca un ciudadano cuyos genes se hayan depositado decenas o cientos de años atrás en la mayor de las Antillas, su ser, su esencia ontológica irá, regresará o se moverá al encuentro con su origen, de todo aquello que los genes de los ancestros no permitieron que los tiempos y sus costumbres les desactivaran. Observando primero al cubano en la Isla y luego los que viven en el exterior, no he identificado nunca la rebeldía como rasgo destacado en la psicología nacional, al menos en los cubanos de las últimas hornadas; ni tampoco la madurez política necesaria para articular una revuelta popular que se convierta en una protesta constante que conduzca a la victoria contra el opresor. Los cubanos históricamente han demostrado su gran capacidad y vocación para emprender actividades comerciales, muchas veces con gran sacrificio. 

—La psiquis del cubano durante 63 años lleva el peso de la desidia, al soportar humillaciones y abusos un día tras otro, sin haberse como pueblo rebelado jamás. Las revueltas han sido parciales y la del julio del 1994, por ejemplo, indica que fue manipulada y expongo un argumento. Durante los disturbios Fidel Castro, que era un cobarde que poseía un gran olfato calculador del peligro, salió a la calle. Si no hubiera sido una manifestación controlada ese señor no hubiera salido a la calle. Eso se lo cree el que quiera creérselo. 

—La población en Cuba en su gran mayoría desde hace varias décadas padece del síndrome de indefensión inducida o aprendida. Dos cosas funcionan en la tierra en que ha gobernado el rey que ha impuesto a sus ciudadanos el arte de crear ruinas, como en todos los regímenes socialistas: la propaganda y los servicios secretos en el empleo  constante y eficaz de los métodos de terror y chantaje, cuyo efecto es el de un pueblo que carga, cual enorme peñasco, la paranoia, cuyo resultado ha sido la anulación de la capacidad de resistencia. Por estas razones los hechos del 11 de julio me han ocasionado, sino asombro, una curiosidad particular.

A pesar de que existe una complicidad con el mal a nivel universal -Castro con su brutal castrismo ostenta el récord de más canallas coleccionados a su alrededor; o mejor dicho, a su favor en Cuba y desde la distancia -los  hechos del 11 de julio 2021 han llegado a muchos comunicadores, aunque la mayoría de los cuales pertenezcan a la categoría del “intelectual” orgánico que ha diseñado Antonio Gramsci en los primeros años 30 del siglo pasado a través de sus Cuadernos desde la Cárcel.  Sin dudas, varios de los que profesionalmente se dedican a comunicar, se han visto obligados a comentar la revuelta en Cuba con un poquito de realismo. Sesenta y tres años no los pueden esconder en la historia, ni siquiera los falsos que hacen creer al mundo  que miran la realidad cubana como una utopía.

En lo que concierne a cubanos por el mundo, por primera vez se ha hecho universal su solidaridad con los jóvenes de la isla; a partir de lo cual, muchos debates y análisis espontáneos entre amigos y conocidos se han producido. En mi caso particular el argumento del que más he discutido es el del incremento de la masa de cubanos en la llamada diáspora, incorporados a los contestatarios del 11 de julio en la isla. Cuando fundé mi asociación en Milán Italia con Joel Rodríguez y un puñado de cubanos, -lla mayoría ya se han ido a los Estados Unidos- nos resultó difícil encontrar cubanos que nos siguieran. La respuestas de los connacionales que íbamos encontrando y pidiéndoles se incorporaran a protestar con nosotros eran unas veces evasivas, otras indignantes. Algunos, los siempre prestados o agentes no pagados asistían con cámaras para fotografiarnos y celulares para registrar nuestras respuestas a los periodistas, para después enviarlas a los del régimen. Casi ninguno quería renunciar al viajecito a Cuba. Sin embargo, esta vez varios cubanos en diferentes ciudades del mundo, entre ellas varias italianas, se adhirieron de manera espontánea a la manifestación mundial en la que se ha mostrado mayor sensibilidad con los que protestan en la Isla. A mi modo de ver las cosas, en el cambio de actitud de varios connacionales inciden algunos factores clave: 

1. La mayoría de los que viven fuera de Cuba son jóvenes, y como muchos de los manifestantes del 11 de julio en la Isla, la imagen del tirano, sus métodos de represión y manipulación se han perdido en la memoria de la retina de sus conciencias. Han transcurrido 15 años desde que la imagen inquietante de Fidel Castro desapareciera de la escena pública.

2. Las imágenes de los jóvenes maltratados por esbirros y otros serviles al régimen crearon cierta sensibilidad y, por consiguiente, despertaron un sentimiento, nunca antes experimentado: de hermandad y solidaridad hacia los que estaban aportando un gran sacrificio en las calles del país. Esos cubanos, incluso sus padres, no conocieron al disidente de su barrio en los años precedentes. Se da el caso por así llamarlo, curioso, del Cerro en La Habana, residencia del conocido opositor Osvaldo Payá  Sardiñas que siendo candidato al premio Sájarov instituido por la Comunidad Europea, en la barriada de su residencia era menos conocido ante la opinión pública que algún otro, de mucho menos renombre que el asesinado, Payá. ¿Por qué?  Porque todo se escondía tras el denso velo de la censura y del control sobre los disidentes más determinados. Y esto responde a la cínica estrategia de Castro de hacer creer que su Roboilusión era aceptada por todos en el país. No tengo noticia de ningún otro régimen que lo haya hecho por decenas de años de esta burda y absurda manera. Algo similar ocurre con la propaganda sobre el fantasma bloqueo, causa de la miseria material y moral en Cuba y el manipulador eufemismo sobre “señora revolución”, arquetipo inducido a fuerza de chantaje, manipulación y mensaje subliminal en el subconsciente colectivo de la Isla: roboilusión, respira, camina, amenaza, crea doble moral y, en síntesis, imita al Big Brother. La miseria en Cuba tiene una causa, cuyo efecto se refleja en todas las esferas de la vida del ser humano; desde lo material a lo moral. Cuba es un país del socialismo real; es decir, la forma violenta del comunismo. Y el comunismo sencillamente al final, será incompatible con la naturaleza humana. 

Todo lo expuesto arriba explica el por qué Castro absurdamente hasta el cansancio y hasta la perversa crueldad  llamó mercenarios agentes de la CIA y a sus similares; a disidentes y opositores pertenecientes a la categoría profesional e intelectual, humildes profesionalmente; es decir, obreros, los estigmatizó con el apelativo de delincuentes y (¿¿tantos se lo han creído??). Ha resultado odioso, a los que conservan algunos principios humanos, escuchar por décadas miles de carneros repetir esta infamia, que sólo los cómplices y los imbéciles pueden compartir. Pero, más abominable resultó para los que atesoramos con grande esfuerzo esos principios escuchar de boca de un político extranjero una infamia relacionado con las famosas mentiras de Castro. 

A raíz de la muerte del heroico disidente Orlando Zapata Tamayo, se encontraba en Cuba el delincuente (disidente de la decencia y el decoro), el comunista brasileño Lula da Silva, quien en una breve entrevista se expresó de la manera más ofensiva y mendaz de la que pueda hacerlo un ser humano en tan dramática situación. Y cito: “No sé por qué tanto escándalo si el que murió es un delincuente”. Este tal Lula demostró quien era, corrompiendo a varios presidentes suramericanos, entre ellos tres peruanos.

Debo confesar que ciertas cosas no es sano guardarlas, esconderlas u omitirlas porque callar es otorgar, y quien otorga ante el mal, mal también está haciendo. Entre los cubanos que manifestaron en el mes de julio del 2021 se delatan algunos espurios que pensaron el régimen caería en breve después del 11 de julio y por eso imitaron a los genuinos.

Los acontecimientos del 11 de julio 2021 me resulta un punto donde se rompe la inercia popular. Me explico, por más de 62 años el pueblo cubano, como las ratas de Hamelín, siguieron la malvada flauta castrista hacia un río donde por décadas se han ahogado los conceptos moral y libertad. Estos actos pueden haber cambiado la dinámica de los carneros detrás del sonido del látigo de un severo pastor. La acción de los protagonistas del 11 de julio ha levantado ante el mundo la moral y la dignidad de un pueblo, exceptuando a los disidentes, que siempre lo hacen. Estos últimos víctimas del régimen en cada generación a partir del comité pro derechos humanos fundado por Ricardo Bofill y Gustavo Arcos Bergnes y otros pocos, en 1976, en la cárcel y en los hechos heroicos protagonizados en la guerra civil llevada a cabo fundamentalmente entre los años 1960-1966 del siglo pasado, en la Sierra del Escambray. Historia que increíblemente miles de cubanos desconoce en detalles y las consecuencias para los alzados, sus familiares y vecinos de esa zona montañosa del país.

Los hechos del 11 de julio movieron la conciencia adormecida o bloqueada de muchos. Y los que antes vivimos la represión directamente, a pesar de ciertas dificultades reales, hemos colaborado con los manifestantes de la diáspora con nuestra presencia, con opiniones, informaciones y modestos aportes que no son más que el resultado de haber vivido la tiranía directamente.

Se me ocurre una casi utopía: la unidad nacional. Cuando fundamos la asociación en Italia, no dudé en el nombre Unión, el apellido lo ha inventado otro. Partiendo del sueño de romper esta suerte de sortilegio del pueblo cubano que es la falta de unidad. Al cubano es fácil reunirlo –vamos a comer un puerco y tomarnos una caja de cerveza-, jamás unirlo. Recuerdo que durante la lucha de Eritrea por la independencia de Etiopía, los eritreos en Italia convocaron a una manifestación, para la que contactaron 4000 personas; a dicha manifestación asistieron 2000, el 50%, pero esos estaban dispuestos a hacer cualquier sacrificio, incluso alguna concesión en aras de liberar su patria. Los que no asistieron eran ancianos enfermos, o personas sin las condiciones necesarias para viajar. Eso no se ha podido lograr con los cubanos en 62 años.

El 11 de julio parece primero haber iluminado y luego trazado el camino hacia la transformación de la conciencia nacional en muchos cubanos. Cientos de miles de aletargados dejaron de andar a tientas, empezaron a ver el mundo a través de una óptica menos ingenua y menos superficial los unos, más madura los otros y menos servil el resto. En la conciencia de muchos jóvenes ha quedado clara la convicción de que el concepto diálogo es incompatible con los violentos; que hace rato nos ha quedado una alternativa, cambio, un paso decisivo hacia adelante en aras de salir de viciada inercia.

Carlos Carralero
Milano Italia, enero 2021

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