Una pelea cubana en Playa Albina

Por Gaspar Legón

Vengo releyendo el mamotreto de Fernando Ortiz, Historia de una pelea cubana contra los demonios. Un tema cuasi olvidado, con un alcance político y social tan presente como milenario: la cubanidad es toda la historia de la lucha contra lo endemoniado.

Han transcurrido más de tres siglos de aquella pelea que da cuenta Ortiz en su última obra: la obsesión del cura de la villa Los Remedios de trasladar por su conveniencia religiosa el naciente vecindario hacia el hinterland de la región. La cubanidad comienza en el mar, en una isla flotante. Las consecuencias de aquel hecho, que fue en su momento harto conocido, no merece ser ilustrado ahora. El historiador autodidacta, el cubano José Luciano Franco, era de la opinión que el problema fundamental de la historiografía cubana residía en la falta de una escritura literaria. «Textos tediosos», se refería Franco, en una suerte de demonio prevaleciente.

¿Los demonios democratizados, populistas, colectivistas, serían los que pretenden combatir contra los ilusos letrados vanguardistas de Playa Albina? ¿Cuáles demonios azuzaron a Carlos Victoria y a Lorenzo Vega para merecer una pelea contra los eventos, premios, reconocimientos y ciertas veleidades literarias?

Un notario da fe, encarnado en varios escritores, de como el pánico cunde en la ciudad letrada, ya que había un grupo de «escritores cultos» que pretendían trasladar una «tertulia literaria populista» en el patio de una casa y convertirla en un curso délfico para escritores adelantados. Pero los «escritores populistas», al mando de un abate enloquecido, no permitieron arrebatarse la tertulia, luchando a brazos partidos contra los demonios y con quienes los endemoniaban.

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