Por Emidelio Urrutia
Los estoicos, al mando del emperador y filósofo Marco Aurelio, se inventaron un recurso retórico para sostener la fe ante la muerte. Se inventaron una performance imaginativa en el «espacio interior de la mente»: la existencia de una imagen, una «estatua», un «héroe», una «fuerza de voluntad» para saber y poder morir sin ansiedad y angustia. Pero la retórica del discurso estoico, conocida como arte moriendi, ha pasado por las reglas monacales y terminado en la cultura de la modernidad sin previo aviso y conocimiento secular.
Cuando la «mística oriental» habla del moksha (liberación), lo hace para hacer alusión a una revelación prístina. Desde luego, otro recurso retórico que traducido a la lengua castellana significa «desligación», desligarte de la vida. Pero como recurso retórico, al fin y al cabo, según la apreciación dadaísta, «liberación mental» significa «nada». En esa «nada» apareció de improviso un jinete en el campo mambí para morir de cara al Sol.
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Vamos a tratar de aclararlo más, aunque se quede más oscuro y correoso