«Un pueblo aburrido jamás será vencido»*

*Fragmento del capítulo 13 del libro El totalitarismo en Cuba.

En el año 1961, apenas dos años después de que Fidel Castro se alzara con el poder, la situación comenzó a sumirse en una nebulosa de incertidumbre. La Revolución no revelaba su verdadera naturaleza hasta que Castro, en el año 61, proclamó su carácter socialista. En el intervalo, tres años más tarde, destacados intelectuales del ámbito local se sumaron y respaldaron el proceso, mientras que otros optaron por el exilio.

En ese período de cinco años, Cuba se transformó en un auténtico epicentro cultural. Libros, eventos y organizaciones culturales se enorgullecían de llevar la insignia R (Ediciones Revolucionarias). Quienes lograron escapar al exilio plasmaron sus pensamientos sobre el tema. Lo intrigante es que, en la actualidad, se expongan opiniones sobre aquel momento crucial de instauración socialista, a pesar de que Alberto Baeza Flores publicó en México un libro que rara vez se menciona o cita: Las cadenas vienen de lejos.

Si aún no has tenido el privilegio de explorar sus páginas, te insto a hacerlo sin demora, ya que sería un verdadero desatino concebir el anticastrismo sin empaparse de las revelaciones que ofrece este volumen. Nos encontramos ante una obra que destaca por su profundidad y erudición, un faro que ilumina el asalto del imperialismo Komintern sobre América Latina. Las intrigas esotéricas del Komintern, veladas bajo diferentes disfraces, continúan tejiendo su influencia. Cuanto se haya escrito en la actualidad sobre el comunismo, el totalitarismo y el castrismo en Cuba, palidece en comparación con la trascendencia de este libro.

El capítulo 16, titulado Los bueyes sagrados de la literatura, es obra de Alberto Baeza, poeta, ensayista, narrador y crítico. Su ensayo novelado, gestado en las tierras cubanas y publicado en México en 1960 por Editorial Letras S.A., abarca más de 700 páginas. Este relato se erige desde los cimientos de la historia, situándonos en la década de 1930, en plena dictadura del general Ibáñez en Chile. A partir de ahí, atraviesa los meandros del trujillato, los desvaríos izquierdistas en Guatemala, Colombia y Brasil, así como los postreros diez años de la vida republicana cubana, desde la ascensión de Batista al poder hasta el incipiente florecimiento del castrismo.

No obstante, la ambición de Baeza no se limita al testimonio de los avatares en Cuba y América Latina en lo que respecta a las «violaciones de derechos humanos» y la imposición de dictaduras militares comunistas. Su aguda indagación se adentra en las entrañas de la maquinaria del Komintern, el «monstruo de las nueve leguas» enmascarado. Entre los designios del Komintern figura la consagración del buey Apis de los egipcios en la vida cotidiana de escritores, artistas, comunistas, revolucionarios y socialistas. Baeza, con perspicacia, nos revela la estrategia que conlleva la imposición de una ‘mancha blanca’ en el corazón de los escritores comunistas: el «premio Stalin».

Baeza se mantiene convencido de que el prestigioso Premio Stalin en América Latina recayó en Neruda, y que la edición de los aspirantes a bueyes Apis de sus respectivas naciones estaba sujeta al dictado del Partido. Lamentablemente, Baeza no fue testigo de la celebración de los Premios Stalin en Cuba, ya que partió en el mismo año 1960. Sin embargo, en la isla, prosiguieron viendo la luz antologías poéticas, panfletos y obras galardonadas con el título de Premio Stalin.

En otro capítulo más intrigante del libro, titulado En el aire puede ser un buen G2, el autor condensa la esencia del surgimiento del castrismo en un estribillo existencial de índole casi heideggerianoa: “Un pueblo aburrido jamás será vencido”.

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Alberto Baeza Flores, oriundo de Santiago de Chile en 1914, se erige como uno de los primeros escritores de su generación en participar activamente en las luchas sociales antifascistas en América Latina. Su versatilidad asombra, al conjugar las facetas de investigador psicológico de la historia, biógrafo, ensayista, reportero, narrador y poeta. Apenas asomaba la Segunda Guerra Mundial, Baeza Flores recaló en Cuba, y más tarde, tras un periplo de tres años en Santo Domingo, bajo el régimen de Trujillo, regresó a Cuba.

En 1953, obtuvo uno de los premios literarios más prestigiosos y cuantiosos en América Latina por su monumental libro biográfico Vida de José Martí, el hombre íntimo y el hombre público, fruto de una exhaustiva investigación de doce años en Cuba. Insignes instituciones como la Academia de Historia de Cuba, el Ateneo de La Habana, la Academia Cubana de la Lengua y el delegado de Cuba ante la UNESCO, unánimemente honraron a Baeza Flores con el «Premio del Centenario de Martí» al mejor libro biográfico.

En 1954, su relato Lonquimay, basado en la lucha del hombre por la tierra en el sur de Chile, mereció el Premio Internacional Hernández Cata, otorgado por el voto unánime de figuras notables como Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Juan Marinello, Raimundo Lazo y Antonio Barrera. Además de sus ensayos literarios e históricos, Baeza cultivó la poesía con maestría, legando más de quince libros de poesía lírica publicados en Chile, Argentina, Santo Domingo, España y Cuba. Sus versos engalanaron las antologías de poesía chilena, y sus palabras trascendieron las fronteras iberoamericanas, siendo traducidas en «Spanisch Roseaus Asche» (1955). Asimismo, se destacó como autor del libro ¿Quién fue Simón Bolívar?.

Durante ese lapso, Baeza ejerció la dirección de las revistas La poesía sorprendida y Acento en Bayamo. Durante más de una década, contribuyó en los semanarios Carteles y Bohemia de Cuba y, durante cierto tiempo, desempeñó el papel de crítico de cine en la revista cubana Zigzag. En septiembre de 1960, ante la adversidad que representaba el régimen de Castro y el asedio del G2, optó por trasladarse a México. Su última obra, una antología poética que abarcaba el periodo de 1939 a 1960, titulada Poesía Escritas en las Antillas, quedó prisionera en Cuba bajo el yugo del régimen.

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