Un dato desconocido sobre el 10 de octubre de 1868 (una guerra campesina)

Por Coloso de Rodas

Hace 30 años me busqué un lío ideológico cuando en un «evento de historia» en Bayamo postulé desenfrenadamente una tesis que reza: la llamada guerra de independencia iniciada el 10 de octubre de 1868 constituía una «contienda de carácter campesina» (una guerra civil entre cubanos). Y me basaba según las fuentes, de que el predominio de la base prístina clasista del grito de independencia lo detentaba los campesinos (arrendatarios, subarrendatarios, pequeños propietarios de tierra), no esclavos y la llamada burguesía terrateniente que no existía en la región del Cauto.

Un documento firmado, un día después del grito de la Demajagua, el 11 de octubre, por el general Bartolomé Masó (conservado en el Archivo Histórico de Manzanillo) describe diáfanamente de que el 10 de octubre se reunieron en el ingenio Demajagua, al llamado de Céspedes, más de «500 campesinos» (arrendatarios, subarrendatarios) de la comarca manzanillera. Masó no menciona, por su término, la clase de los esclavos. Sabía diferencial muy bien el estado de clases que imperaba en la estructura socio-económica de la región.

Conforme a este dato, fui y corroboré en los libros «Antiguas Anatadurías de Hipotecas» ( 1840-1868) de que el 60 % de los contratos hipotecarios y los estados «entre dicho» por deudas de refacción eran mayoritariamente sobre la propiedad agraria, arrendatarios y aparceros, en franca desventajas ante el capital usurario de los comerciantes y los terratenientes, prestamistas ambulantes. En esa época no existía en la comarca ninguna entidad crediticia (casa de banco) y no de bancos de créditos.

Un legajo con varios expedientes de la capitanía provincial en el Archivo Histórico de Santiago de Cuba da cuenta una pormenorizada descripción de múltiples pleitos legales ante los notarios protocolares de la ciudad de Manzanillo entre campesinos y comerciantes por incumplimiento de contratos hipotecarios y préstamos usurarios. Muchos campesinos alegaban estar arruinados, imposibilitados de pagar las deudas y los contratos de refacción por medio de la cosecha y del crédito.

Este texto constituye solo un dato de un libro en preparación sobre el origen y evolución de la Hacienda como unidad sociocultural en el siglo XIX en la región oriental de Cuba.

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