Un dato desconocido sobre el 10 de octubre de 1868

Hace 30 años, en 1992, me busqué un lío ideológico cuando en un «evento de historia» en Bayamo opiné sobre el origen de la guerra de independencia iniciada el 10 de octubre de 1868. Dije que el 68 constituía una «contienda de carácter campesina». De que el predominio de la base clasista en los inicios de la guerra la detentaba los campesinos, no los esclavos y la «burguesía terrateniente» (por supuesto, trajo una controversia en el plano ideológico).

Expuse, para confirmar mi tesis, la escritura de un documento firmado el 11 de octubre por Bartolomé Masó (conservado en el Archivo Histórico de Manzanillo) que describe el momento del 10 de octubre en el ingenio «Demajagua», donde se reunieron al llamado del grito de independencia por Céspedes más de 500 campesinos (arrendatarios, subarrendatarios) de la comarca manzanillera.

Conforme a ese dato, fui y corroboré en los archivos de las «Antiguas Anatadurías de Hipotecas, 3 tomos, 1840-1868» (se conservan en el Museo Histórico de Manzanillo) que de todos los contratos hipotecarios y de los estados contractuales «entredichos» sobre las hipotecas de las propiedades rurales y urbanas entre 1840 y 1868, el 60 % pesaban sobre los arrendatarios y apareceros, obligados a pagar elevados intereses y a sucumbir ante el «capital usurario» (la banca no institucionalizada local) de los comerciantes y los terratenientes. En esas actas encontré varios contratos de hipotecas que hiciera Céspedes, de su ingenio «Demajagua» y otras propiedades rurales y urbanas.

La presencia de un numeroso grupo de campesinos en el momento de la declaración de independencia el 10 de octubre de 1868 en la «Demajagua» se vincula con el hecho de la situación económica en la vida rural. Más adelante comprobé, según documentos del Archivo Histórico provincial de Santiago de Cuba, un incipiente desarrollo del «proletariado rural» a partir de 1867 a merced del capital comercial, dedicado a ejercer el papel de prestamista usurario.

En un «sistema patriarcal de economía rural», donde predominaba la autarquía o la autosuficiencia económica, los arrendatarios y apareceros estaban condenados a formar parte del proletariado en una estructura económica financiada por la banca local.

Estas consideraciones fueron expuestas en un pequeño libro, La Hacienda ganadera de Bayamo, publicado en 1996, premio Pinos Nuevos de Ensayo, Editorial Ciencias Sociales, y que muy pronto tendrá una segunda edición corregida y ampliada.

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