Un buen ejemplo del ejercicio de crítica literaria

Por Rigoberto Díaz Cutiño

Texto tomado del muro de FB de Waldo González López

El pasado junio, la importante editorial Ilíada Ediciones —creada en Alemania por el destacado narrador y periodista cubano Amir Valle— publicó, en su Colección Cuadernas, el volumen de ensayo y crítica La poesía, esa voz que llega a nosotros, del poeta, ensayista, crítico literario y teatral, y periodista cultural Waldo González López.

Quien escribe, quien bien sabe que, desde décadas atrás, el colegamigo (como suele decir en un neologismo creado por el) ha sido y es figura destacada de las letras cubanas durante las últimas cinco décadas. Gran conocedor del mundo literario, en particular de la poesía y poeta él mismo, además de crítico literario y de teatro, es autor de innumerables títulos: poemarios, libros de ensayo y crítica de poesía, como antologías y selecciones poéticas.

   Asimismo, bien sabe él la utilidad de la poesía, acción reveladora que lleva en sí misma la virtud del mejoramiento espiritual del hombre. De ahí, que aquí reúna ensayos, ponencias, artículos y prólogos sobre poemarios, en amplio haz hispanoamericano. Así, entre los poetas analizados por él, hay españoles, latinoamericanos y cubanos, algunos ya fallecidos.

   El autor nos corrobora, a lo largo de su intenso y extenso volumen (300 páginas), que uno de los adagios de nuestro José Martí ha guiado su tarea: «Criticar no es censurar, sino ejercitar el criterio». Bien hace Waldo, pues quien ejerce la crítica literaria debe tratar con respeto y, a la vez, con valentía profesional, los textos que analiza. De ello devendrá el mejoramiento espiritual y la virtud del criticado, como de quien analiza y de los propios lectores.

   En consecuencia, nos muestra su oficio culto y responsable, sin barreras academicistas ni torpes preceptivas extemporáneas, porque lo mueve el ánimo de sanar y encontrar el equilibrio. Una muestra de ello es el primer ensayo que abre su libro sobre la poética del célebre mexicano Amado Nervo: prólogo a la antología que editara y publicara en La Habana de 1987, su esposa, la ensayista, investigadora y editora Mayra del Carmen Hernández, donde Waldo afirma sobre Nervo:

«Sin duda, su fertilidad poética le condujo a escribir excesivamente y a no ser, en ocasiones, tan cuidadoso; esto lo determinaba su facilidad para la métrica (…) y la riqueza formal, ya que el soneto y el romance, pasando por la décima y otras estrofas, le brotaban con lozanía y frescura.»

   Una parte importante de este volumen lo dedica a la décima, pues Waldo, cultivador de la estrofa, es muy conocedor de ella y de su evolución histórica. Por ello, pondera muy bien el valor que tiene la misma en el devenir cultural de Hispanoamérica y, particularmente, de Cuba. En su ensayo hace referencias a diversos textos sobre diversos autores de varios ámbitos de América y España. Entre otros, nos presenta al argentino Baldomero Fernández Moreno, la chilena Violeta Parra, al español Miguel Hernández, los cubanos Jesús Álvarez Pedraza, Ariel Aboal y quien suscribe este breve artículo, residentes en EE.UU.AA.

  En su texto «La décima dice más», nos dice Waldo:

«… es una expresión lírica sui géneris que (…) permite al poeta toda una gama expresiva que va desde lo hondo y conceptual, hasta los temas festivos, pasando por los sentimentales, los circunstanciales y otros. (…) una décima dice más, mucho más, con claridad, fluidez de ideas y síntesis, que otras estrofas.»

Muy acertada esta apreciación sobre la décima, extendida en el universo de habla española. El primer ejemplo que nos muestra, aunque apegado a Cuba, bien pudiera ser universal. Se trata de una mínima muestra de la poeta, ensayista y profesora Mirta Aguirre, donde define a nuestra Patria:

Décima es caña y banano,

es palma, ceiba y anón.

Decima es tabaco y ron,

café de encendido grano.

Décima es techo de guano,

es clave, guitarra y tres.

Es taburete en dos pies

y es Cuba de cuerpo entero,

porque ella nació primero

y nuestro pueblo después.

Si bien en el XIX la que definiera José Fornaris «la estrofa del pueblo cubano» ocupara desde siglos atrás relevantes espacios literarios en España, asimismo en América penetró y se hizo fuerte, en escenarios campesinos y entre figuras de la poesía, tal Waldo refiere, como los poetas-decimistas: Manuel de Zequeira, José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), José Fornaris y Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), el más conocido representante, considerado la figura mayor de la décima cubana en el XIX.

   Hay un caso abordado por el ensayista que quiero destacar. Se trata del argentino Baldomero Fernández Moreno (1886-1950). En el texto de Waldo se lee: «Creó un estilo nuevo, dio pautas y abrió caminos, a fin de que otros pudieran transitar por estos». A continuación, un buen ejemplo de este autor, que bien connota el apego de esta estrofa a lo más auténtico y popular en nuestros pueblos latinoamericanos. El poeta argentino se refiere a su coterráneo, el narrador Ricardo Güiraldes, autor de la conocida Don Segundo sombra, integrante de la novelística de la tierra. «Es, compañero, Ricardo, / tu novela campesina, / tan nuestra, tan argentina, / como el ombú, como el cardo. / Épico aliento de bardo / resopla en ella profundo… / nos has descubierto un mundo, / ahí no más, que nos asombra. / ¡Que para Segundo Sombra / no haya de sombra un segundo!»

   La Poesía… es un volumen integrador, pues incluye no pocos poetas cubanos, entre los que destaco autores no decimistas, como el singular Rafael Alcides (1933-2018), que nos dejara una poesía enmarcada en el decisivo lenguaje coloquial, que hallamos en sus poemarios: Pata de palo, Agradecido como un perro, Y se mueren, vuelven, y se mueren.

   Mas, añade el ensayista:

«(…) otros atisbos se revelan en su poética —traspasada por recursos de la narrativa— que entraña una de las plenas y ricas expresiones del coloquialismo y del que, a pesar de su fuerte otredad de narrador, o quizás por ello mismo, le confieren, por sus genuinas improntas, el inconfundible sello de ser uno de los más consistentes poetas de su generación.»

 Rafael Vilches Proenza, Poeta y narrador cubano, radicado en la Isla, con quien mantengo gran amistad y del que leo y disfruto su valiosa poesía. «Ante todo —escribe Waldo, quien presentara en Miami su poemario Café amargo—, quiero remarcar algunas virtudes de este título. En principio subrayo el lirismo disfrutable a lo largo de su breve pero intenso volumen.» Anoto que Vilches ha merecido, entre otros, los premios de narrativa «Reinaldo Arenas» y de poesía «Dulce M. Loynaz» (2018), por La luna entre nosotros.

   Sobre la poeta, narradora, dramaturga, crítica y profesora universitaria Maricel Mayor Marsán, al referirse a Poemas de la ciudad, Waldo, quien lo presentara en el Centro Cultural Español, de Miami, subraya:

sin duda, se trata de un jubileo de la poiesis, forma de conocimiento y lúdica, según connotaba Platón en El Banquete, término que de algún modo intenta definir lo indefinible e inmarcesible, o mejor, la mágica Poesía, a lo que añado que ella, nunca debe explicar, sino sugerir, provocar e iluminar el pensamiento y, sobre todo, la imaginación. Y he aquí el primer mérito de estos Poemas de la ciudad, de Maricel.

A continuación, una muestra:

Decir Miami es

contar historias en cada esquina

reunir familias a cuenta gotas

salvar las horas en desespero

reír a solas en días soleados.

Quizás verano, quizás otoño.

Sumar alegrías tras sacrificios

restar esperas de las que duelen

                               (…)

medir la presencia de lo que está ausente

rescatar con gran cuidado la herencia

tal visible y guardada porcelana en vitrina.

Sacudir a gritos un mal recuerdo de algo lejano

socavar las glorias de las memorias

pedir razones al tiempo ya transcurrido

echar raíces sobre el coral y un gran pantano sureño

fingir saberlo y seguir con paso firme

dejar atrás las formas y aspirar el olor del mar

en calma sagrada.

Realza el valor del volumen la acertada inclusión de prestigiosos autores no conocidos como tales, tales el significativo cantautor Mike Porcel y el Premio Cervantes, relevante narrador y periodista Guillermo Cabrera Infante:

Leamos fragmentos de un poema-canción de Mike:

Mis fieles amigos, de estos veinte años

aún guardo el sabor de aquel pan en los labios

que me abrió las puertas de vuestras edades

y me hizo culpable ante los amantes.

Yo sigo en secreto una luz interna

cada vez más clara, cada vez más cierta.

Tengo un diario encuentro con mis propios pasos…

feliz porque crezco, triste porque extraño.

De Cabrera Infante, he aquí un fragmento de uno de sus prosemas (tal los define Waldo en su texto revelador: «Caín: ¿y también la poesía?», donde por primera vez se presenta este ángulo de valía en el quehacer del autor de la clásica novela Tres Tristes Tigres, Premio Biblioteca Breve, Seix Barral, en 1964):

Mi vida me consume en mil pasiones fútiles

nunca correspondidas

por esto y por aquello:

por uno y mil objetos

que no tienen objeto.

En ella, en ellos

me gasto, me consumo,

consumiendo me sumo mientras más me resto.

Hay muchos más poetas considerados por Waldo en su volumen, pero el espacio apremia. Entre ellos destaco al hispano Federico García Lorca, el argentino Jorge Luis Borges y los cubanos Heberto Padilla y José Ángel Buesa.

   Por último, agradezco a Waldo, a nombre de los autores y en el mío propio, por poner en manos de los lectores su excelente ensayo de auténticas valoraciones de poesía: importante contribución para ponderar y aprovechar el valor y la utilidad de esta necesaria «función», tal la denominara el notable ensayista y poeta mexicano Alfonso Reyes. En tal sentido, me remito a la también ensayista y profesora argentina Graciela Maturo, quien, en su sagaz estudio La mirada del poeta, subraya:

«La poesía, decía Dostoievsky, salvará al mundo. Esta afirmación, que no debe ser leída literalmente, guarda una verdad intrínseca».

 En efecto el poetizar, un modo de la fe, es la última reserva que nos ha quedado para la preservación de la cultura, en un tiempo de excesos informativos y comunicacionales que parecen propiciar la extinción de la espiritualidad.

   Con La Poesía, esa voz que llega a nosotros, Waldo González López les lleva a los lectores, que aman esta expresión literaria —tan antigua y contemporánea y, en consecuencia, tal subrayara Horacio, dolce e utile: en una palabra, necesaria— otras voces, otros ámbitos, que, de acuerdo con el gran poeta español Pedro Salinas, les ayudarán a «encontrar la esencia de la realidad, descubriendo el tiempo y sus interrogantes».

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Rigoberto Díaz Cutiño (Las Tunas, Cuba, 1948). Poeta, crítico, Licenciado en Pedagogía y professor de Historia. Ha publicado los poemarios: Bajo la piel del silencio (Ilíada Ediciones, Alemania, 2020), La voz de adentro (Cuba, 1995) y Terriblemente a pie (Cuba, 2002). Ha sido incluido en importantes antologías de la décima cubana: Poetas del mediodía (Cuba, 1995); Antología de la décima cósmica de Las Tunas (México, 2001) y Esta cárcel de aire puro. Panorama de la décima cubana en el siglo XX (Cuba, en dos volúmenes: 2010 y 2011). Tiene inéditos varios ensayos.

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