Trump, el diablo de la Plaza de la Revolución y Carlos Alberto Montaner

Por: Vicente Morín Aguado

OnCubaNews bajo la firma del reportero portugués Rui Ferrerira, ubica en resonancia un comentario que hoy sacude las redes sociales: «Para los acólitos de Donald Trump en Miami, Carlos Alberto Montaner se ha vendido al comunismo». La exageración copia de algún modo el típico decir de los cubanos, pero expresa la certeza de que la supervivencia del castrismo pasa por la Casa Blanca.

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La perspectiva europea, reforzada por una visión fotográfica de la historia cubana, romancea sobre la cruda realidad nacional tanto como lo hiciera el dueño y señor de este portal web, Don Hugo Cancio Morúa, quien se atrevió a pronosticar en 2006:

«Los cambios en Cuba son inminentes. La muerte inevitable del presidente de Cuba, Fidel Castro, traerá consigo una nueva era para mi país (…) una era que traerá transformaciones políticas y económicas, y un enorme flujo de inversiones extranjeras directas y la prosperidad de la economía nacional cubana». (Palabras de presentación del Comité de Inversiones USA-CUBA.)

Al pasar 14 años, el vaticinio califica sin comentarios.

Por su parte Ferreira reconoce en el periodista cubano más leído del mundo «un hombre que intentó darle sentido al exilio cubano, dotarlo de una cierta unidad ideológica más allá del rechazo al ya fallecido líder cubano».

Buscando explicación al «error» de sus compatriotas, frustrados por los últimos escritos de quien consideran un referente en la lucha contra la dictadura comunista de La Habana, el portugués precisa en OnCubaNews, inaugurando este caluroso septiembre:

«El autor ahora tan vilipendiado intenta educar a sus detractores que defienden a capa y espada al presidente Trump desde una visión política reduccionista. Nada que ver con lo que llaman ‘socialismo’. Sí, porque para ellos los demócratas son ‘comunistas’ y quieren ‘destruir a América’».

El Dios cristiano descansó al séptimo día, mientras el diablo nunca duerme, reza un viejo adagio, y en la Plaza de la Revolución andan muy claros al respecto, porque no se trata de valoraciones teóricas sobre el socialismo, ni siquiera de mayor o menor afinidad hacia el ex vicepresidente de Obama o al denostado jefe de la doceava administración con la cual han lidiado Castro y sus seguidores.

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Apelando a la memoria larga que algunos cubanos SI tenemos, el hombre hoy recluido en una piedra sepulcral ostentó la referida virtud mental. Prueba fehaciente de sus dotes fue la titulada «Reflexión», escrita el 27 de marzo de 2016, que dijo sentirse obligado a publicar ante el entusiasmo general que despertó en Cuba el brillante discurso del presidente norteamericano, vuelto a casa después de su paseo turístico por la capital cubana.

Ironía mordaz desbordó aquel opúsculo fidelista, titulado El hermano Obama:

«Obama pronunció un discurso en el que utiliza las palabras más almibaradas para expresar: Es hora ya de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, va a haber retos, y a esos vamos a darle tiempo; pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos como amigos, como familia, como vecinos, juntos».

«Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del Presidentede Estados Unidos. Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza?»

«Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura».

Quien conozca a Fidel Castro sabe que estaba fijando una posición de rechazo a cualquier ilusión de un acuerdo definitivo con los Estados Unidos, sin importar cuánto almíbar pudiera venir desde Washington. De paso quedaba incólume el reconocimiento de sus 57 años de gobierno.

El diablo siempre acomoda su presa, después vendrá un retorcido mortal, la mordida venenosa y el lento deglutir estomacal. Lo demás apesta.

Se trata de consumar un nuevo milagro frente la inminencia de la muerte:

Un estado en default; calles y campos cual paisaje después de la batalla; la gente peleándose los mendrugos como ratas; los opositores dentro y fuera del país cada día más activos y mejorando la puntería; el parasitismo en quiebra ante la disminución notable de sus fuentes tradicionales; corruptos y represores dándose la mano, insuflando presión insoportable a la caldera todavía llamada Revolución…

¿Algo más? Tal vez venga una huelga de brazos caídos porque los cubanos se sienten incapaces frente la eficacia represiva, mientras la capacidad de maniobra internacional que un día acompañó al líder eterno no es susceptible de herencia.

Fidel Castro salvó su reputación personal, sacrificando súbditos y reino, cuando en los noventa del pasado siglo vino la izquierda del caviar a salvarle la vida. Después cogió nuevos aires con el Socialismo del siglo XXI. Muerto el Comandante, sus herederos apuestan, no tanto por Biden, sino por desalojar al molesto Trump que les está apretando el cuello como jamás hizo presidente norteamericano alguno durante el enfrentamiento histórico entre ambos gobiernos.

Joe Biden ha reiterado el regreso a la política colaboracionista de Obama hacia Cuba.

Carlos Alberto Montaner no ha cambiado en un ápice su anatema a Fidel Castro Ruz, auténtica personificación del diablo en la Plaza de la Revolución. Sucede que tratándose de Donald J. Trump, un fado tropical pro Castro armoniza con el perdón a nuestro admirado «terrorista, agente de la CIA, disfrazado de periodista».