The Defiant Ones

Por: Rafael Piñeiro López

A The Defiant Ones (1958) no recuerdo exactamente como la titularon en español (¿Fuga en Cadenas podría haber sido?), pero en Cuba fue uno de los filmes más populares de siempre. Lo pasaban por la televisión con cierta regularidad, a pesar de sus años, en mi época de escolar primario.

Lo cierto es que la cinta de Stanley Kramer es entretenida a rabiar, cuenta con un ritmo formidable y unas actuaciones excelentes. Posee ese espíritu de modernidad tan difícil de mantener por cualquier obra. (Algunos dicen que de eso, precisamente, se trata la perdurabilidad y la trascendencia). También, el filme atesora la curiosidad de haber sido el primero donde se nominó a un actor hombre negro para el Oscar de actuación principal (nominación más que merecida, por cierto. En aquel entonces el color de la piel no era sinónimo de construcción social que conllevara a la adquisicisión de derechos basados en la biología).

Filmada en una época en que el racismo cultural (con trazas de institucionalidad, sobre todo en regiones del sur) poseía aún un peso notable en los Estados Unidos, la cinta es una especie de llamado a la unidad entre los hombres, siempre con ese tono discursivo tan común a los colectivismos, (uno de los guionistas, Nedrick Young, fue presunto militante del partido comunista, como tantos en aquellos días) que, sin embargo, retrata un problema factual incuestionable en la década de los cincuenta. En todo caso, la obra de Kramer evita el panfleto político y nos narra una poderosa historia.

De haberse rodado The Defiant Ones en los tiempos que corren, el personaje de Poitier habría sido un rapero misógino y ‘heroico’, el de Curtis un milennial barbudo y afeminado… y al final ambos se habrían empatado para, al salir de prisión, tras la cacería descarnada, adoptar un par de hijos y dedicarse a luchar denodadamente por las ‘causas sociales’.

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