T. S. ELIOT, POETA, DRAMATURGO y CRÍTICO LITERARIO

Por Waldo González López

«La humanidad no puede soportar mucha realidad».

                                                               T. S. Eliot

Para continuar mi serial con opiniones de figuras sobre la poesía, la narrativa y demás aspectos afines —incluidas en mi libro homónimo, publicado en la Ecuador del 2009, a propósito de la Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura—, esta ocasión traigo al importante poeta, dramaturgo y crítico literario britanico-estadunidense Thomas Stearns Eliot o, como prefería firmar él sus libros: T. S. Eliot.         

   Ante todo, recuerdo que nacido en el poblado de Saint Louis, Missouri, el 26 de septiembre de 1888, moriría en Londres el cuatro de enero de 1965. Y digo enseguida que es uno de los poetas mayores en lengua inglesa del pasado siglo. La publicación de La tierra baldía convertiría a Eliot en la figura central de la vida poética en lengua inglesa. La crítica saludaría su complejo poema […] como símbolo de una época de desintegración que intentaba ordenar el creciente caos aplicando mitologías y formas heredadas del pasado. De ahí que La tierra baldía continúe siendo, en este nuevo siglo, un decisivo momento en la creación poética de Occidente.

   Trasladado al Reino Unido en 1914, al inicio de la Primera Guerra Mundial, a los veinticinco años, se haría ciudadano británico en 1927 a los treinta y nueve.

   Acerca de su nacionalidad y del papel de esta en su labor, afirmaría: «[Mi poesía] no habría sido la misma si hubiese nacido en Inglaterra, y tampoco si hubiese permanecido en Estados Unidos. Es una combinación de cosas. Pero en sus fuentes, en sus corrientes emocionales, viene de Estados Unidos».​

   El notable crítico Edmund Wilson afirmó de Eliot: «Es uno de nuestros auténticos poetas únicos», por ello, en 1948 le sería concedido el  Nobel de Literatura «por su contribución sobresaliente y pionera a la poesía moderna».​

   En su importante volumen de crítica literaria —lectura esencial para todos los poetas y críticos que se precien de serlo— Criticar al crítico (1961), confesaría:

He escrito, sí, sobre Baudelaire, pero no sobre Jules Laforgue, al que debo más que a ningún otro poeta en cualquier idioma, ni sobre Tristan Corbière, al que también debo algo. […] Hay, no obstante, un poeta que me causó profunda impresión cuando tenía veintidós años […) un poeta que sigue siendo consuelo y asombro de mi edad actual (…] el poeta de que hablo es Dante.​

   La poesía de T. S. Eliot presenta tres vertientes fundamentales, en apariencia contradictorias, pero que el gran autor armonizaba sabiamente. La primera con una vena humorística muy sui generis, pues el autor era muy aficionado a la sátira y el chascarrillo irónico, los evidencia en los atendibles Prufrock y otras observaciones (1917) y El libro de los gatos habilidosos (1939), en el que se basara la famosa comedia musical Cats, de Webber.

   En la segunda, el vanguardismo​, junto a Wallace Stevens y Ezra Pound, fue el gran representante del modernismo inglés, que no tiene que ver con el Modernismo latinoamericano, liderado por Ruben Darío y Jose Martí. 

   Su tercera faceta es la meditativa y religiosa. El tono trascendente y penitencial adquiere una enorme presencia a lo largo de toda su obra, y en la que el encuentro de elementos tan dispares (la tradición y la novedad, las bromas y las veras, lo sagrado y lo profano, o, como veremos después, la fe y el nihilismo), emanará, en síntesis, la, para algunos, poesía mayor del siglo xx: «una intensa atracción por la belleza junto a una igualmente intensa fascinación por la fealdad, la cual contrasta con ella y acaba destruyéndola», afirmó en uno de sus ensayos.

   Dámaso López García traza muy bien una síntesis de estos llamativos contrastes en su introducción a Inventos de la liebre de marzo, recopilación de los primeros poemas de Eliot, aparecida tras fallecer este.​

   Durante la Primera Guerra Mundial estudiaba filosofía en Alemania, ya se había graduado con honores en Harvard, donde fuera alumno de Bertrand Russell, como lo fuera de Henri Bergson en París. En 1916 completó su tesis doctoral. Entre 1915 y 1919 fue subdirector de la revista literariaEgoist. Su primer poema importante fue Canción de amor de J. Alfred Prufrock (1915).

   En su primer libro de poemas, Prufrock y otras observaciones (1917), empleó imágenes de la vida urbana en un contexto de intensidad poética. Los poemas carecen de forma fija o de un patrón regular, y la rima sólo aparece ocasionalmente. Durante los ‘20s, Eliot desarrolló opiniones muy decididas sobre temas literarios, religiosos y sociales. Su extenso/intenso  poema de cinco partes: La Tierra Baldía (1922) es una obra erudita que expresa vivamente su idea de la esterilidad de la sociedad moderna en contraste con las sociedades del pasado. Por ello, devendría un hito de la modernidad.

   En su libro El bosque sagrado (1920) afirmaba que el crítico debe poseer un hondo sentido histórico para juzgar la literatura. Fundador y director de The Criterion entre 1922 y 1939, proporcionó un foro para muchos escritores importantes contemporáneos. A partir de 1925 ejerció como director de la editorial Faber and Faber, donde reunió poetas que representaron el movimiento moderno de la poesía británica. En su libro de ensayos Para Lancelot Andrewes (1928) expuso su posición como la de un clasicista en literatura, un monárquico en la política y un anglocatólico en religión.

   Escribió Miércoles de ceniza (1930), La roca (1934) y su larga obra en verso, Asesinato en la catedral (1935), basada en el martirio de santo Tomás Becket en el siglo XII. Cuatro cuartetos (1943) es considerada su major obra. En 1948 le concedieron el Premio Nobel de Literatura, la Orden del Mérito y la Medalla Presidencial de la Libertadde Estados Unidos en 1964.

   Su fama como dramaturgo data del éxito del estreno de El cóctel (1949), comedia de salón que analiza el tema de la salvación. Otras obras dramáticas de tema religioso y moral son El secretario particular(1954) y El viejo estadista (1958).

   Destacan también El libro práctico de los gatos (1939), poemario para niños adaptado al teatro musical; las obrasSweeney Agonistes (1932) y Reunión de familia (1939), y los ensayos La idea de una sociedad cristiana (1940) y Notas para la definición de la cultura (1948).

   Brillante ensayista, Eliot fue representante destacado del llamado new criticism inglés [o nueva crítica], y uno de los grandes críticos de su tiempo. Aparte del mencionado Criticar al crítico, publicaría otros importantes libros, como El arte de la poesía y el arte de la crítica y Notas para una definición de la cultura.

   Entre sus últimas obras cabe citar On Poetry and Poets (De la poesía y de los poetas), de 1957; el drama El viejo estadista (The Elder Statesman, 1958); en 1963, publica una selección personal de su obra poética bajo el título Poesías (Collected Poems 1909-1962) que tendría gran número de reediciones y traducciones; y Ensayos, publicada en 1965, año de su muerte, que comprende toda su labor crítica.

 «Solo aquellos que se arriesgarán a ir demasiado lejos, podrán descubrir hasta dónde se puede llegar».

                                                 T. S. ELIOT

                              3 POEMAS

                                      BURNT NORTON

Tiempo presente y tiempo pasado
se hallan quizá presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es mera abstracción
quedando como eterna posibilidad
solamente en el mundo de la especulación.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
apuntan a un solo fin, que está siempre presente

                                     LUNA DE MIEL

          Han visto los Países Bajos, vuelven a Tierras Altas;
          pero una noche de verano, helos aquí Ravena,
          muy cómodos entre dos sábanas, donde doscientas pulgas;
          el sudor estival y un fuerte olor a perra.

 Están de espaldas, con las rodillas separadas,
 cuatro piernas hinchadas de mordiscos.
 Echan atrás las sábanas y usan mejor las uñas.
 A menos de una legua está San Apolinario—
 en Clase— una basílica para conocedores,
 capiteles de acanto que agita el viento.
 Tomarán el tren horario a las ocho y de Padua
 llevarán sus miserias a Milán,
 donde se hallan la Cena y un restaurant barato.
 Él piensa en las propinas, saca cuentas.
 Habrán visto Suiza y atravesado Francia.
 Y San Apolinario, derecho y ascético,
 vieja fábrica de Dios desvinculada, guarda
 todavía en sus piedras derrumbándose

 la forma precisa de Bizancio.

                      LOS HOMBRES HUECOS

 
Somos los hombres huecos
Los hombres rellenos de aserrín
Que se apoyan unos contra otros
Con cabezas embutidas de paja. ¡Sea!
Ásperas nuestras voces, cuando
Susurramos juntos
Quedas, sin sentido
Como viento sobre hierba seca
O el trotar de ratas sobre vidrios rotos
En los sótanos secos
Contornos sin forma, sombras sin color,
Paralizada fuerza, ademán inmóvil;
Aquellos que han cruzado
Con los ojos fijos, al otro Reino de la muerte
Nos recuerdan —si acaso—
No como almas perdidas y violentas
Sino, tan sólo, como hombres huecos,
Hombres rellenos de aserrín.

                              AQUELLA LIBRERÍA…

Creo que empecé a los catorce años más o menos, bajo la inspiración del Omar Khayam, del traductor e hispanista británico Edward FitzGerald (1809-1883) a escribir una serie de cuartetos muy sombríos, ateos y desesperanzados en el mismo estilo, que afortunadamente suprimí por completo, tanto así que ya no existen. Nunca se los mostré a nadie. El primer poema que existe es uno que apareció primero en Smith Academy Record y después en The Harvard Advocate; lo escribí como un ejercicio para mi profesor de Inglés, y era una imitación de Ben Johnson.

  […] Me hice mucho más prolífico bajo la influencia primero de Baudelaire y después de Jules Laforgue, a quien descubrí, según recuerdo, durante mi tercer año en Harvard…

   El poema que [Irving] Babbitt siempre ponía como modelo era la Elegy de Gray. Y ése es un poema excelente, pero creo que la admiracion que Babbitt le profesaba pone de manifiesto ciertas limitaciones de éste, Dios lo bendiga. Yo he revelado mi fuente […]: es el libro de Arthur Symons sobre poesía francesa (The Simbolist Movement in Literature. El movimiento simbolista en la literatura), que descubrí en la Harvard Union. En aquellos días la Harvard Union era un lugar de reunión para cualquier estudiante no graduado que quisiera pertenecer a ella. Tenían una biblioteca pequeña y agradable, como las que hay ahora en muchas casas de Harvard. Me gustaron los textos citados por Symons y fui a una librería extranjera que había en algun lugar de Boston (he olvidado el nombre y no sé si todavía existe), que se especializaba en libros franceses, alemanes y en otros idiomas, y encontré a [Jules] Laforgue y otros poetas. No me imagino por qué razón aquella librería tenia en existencia los volúmenes de […] poetas como Laforgue. Quién sabe cuánto tiempo hacía que los tenía y si había alguien más que los solicitara.

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