«Con el eslabón», los aforismos de Enrique José Varona

Cuba necesita un nuevo mesianismo para dejar atrás la historia de la revolución y el postsocialismo. Que no se trate del mesianismo simplón de la «salvación», sino de la «mejora» y la «domesticación». A través de Alberto Lamar, quien optó por entronizar el Zaratustra de Nietzsche en el espíritu latino, Enrique José Varona, desencantado de la pedagogía positivista, propuso en sus aforismos tardíos publicados Con el eslabón una suerte de «neo social darwinismo latino». Este mesianismo de inspiración naturalista buscaba destacar abiertamente el factor biológico en la formación de la cultura

Por Pancho Majagua

El discurso político y cultural de la cubanidad tiene la misma esencia desde hace 100 años: «positivista e ideologizante». Nada nuevo al lado del ditirambo de las ideologías. De no verse así, por favor, pasen por los aforismos de J. E. Varona, Con el eslabón y encontrarán hechos y decepciones.

Parece indicar que Cuba necesita un nuevo mesianismo para dejar atrás la historia de la revolución y el postsocialismo. Que no se trate del mesianismo simplón de la «salvación», sino de la «mejora» y la «domesticación». A través de Alberto Lamar, quien optó por entronizar el Zaratustra de Nietzsche en el espíritu latino, Enrique José Varona, desencantado de la pedagogía positivista, propuso en sus aforismos tardíos publicados Con el eslabón una suerte de «neo social darwinismo latino». Este mesianismo de inspiración naturalista buscaba destacar abiertamente el factor biológico en la formación de la cultura.

De las variadas apreciaciones redentoras del apóstol, José Martí intentaba dos cosas: impedir la dislocación generacional, contrarrestar la nueva oleada tártara (abismo) para la isla y mantener para los cubanos la coherencia de la República soñada.

De ahí el título del libro escéptico de Enrique José Varona: Con el eslabón. Impedir a tiempo que un eslabón importante de la cadena generacional en el curso de la identidad cubana en la década de 1920 se resquebrajara por completo. Pasar de un protoconservadurismo a una cultura sexuada y libidinal.

Como se deducen de las anotaciones aforísticas de Varona en 1927, el eslabón de la continuidad identitaria corría el peligro de la desconexión. Varona veía llegar la discontinuidad respecto al conservadurismo político y cultural. Esta fisura tártara del historicismo cubano después de 1930   se mantiene en pie hasta nuestros días.

Lo que hoy deducimos bajo la sospecha eminente de la avanzada del comunismo, castrismos, según denotan las peleas y disputas ideológicas entre cubanos en las redes sociales, constituye la maniobra del resultado trágico del tartarismo de la «cultura cubiche» iniciada en 1930. Frente al abismo no queda otra alternativa que desdibujar el destino. 

El castrismo ha sido la finalidad per se.

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