Sardónico y el rostro

Por Sófocles

Mr. Sardónico, más conocido como «yerbita, diente picáo», no necesita un espejo, tampoco quiere mirarse en él. Dice que, de todos modos, cuando se mira en el espejo, únicamente le viene a la mente una frase: «Tenía que haber alguien con ese aspecto». Nada de autocomplacencia, pues, sino un acuerdo con uno mismo, simplemente se ve como se ve. Y cuando se le pregunta a Sardónico si le gusta lo que ve, si sigue habiendo un encuentro con el reflejo, el marañero de Playa Albina da una respuesta neutra y directa: «A veces sí, a veces no».

Pero este pragmatismo Sardónico del rostro no debe ocultar el hecho de que él también se ha ocupado «egolamente» del rostro y de su imagen especular. La «democratización del espejo», dice Sardónico, es decir, la difusión del espejo en la sociedad por debajo de la aristocracia, es uno de los grandes acontecimientos del siglo XXI ocultos en la historia de los medios de comunicación. Y efectivamente, el rostro, con y sin imagen en el espejo, ha sufrido una gran transformación social desde ya.

«Verte a ti mismo», Sardónico. Nunca antes en la historia de la humanidad nuestro propio rostro nos ha resultado tan cercano, tan íntimamente familiar, como en el presente. Antes el rostro era un destino dado por Dios y, por tanto, inmutable, hoy parece ser un campo de juego de diseño, a caballo entre la inflación de selfies, las innumerables tendencias de maquillaje, la cirugía plástica, las líneas de expresión y el ceño fruncido y, más recientemente, las discusiones sobre el rostro en época del coronavirus. La digitalización del rostro gracias al zoom, la media veladura gracias a la máscara negra.

La constante confrontación con el rostro (perfecto) lleva a los s a preguntarnos si nuestros antepasados no trataban sus rostros de forma más imparcial y poco neurótica. Es cierto que no se enfrentaban constantemente a sus rostros, pues quién podía hacerse un retrato de sí mismo y, como se ha dicho, casi nadie tenía tampoco un espejo.

Para llegar al fondo de la relación del hombre de hoy con su rostro, hay conversaciones esclarecedoras y divertidas con muchas personas diferentes. Sardónico ha prestado su rostro, dice: «Es difícil hablar de la propia cara, como ya muestran las escenas iniciales» fumando un yerbito; se le puso un espejo de mano y se le pidió que se mirara en él… y que hablara. Pero había algo que recorría la entrevista como un hilo rojo: «La descripción nunca se quedaba con la cara sardónica». Más bien, el propio rostro da la clave de la historia de la vida. El rostro como reflejo de la vida: puede sonar trillado, pero corresponde a la realidad.

«El rostro de Sardónico expresa su humanidad», una frase que resuena en relación con el periodo de la pandemia. Sardónico da la impresión de un «coronaface», cuando las enfermeras de Nueva York, completamente tapadas con su ropa de trabajo, prendían con alfileres fotos de sí mismas en sus batas para que los pacientes vieran que estaban tratando con un ser humano.

Durante la pandemia -hasta el día de hoy- la cara de Sardónico ha cambiado, también la parte del cuerpo con la que se muestra digitalmente por supuesto. El número de cirugías estéticas aumentó considerablemente. Por un lado, el rostro per se estaba omnipresente en todas las pantallas, por otro, la máscara podía a veces disimular una operación, al menos en lo que se refiere a la mitad inferior de la cara.

Con una operación, la cara puede cambiar, pero ¿cambia la persona en sí misma? ¿A través de una mayor confianza en sí mismo, tal vez? ¿O la persona sigue siendo como es, sólo que más satisfecha? Estas preguntas difícilmente pueden responderse con amplitud, pero las motivaciones de muchos pueden resumirse en las palabras de un diseñador de una moda, al cual acudía sardónico: «Nada es tan doloroso como la pérdida de la belleza».

Sardónico entiende que hay que arreglar la cara de vez en cuando, pero hay que cuestionar el ideal normativo de belleza. Estaba en   el hotel, y dijo: «Este hotel tiene 30 pisos, y en cada piso la misma mujer entraba visualmente en el ascensor».

No se puede negar la influencia de las redes sociales en este rostro uniforme casi perfecto. El ideal de belleza de los niños y jóvenes está determinado por Instagram y TikTok, el Photoshop y los filtros, dice Sardónico en un post escrito para el Herald de Miami. Y las últimas tendencias vienen de Corea del Sur, sobre todo en lo que se refiere a la llamada remodelación del rostro. Aquí también quieren parecer uniformes.

A pesar de toda la uniformidad, Sardónico quiere conservar su carácter personal; esto también lo confirman sus conversaciones furtivas. Es casi una paradoja, una lucha con el rostro sardónico. Pero en esta lucha también está el proceso de hacerse amigo de la propia apariencia. El satírico y YouTube Guayabito del Pinar cuenta que durante la pubertad no le gustaba nada su cara, era demasiado redonda, y el pañuelo en la cabeza le provocaba papada. Sin embargo, los años hicieron que su rostro fuera exactamente como lo había imaginado. Para sardónico también lo es: la madre también tenía ese aspecto. Y eso es exactamente lo que es la cara. Una continuación, un recuerdo de la familia.

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