Qué bien saben los sementales

Por Héctor A. Rodríguez

Corría el año 1933 cuando un entusiasta ganadero e inversionista, Ezra Baker, fomentó la introducción en Turiguano, Cuba, de la raza Santa Gertrudiz. Además, construyó un pequeño pueblo al estilo holandés para cincuenta familias que trabajarían en su rancho. En el King Ranch, en Texas, cuyo nombre proviene del apellido de su fundador, el Sr. Richard King, se creó el más famoso rancho norteamericano de su historia: el King Ranch. Aquí se desarrolló genéticamente la mencionada raza Santa Gertrudiz, así como la raza equina Quarter Horse, de origen Mustang salvaje, y las razas bovinas Santa Cruz y American Red.

En cuanto a caballos, dieron al más afamado de carrera, llamado Assault, ganador de la Triple Corona en más de una ocasión. La raza Santa Gertrudiz, nombrada así en honor a la hija de King, se obtuvo del cruce de la Shorthorn inglesa con la Brahman india, muy adecuada para el trópico húmedo y constituyendo la principal raza extendida en Australia, siendo la más importante en ese país tanto para consumo nacional como para exportación.

Lamentablemente, a diferencia de Australia, solo existen alrededor de 4000 animales de la raza Santa Gertrudiz en el rancho de Turiguano, lo que evidencia la mala gestión del sistema cubano en su expansión y en la ganadería de carne en ese país. Aquí, en Miami, se venden palomillas que, como son de Australia, las compro en Martínez y las recomiendo.

Sin embargo, este gusto aún no se lo puede dar el pueblo de Cuba. Han pasado 90 años desde su introducción en Cuba y no hay voluntad para expandirla y producir carne para el pueblo. Sucede algo similar con el Rancho Charolais de Jiguani, en el oriente cubano, fundado en 1900, donde solo disfrutan de su carne los líderes. Por último, los Aberdeen Angus, negro y rojos, se mantienen en las instalaciones del Rey de los Avestruces en las montañas de Pinares de Mayarí, a 650 metros de altura. El Rey afirma en televisión que un avestruz da más carne que una vaca, pero él consume la carne de aberdeens, transportada refrigerada a La Habana para la corte del Rey y sus acólitos.

Pero este relato termina con la historia contada por un ingeniero de la Empresa Genética de Carne de Camagüey, en 1972. Estaba en Camagüey cuando le pregunté por qué no se multiplicaba esa raza, y me dijo que el rancho había sido intervenido y nacionalizado por el gobierno revolucionario cubano, y pusieron a administrarlo a un rebelde traído del ejército de Oriente, que no sabía nada de ganado. Le habían comentado sobre un semental traído por los americanos; este semental era hijo de Monkey, el más famoso de la raza Santa Gertrudiz, obtenido en el King Ranch y reconocido en 1940 por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en la feria de ese año, como raza oficial genéticamente certificada.

Llegó el 26 de julio de 1959, y había que celebrar esa grandiosa fecha. Paniqueque, como apodaban al jefe rebelde (pues se iba todos los días a Morón a desayunar café con leche y panqueque, diciendo que era lo que comía en la sierra y le gustaba como desayuno), regresó de su viaje diario y ordenó al jefe de la cuadra de sementales, otro energúmeno llamado Gumersindo: «Hoy es 26 de julio y vamos a celebrarlo por todo lo alto. Vamos a hacer un festín para todo el pueblo y ya contraté una orquesta que viene esta noche a tocar. Mata al semental ese americano, hijo de Monkey, que tienes en la cuadra, y prepáralo en dos mitades para comérnoslo hoy asado».

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