¿Por qué en Cuba no hay leche? ¿A dónde fue a parar la promesa de Raúl?

Por Héctor A. Rodríguez, PhD.

Hoy les narro algunos de los problemas que afectan la producción de leche para los cubanos y lo hago narrando vivencias en las que participé. Me dieron a realizar un proyecto de recuperación de una finca de producción de leche de 4,000 hectáreas que estaba en bancarrota. Lo primero que se encontró fue que la finca era utilizada para enviar a los dirigentes administrativos que eran destituidos por mal desempeño en empresas anteriores. Luego supe que esa finca, antes de ser nacionalizada por la ley de reforma agraria de mayo de 1959, era utilizada para un fin productivo diferente. Por su topografía alomada, suelos pedregosos y un clima bien diferenciado lluvioso en primavera-verano y seco en otoño-invierno, no era lo más adecuado para un fin productivo como la producción de leche, que demanda pastos todo el año. Por otro lado, el ganado lechero Holstein que habían intentado desarrollar en Cuba consume mucho concentrado de cereales y granos, que Cuba no producía. Por último, preparar las tierras se dificultaba, pues comenzaba el período especial y no había combustible para los tractores.

Hasta aquí, relaté varios errores donde la estupidez presidió las decisiones, tales como el cambio del fin productivo, utilizar ganado Holstein y utilizar la finca para mandar a dirigentes sancionados.

La finca se llamaba Santa Inés y pertenecía a una familia de apellido Infante, con tradición en la ganadería de la Provincia Holguín. Preparé el proyecto después de analizar los índices que podrían mejorar. Hice una visita al antiguo mayoral de la finca, a quien habían permitido quedarse a vivir allí en su antigua casa. Luego de explicarle el proyecto por respeto a este campesino aventajado, le pedí su opinión, y cuál no sería su sorpresa al escuchar al mayordomo decirle: «Eso mismo que usted quiere hacer aquí fue lo que hizo el Sr. Infante».

Resulta que la escasez de combustible no permitía la preparación de tierras y se me ocurrió la idea de entregar tierras a los obreros de la finca interesados en participar del proyecto. Durante esos tres años, los campesinos podrían sembrar lo que ellos quisieran, como frijoles, maíz, yuca, y venderlo libremente, para luego sembrar los pastos de semillas de guinea (Panicum máximum), que era la hierba original de la finca, en un tercio de la tierra entregada el primer año, otro tercio el segundo año y el último tercio el tercer año. Así, al cuarto año, tendrían los pastos necesarios para la producción de leche. Además, podrían criar cerdos y aves de corral con los residuos de los cultivos y granos producidos, y también venderlos.

Terminado el proyecto, se presentó ante el pleno de la dirección del Ministerio de Agricultura de La Provincia Holguín, con todas las administraciones presentes. Todos escucharon con atención, pues muchos resultados podrían ser aplicados en sus empresas. Me alegraba así fuera y modestamente con mi trabajo ayudar a las demás empresas. Cuál no sería su sorpresa cuando planteo la autorización del Partido Comunista, para que autorizara el préstamo de tierra para preparar la misma, ante la ausencia de combustible. El delegado de Agricultura, la máxima autoridad allí, le dijo – tú estás loco y Uds. (refiriéndose a todos los que habíamos participado en el proyecto) son una pila de libres pensadores y allí terminó lo que la ciencia y la razón habían realizado para acabar con la improductividad y el mal funcionamiento de una empresa ganadera.

Resultó que unos 15 años después, el gobierno socialista comenzó la repartición de tierras para ponerlas a producir, ante su imposibilidad de hacerlo con empresas socialistas. ¿Y qué pasó? Los campesinos devolvieron sus tierras por la falta de apoyo del gobierno, la burocracia para administrar y poner a producir la tierra, y el exceso de controles sobre ellos.

Teniendo en cuenta, además, la reducción de la masa ganadera que expliqué en otro artículo aquí mismo, las vacas en producción en Cuba no superan las ochocientas mil cabezas que solo producen alrededor de 6 millones de litros diarios, por la falta de concentrados que Cuba no produce en sus tierras baldías, solo da para alimentar igual número de habitantes. Hay 5 millones que no se pueden tomar un vaso de leche.

De ahí que la orientación que dio el estulto segundo secretario del partido de que todo el mundo tenía derecho a tomarse un vaso de leche cuando quisiera se quedó solo en un deseo propagandístico. Mientras el ineficiente gobierno cubano no cambie al capitalismo como sistema de producción, dejando atrás el ineficiente sistema socialista empresarial, el pueblo de Cuba vivirá permanentemente bajo lo que Churchill denominó como la «distribución igualitaria de la miseria».

Nota: Terminando este artículo, salió la siguiente genuflexión del gobierno de Cuba. Cuba ha pedido ayuda de manera “urgente” al Programa Mundial de Alimentos (PMA), un organismo dependiente de Naciones Unidas, para que facilite el envío de leche a los menores de siete años.

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