¿Por qué debe ganar  Xóchitl la presidencia de México, 2024?

Por Antonio Ramos Zúñiga

Está claro que la presidencia de México debe ganarla el mejor candidato, el más digno del cargo, el de más sabiduría para con las rentas y el más ejemplar como representación de unidad nacional. Debe ganarla el candidato del realismo, no el de la propaganda. El candidato limpio, no el que arrastra máculas.

Antes de ganar las elecciones de 2018, Manuel López Obrador, alias AMLO, candidato de su partido “Morena”, se presentó como ideal mesiánico, el salvador, capaz de transformar a México, volverlo un país de bien. Eso no ocurrió, porque el postulado era una argucia de campaña, una droga populista. El llamado cambio que propugnó, la 4T, cuarta transformación, se volvió recambio, es decir, continuidad, reemplazo de aparato de poder corruptivo. Lo peor de todo es que la nueva perspectiva se deslizó hacia la transformación equivocada, en lugar de modernidad y perfeccionamiento estatal y democrático, se optó por el autoritarismo, la economía del capricho unipersonal, la división y la manipulación ideológica. Y no es con ideología o ego patriarcal como se cambia un país, sino con buen gobierno y claro enfoque pro nación.

México es hoy un país militarizado, con más narco, corrupción y problemas sociales, con millones de mexicanos acosados por la incertidumbre. Según los analistas, si el país no contara con el comercio bilateral con Estados Unidos y las remesas de los mexicanos que emigran al Norte, sería un caos. Por supuesto, la situación de México es el resultado de las senescencias políticas, la decadencia que produce la gobernanza del presidente advenido patrón, y no es así como se sale del hueco. López Obrador, a puro dedazo, ha elegido a una muy leal favorita, Claudia Sheinbaum Pardo, ex gobernadora de la ciudad de México entre 2018 y 2023, a quien Wikipedia presenta como política, científica y académica de 61 años. Política, claro que lo es. Científico es quien se dedica a la ciencia, no a la política. Política, al fin, escaló a las mayores comodidades materiales. Como alcaldesa, parece que no fue brillante, a juzgar por el dictamen de los medios de comunicación objetivos. No hablemos de corrupción, porque no es el sentido de este escrito. Claudia ha dicho que seguirá la 4T de López Obrador, insólito, propone la decadencia, la mentalidad regresiva, el México de la confrontación entre mexicanos, un México para ella y la sombra Amlo, no para los mexicanos, está respaldada por una bien orquestada y gigantesca campaña lisonjera busca votos.

En el lado opuesto, se destaca otra mujer, Xóchitl Gálvez Ruiz, de 60 años, mexicana que se enorgullece de su sangre otomí, un pueblo indígena de México. Mujer sencilla de pueblo, pero muy inteligente, economista y empresaria, que en 2018 se convirtió en senadora de la república. Fue directora de la Comisión nacional para el desarrollo de los pueblos indígenas. Interesante, como ingeniera, se especializó en robótica y edificios inteligentes, y acaba de ser avalada por la UNAM frente a los intentos de Morena para desacreditarla. No es ego mediático como Claudia, se vale de su palabra y de sus méritos, de su carisma sincero, lo más importante, que le ha atraído millones de seguidores, es que es una política limpia, sin un expediente de relaciones con el poder tradicional y la corrupción, nadie la puede relacionar con las mafias en el poder. Ojo, no es rica. Ojo, no es soberbia, ni totalitaria, no se va a enemistar con quienes la critiquen, sean obreros o periodistas. Tampoco apoya dictaduras en otros países.

Xóchitl es la candidata de un frente de partidos de izquierda, centro y derecha, “Frente Amplio por México”, algo posible en México, uno de ellos, el PRD, seguía a Amlo y se pasó a Xóchitl. Su visión para México no es demagógica ni partidista, es trascendental, no habla de transformar, sino de engrandecer el país, cambio verdadero, que deberá ser tan moderno en tecnología, educación y vida, como avanzado en el enfoque económico y social, el Estado al servicio de todos, no de las castas. Lo que propone es que el país no sea dirigido como un rancho o un sindicato, o como mal maneja Maduro a Venezuela, sino como la catedral de todos, el bien que debe cuidarse y administrarse con justicia, sin militarismo, sin subcultura, sin bajezas. Es contraria a la gestión engañosa de la economía de limosnas sociales para ganar votos, cree en la economía de volver un pobre en empresario mediante la educación y la ayuda mixta privada y estatal verificable. Nada de crear empleos falsos o provisionales. El dinero del tesoro de México no es de los políticos, es del pueblo, se debe invertir en cada mexicano que lo necesite y en el futuro, en un México grande y libre, sin “dictadura perfecta”. Es un mensaje de carácter y nobleza que México le está escuchando, no levanta el puño como Claudia, ella muestra su corazón y su capacidad para la dirigencia. Para quien la percibe y la conoce, sabe que Xóchitl habla con la verdad, no engañaría a nadie.

En resumen, Claudia Sheimbaun representa la negatividad para México, el retroceso, el morenismo disfuncional, el complot del poder, el caudillismo y del partido único, la demagogia que tanto daño le hace al país, con ella tendremos un México abandonado, donde podría generarse una dictadura indeseable aun más perfecta. Xóchitl Gálvez representa lo contrario, el cambio generacional, el avance, es la posibilidad de progresar sin corrupción, sin militarismo, de presidir con luces y crédito, es la oportunidad de sacar el país de la decadencia y de los malos gobiernos, de levantarlo como gran potencia. México necesita a Xóchitl, ella debe ganar. 

Antonio Ramos Zúñiga

Corresponsal Baja California

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