Poética de escribir

Por Simón Simón

¿Por qué perseveramos en las antiguas convenciones? ¿Cuál es la razón detrás de la naturaleza didáctica que adopta la escritura? ¿Por qué persiste en la escritura la rigidez ancestral del mentor? En un mundo donde el origen de esta modalidad escrita se encuentra en las sombrías estancias monásticas de Occidente, donde se erigió como una regla inmutable y una disciplina venerada, es frecuente caer en la trampa de considerar cualquier intento de innovación como algo falaz y carente de mérito.

Un tomo, cuyas páginas, hasta el momento, solo han desvelado sus secretos en alemán, bajo el título de «Zerbrecht die Krücken» (Rompan las muletas), ilustra de manera irrefutable el profundo influjo ejercido por las órdenes religiosas en la literatura germana. En paralelo, este influjo ha insinuado sus raíces en el propio idioma castellano. Así, forma parte de la evolución natural de la escritura, que ha evolucionado desde las sombrías celdas monásticas hasta una forma de instrucción accesible en escuelas, universidades y talleres de creación literaria, democratizando así el conocimiento.

La calidad artística de un escritor no se limita únicamente al repertorio de palabras que incorpora a su vocabulario, ni a la mejora de su estilo y la claridad en la expresión de ideas. Estos aspectos constituyen la primera etapa del desarrollo intelectual, a la que el escritor se enfrenta durante las fases iniciales de su práctica literaria. Sin embargo, el verdadero rendimiento artístico, que sirve como un indicador de excelencia, trasciende este nivel primario de habilidades y se adentra en un segundo nivel, caracterizado por la capacidad de asumir riesgos y desafíos acrobáticos en la escritura.

Este segundo nivel del rendimiento artístico surge como un excedente del intelecto del escritor, manifestándose en una exploración más profunda y atrevida. Aquí es donde el autor se enfrenta al desafío de tomar riesgos creativos y experimentar con formas literarias audaces. Es en esta etapa que cobra relevancia lo que podría llamarse la poética del ensayo, una concepción que abraza la noción de asumir riesgos y buscar la innovación en la creación literaria.

La poética del ensayo se funde con la idea de riesgo creativo y exploración en la escritura. Se trata de una actitud mental que desafía las convenciones establecidas y busca nuevas formas de expresión. Al igual que un acróbata que se lanza a realizar maniobras desafiantes, el escritor que abraza esta perspectiva se arriesga a romper barreras y explorar territorios literarios no explorados. En este enfoque, el proceso de escritura se convierte en un acto de creación audaz y valiente.

En resumen, el progreso artístico de un escritor no se reduce únicamente al perfeccionamiento técnico de las herramientas lingüísticas y la presentación de ideas. Estas habilidades constituyen la base necesaria pero no suficiente para alcanzar el nivel más elevado de excelencia literaria. El auténtico rendimiento artístico se manifiesta cuando el intelecto del escritor se aventura en el territorio del riesgo y la creatividad audaz, desafiando las normas convencionales y abriendo nuevas posibilidades de expresión. Es en esta segunda etapa que la poética del ensayo cobra vida, reflejando la disposición del escritor para abrazar lo desconocido y superar los límites establecidos.

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