Playa Albina

Por Indeseado Quebrado

Lorenzo García Vega escribió en Cuaderno del Bag Boy:

«Ya solo se está en una Playa Albina. En Playa Albina, después de quitarse el delantal del bag boy, después de haber perdido el Norte y el Sur, y también después de haber perdido todo sentido de la realidad, uno ingenuamente puede dedicarse a hacer pueriles juegos con los textos que ha leído. Uno, aunque a veces sin sentido de la realidad, puede ponerse a jugar con los textos ocultistas. O sea, el Proceso es así: se llega de un supermercado, se quita uno el delantal del bag boy y echado en la cama para así transmutar el calor de 90 grados que ha recibido en un parqueo, se vuelve uno hacia el juego de un texto ocultista que sirve como ayuda en eso de que el cuerpo vaya licuando, perdiendo, ese calor que ha ido acumulando en un parqueo. ¿Me pueden entender? ¿No me estoy volviendo ininteligible? Pregunto esto porque a veces, en una Playa Albina, puede uno, con los años, irse convirtiendo en fabricante de textos autistas».

No siempre es así, señor escritor. Solos, pero juntos. ¿Has perdido la iluminación? ¿Hacia dónde vas? El autista debe regresar al mercado borracho con una botella de whisky en mano. ¡La vida posee una afirmación!

 Playa Albina no es de naturaleza reactiva, sino que debe entenderse como afirmación del lugar de extensión en el lugar creativo. Lo vemos en el núcleo de la vida democrática, el reclutamiento de ciudadanos por su ciudad para la realización de misiones públicas, lo que, desde el regreso de las ciudades al final de la Edad Media europea, llama y motiva a los habitantes de la ciudad a participar en la comunidad, en el campo de fuerza local, en el que se descubren los más capaces para defender sus propios intereses de un golpe de los Cittadini, los citoyens y la Bürger, los ciudadanos, es decir, vectores de intereses comunes y animaciones desbordantes.

El campo de fuerza de Playa Albina no es político porque circularía en él efectos colectivos; por el contrario, la política sería solo la emanación de la agitación y la perfidia Albinera. Es político en la medida en que la comunidad, la ciudad (quizás también el grupo de ciudades), resultarían logros de la voluntad, encarnada en sus instalaciones, para resolver misiones identificadas a través de la divergencia, expresadas entre opiniones y pasiones y para presentar las soluciones encontradas en una auditoría. Melville nos recordaría que dentro de toda ballena albina habría espacio de epifanía para cualquier emigrante.

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