Por Arturo de Córdova
De un «parlanchín narcisista» se puede esperar cualquier cosa. El director del zoológico describe en el Informe para la Academia como Peter, el mono capturado en África y llevado a Europa con fines de entretenimiento, no acataba ninguna de las leyes del zoo humano. Se resistía vivir en el zoológico. Se burlaba de los visitantes, imitabas sus manías, en fin, nadie quería visitar al mono en la jaula de convivencia. Un mono pedante, hablador, chismoso, inverosímil e irrespetuoso.
Un hecho que abominó la moral de las perspectivas del zoológico fue como los trabajadores tuvieron que observar estupefactos al «sujeto parlanchín» abandonar astutamente el lugar de sus fechorías. Contento, saludable, el informe del zoológico fue minuciosamente analizado por los académicos de la ciudad y expuestos a rajatabla contra las irregularidades de los hechos que acusaban al momo.
Al cabo de unos días, la Academia deliberó y dictaminó que no procedían las pruebas para condenar a Peter al ostracismo, puesto que la naturaleza biológica de Peter es y será siempre parlanchina, burlesca, imitadora. Entonces el mono fue absuelto sin cargo mayor que enviarlo y recluirlo a trabajar en un circo itinerante para entretener al pueblo. Y el pueblo aplaudió y aplaudió sus fechorías…
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