Para una posible crónica dominguera

Por Rogelio García

Ah, el ilustre Hegel y su sofisticado lenguaje. En su magnánima obra Lecciones de estética, nos deleita con la genialidad de llamar a una situación fuera de lo común en la vida diaria como un «domingo de la vida». Porque, claro, ¿qué mejor manera de describir lo inusual que compararlo con ese glorioso día de descanso?

El domingo, según el Hegel no dialéctico, ese que se aventura en la mística de la época, resulta ser un mero espectador de la «belleza», como si contemplarla fuera la versión intelectual de echarse en el sofá y ver una maratón de reality shows. El arte, según él, debe darle un respiro a nuestras mentes agotadas. ¡Oh, la noble tarea del arte, protector del agotamiento mental!

Pero, como siempre, los tiempos cambian. Nuestros actuales domingos se transforman en estaciones de vacaciones, en esos días domingueros donde la única contemplación profunda es decidir qué serie ver en el siguiente maratón de streaming. Porque, al fin y al cabo, pensar es también una forma de celebrar.

Así que, en honor a tan elevadas reflexiones filosóficas, ¡brindemos con una suave cerveza fría! ¡Que la sabiduría fluya con cada sorbo y que el descanso epistémico sea tan refrescante como una buena birra helada en un día dominguero de pensamientos triviales! ¡Salud, oh sabios bebedores de conocimiento!

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