Palabras inaugurales de la sexta «Convención de la Cubanidad»

Damas y Caballeros

«El topo –es decir, el espacio— parece algo importante y difícil de captar»

Aristóteles/ Física IV

Los marineros fueron los primeros en captar el espíritu de la cubanidad. A través de sus travesías costeras a principios del siglo XIX mediante el cabotaje, estos navegantes descubrieron los puntos neurálgicos de la Cuba profunda. Fueron ellos quienes trazaron una visión detallada de la imagen de la isla y comenzaron a desarrollar un discurso coloquial sobre los orígenes de la nacionalidad. Los diarios de viaje son testigos reveladores de este proceso, mostrando cómo se fue construyendo una imagen completa del espacio cubano, basada en la conexión entre «naturaleza, espíritu, economía y comercio».

En su obra La conquista del espacio cubano, Juan Pérez de la Riva, un autor que aún no ha recibido la atención que merece, explora la historia de la ocupación de diferentes espacios de la isla por estructuras culturales basadas en un modelo socioeconómico. Las plantaciones, las haciendas y las pequeñas propiedades contribuyeron a la creación de narrativas diversas según el modo de ocupación, en concordancia con los modelos culturales de formación de la identidad nacional.

Si todo lo que conocemos hoy sobre la formación de la nacionalidad es resultado del problema de la positividad, gracias a la narrativa del modelo historicista, depende en gran medida de las siguientes preguntas: ¿quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos como individuos y como colectividad en términos culturales? La necesidad de priorizar lo anecdótico, los datos y el análisis material de los hechos, así como de adoptar una teoría funcionalista de la cultura que no ignora el espacio, es el resultado de estas preguntas surgidas de la cosmología, la teología y la metafísica.

El concepto de espacio deja de ser meramente narrativo cuando cambiamos nuestro enfoque y nos preguntamos: ¿dónde nos encontramos cuando vivimos en el mundo? La transculturación, el proceso de intercambio cultural, y su funcionalidad histórica también poseen una dinámica espacial propia, que hasta ahora no se había reconocido como un lugar habitado por seres humanos que se transforma en otra localidad, región o comarca.

Renée Clémentine ha escrito un texto titulado Ampliación del archipiélago cubano por los exiliados: de Cuba a Florida, donde expone cómo la historia se traslada a un nuevo espacio:

«(…) el dinamismo intrínseco y la dinámica fundacional centrífuga del archipiélago caribeño (…) facilitaron la conexión entre Cuba, que ya era un archipiélago en sí mismo, y la península de Florida, así como los vínculos históricos y económicos privilegiados entre Estados Unidos y el archipiélago cubano, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, y posteriormente, el constante exilio de los cubanos hacia este espacio, muy similar al suyo en la época revolucionaria, no hizo más que fortalecer el proceso de expansión del mundo cubano hasta la península de Florida, que está geográficamente cerca».

Es notable la carga histórica de los postulados en esta cita, donde el espacio se concibe como receptor, como si la península de Florida fuera una extensión elástica de una porción histórica de Cuba. Las cosas se complican más adelante en el texto, cuando se aborda la apropiación de la lejanía como una vía de escape de los espacios limitados de Cuba, en forma de «inquietud alojada en el núcleo vital del cubano». Esto sugiere la tesis de que el espacio fuera de Cuba no se considera un lugar de cercanía, sino una apertura peligrosa para una psicología narrativa de estancamiento.

Si hemos creado espacios que se asemejan a las atmósferas espaciales del archipiélago, es porque nos estamos enfocando en contenidos inmunológicos en lugar de psico-sociales, que son dominantes en las narrativas de los exiliados. El sentimiento de inquietud está vinculado al historicismo y a la ligereza, pero también es bueno observar el aspecto narrativo de las arquitecturas habitables para existir en el mundo. Por lo tanto, la cubanidad también contempla tanto la lejanía como la cercanía mediante la construcción del espacio. Ser cercano: es la naturaleza de una forma de vida en un espacio que se traduce en inmunidad cultural.

Sin esta perspectiva narrativa y esclarecedora, la vida en el exilio y la diáspora carecen de una teoría espacial. ¿Nuestra intimidad se ha transformado según el espacio? ¿Qué significa vivir dentro de un espacio distante de la isla? ¿Por qué nos alejamos de la cercanía que se genera en la otredad? El sentido común de la cubanidad, a menudo cuestionado por un referéndum narrativo positivista, también estaría reservado para una transculturación del espacio: al movernos de un lugar a otro, transportamos el espacio creado (la espiritualidad de la cultura). Aquí es relevante lo que Gaston Bachelard dice acerca de la poética del espacio y la fenomenología de la circularidad: das Dasein ist rund. (el ser-en-el-mundo es circular)

Lo más relevante de cualquier evento cultural radica en la circularidad.

En otras palabras, esencial de la cultura se manifiesta en el campo de las definiciones inmuno-culturales-nacionales y no en el ámbito de lo universal. Como quedó demostrado claramente en el debate del Gran Panel de la Primera Convención de la Cubanidad, dos fuerzas en acción rivalizaron en torno a los supuestos ontológicos y definibles de la cubanidad. Una tendencia que buscó preservar la identidad cultural cubana como un fenómeno concreto, mientras que la otra intentó, a través de la globalización, encontrar un lugar para la modernización universal que fuese común a todas las identidades nacionales en la Tierra.

Pero cada gente que participa en la Convención de la Cubanidad entrar ineludiblemente en una cercanía compartida. En una forma de construir espacio a través de costumbres y formas de vida regulares conservada por hábitos consuetudinarios. En la Convención, el espacio habitado por ustedes hoy aquí se convierte en un contenedor, en un envase donde los individuos (microespacios) interactúan a partir de una narrativa común, compartiendo mundo e imaginario identitario común.

¿Qué ocurrirá con la nación como comunidad cultural y lingüística y con su papel como portadora de la ficción de parentesco y afinidad? ¿Qué pasa con la nación como comunidad de trabajo, lucha y destino? ¿Siguen siendo válidas las definiciones obsoletas de nacionalidad basadas en lenguas, procreación y ocupaciones? En la sociedad posmoderna, la inversión económica ha superado la inversión biológica y simbólica en importancia, lo que ha llevado a un cambio en las condiciones de inversión y a la desaparición de la base económica doméstica de las naciones. Las sociedades modernas viven en formas posbiológicas de fundación del tiempo y procesos no lingüísticos de producción de expectativas, lo que ha llevado a la desaparición de la ilusión de la gran familia y del futuro común desde la perspectiva de los hijos y descendientes.

La idea central va más allá de la interrelación e intercambio de ideas y costumbres; se trata de la creación de ambientes poéticos a través de invitaciones, donde las habitaciones se impregnan del espíritu y la voluntad de existir.

Los participantes en la Convención de hoy son ahora pequeños espacios del ser, contenedores que surgieron de una narrativa compartida, de la invención de un discurso literario: la cubanidad. Fuera de este contenedor general, los cubanos regresamos inevitablemente al mundo interior del capital, a la era de la postcubanidad, a las afueras de la literatura. No tengo nada más que agregar en relación a este tema.

Damas y caballeros

La Sexta Convención no tarda en fusionarse con la cubanidad, con la ficción literaria y con la retórica del discurso en busca de una forma de existencia para el cuidado cultural: la de un existencialismo hogareño en la circularidad. Siguiendo el principio de la circularidad, de ida y regreso, José Martí recorría a cada paso por las calles de Estados Unidos, desde su hogar hasta el mercado, y luego por los campos de Cuba, desde el campamento hasta el monte:

Les agradezco la atención

¡Muchas gracias!

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