Otro malquerido bien cubano: la ganadería

Por Héctor A. Rodríguez, PhD

Hace unos días hablé del malquerido bien que ha sido la tierra para los gobernantes cubanos. Hoy sigo con otro bien malquerido: la ganadería en Cuba. Muchos hablan aquí en el exilio de que en Cuba había una vaca por habitante al triunfo del terrorismo en Cuba, pero nadie explica a ciencia cierta qué ha pasado, ¿por qué bajó a ese nivel nuestra masa ganadera? ¿Es esa la ocupación de vuestro tiempo a mi lectura, en el día de hoy?

El error más significativo del gobierno socialista cubano, que causó mayor daño a la economía ganadera del país, fue la reducción de la masa ganadera debido a la ineficiencia productiva de la inseminación artificial y el mal manejo del flujo zootécnico. En la primera mitad de la década de los sesenta, Cuba implementó un programa de inseminación artificial. Enviaron técnicos a Checoslovaquia, entre ellos mi profesor de Reproducción en la Universidad de La Habana, el Dr. Leyva, un destacado profesor, para aprender y luego establecer el sistema cubano de inseminación artificial.

Para su implementación, se establecieron varios laboratorios o centros de inseminación territorial en diversas provincias, se formaron escuelas para técnicos en inseminación artificial, y se adquirieron reconocidos sementales y vacas de raza Holstein en Canadá y Europa. Algunos ejemplares costaron hasta 20 mil dólares. Un ejemplo notable fue Rosafe Signet, un famoso semental Holstein que se utilizó durante tres años. Se compraron miles de motocicletas con sidecar para transportar al técnico y el termo con semen.

El principal problema era que las vacas entran en celo por 36 horas. Si no se inseminan durante ese periodo, pierden el celo y hay que esperar al mes siguiente para intentar la gestación nuevamente. La eficacia era solo del cuarenta por ciento, cuando lo normal es de setenta a noventa por ciento, y el 10% restante se realizaba con sementales en el potrero. Los técnicos trabajaban solo durante la semana, y si las vacas entraban en celo el fin de semana, nadie lo detectaba, lo que contribuyó a la ineficiencia del programa. En países de economía de mercado, la gestación es del 90 % o más.

En resumen, ya no existen los centros de inseminación artificial en Cuba, y se han reutilizado para otros fines, marcando el fin de la considerable inversión en esta técnica y otras proporcionadas por la FAO, como los centros de trasplante de embriones, que también están cerrados.

El análisis profundo del problema de la masa ganadera en Cuba muestra que al inicio del socialismo había una vaca por habitante, es decir, seis millones. Veintiocho años después, en 1988, esta cifra disminuyó a cuatro millones novecientos mil, de los cuales el setenta y cinco por ciento estaba en manos del estado y el veinticinco por ciento restante en manos de pequeños productores. Esto demuestra que la producción privada es más eficiente y productiva. Teóricamente, la administración establecía sacrificar anualmente entre el 20-25% de la masa de hembras adultas, reemplazándolas con novillas.

Esto permitiría mantener vacas en producción entre 7 y 8 años de edad, la etapa más productiva. Sin embargo, esto no se cumplía, y las vacas tenían entre 10 y 15 años de edad o más. Esto sucedía debido al descontrol en la matanza de animales jóvenes y a la necesidad política de vender 115 gramos de carne semanal por persona en la isla (230 gramos en La Habana) por la libreta de racionamiento. Había que cumplirlo a toda costa; esta decisión política no permitía una decisión técnica.

La relación de sacrificio entre vacas y novillas para mantener una edad reproductiva eficiente es de 5 a 1. En Alemania, donde aprendió que aplican un reemplazo de 7 a 1, tienen el índice más alto de producción de leche del mundo por habitante. Entre 1986 y 1988, Cuba sacrificaba dos vacas y una novilla, por lo que el 30% de la carne provenía de novillas que no iban a la reproducción. Esto, sumado al mal manejo de la salud en los rebaños y a otros factores, explica parte del desastre con la masa ganadera cubana. El estudio reveló que no existía dominio técnico en las decisiones. Si se quería crecer, solo se podía lograr con altos niveles de natalidad y no manteniendo animales viejos, infértiles e improductivos.

Esto también sucedía con el ganado dedicado a la producción de carne. Con el cambio genético hacia el Holstein, los machos lecheros deben sacrificarse no más de 350 kg de peso vivo. Mantenerlos en cebaderos para que alcancen más peso es en detrimento de la alimentación de otros animales, ya que la eficiencia es baja, es decir, los Kg de carne que se obtienen por kg de alimento consumido es muy bajo en estos animales. Mantienen miles de animales viejos consumiendo alimentos importados, como girasol y maíz, que por su edad y desarrollo no generaban ganancias y obstruían el flujo zootécnico.

En resumen, mientras países como Uruguay alcanzan 3.3 cabezas de ganado vacuno por habitante, Paraguay 1.88, Argentina 1.77, Cuba solo llega a 0.49, la mitad de lo que tenía al inicio del socialismo. El ejemplo mejor es Brasil con 1.14 de cabezas por persona y ha trabajado genéticamente con el ganado Brahman línea Nelore haciendo cruces absorbentes y selección natural, logrando una ganadería de doble propósito con vacas que dan 20 litros por día y los machos se ceban en solo 20 meses alcanzando 500 kg de peso vivo. Como dije, Cuba dirigida por un estulto, cruzó Brahama con Holstein y se perdió todo lo invertido y al contrario de Cuba, redujo la masa, Brasil la aumenta 4% anual. La estulticia antes que la razón.

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