«La cultura ornamental»

Una frase satírica de Karl Kraus en el libro Contra los periodistas y otros contras no me deja dormir. Dice así: «La cultura y el arte sólo pueden progresar gracias a una oposición radical ante el emporcamiento ornamental»

¿Por qué somos inauténticos en el uso real de las cosas? ¿Por qué el lenguaje y la gramática llevan casi siempre el ornamento para emporcar la realidad? ¿Por qué ir creyendo que el uso de las cosas constituye la forma de la cultura, forma que dan origen a los objetos? ¿Por qué sufrimos del positivismo’ cuando en la gramática, el lenguaje, privilegiamos el ‘funcionamiento’ de las cosas y no la ‘forma’?

Si es creíble un ascenso en la cultura a partir de un descenso en las formas elementales, supongo que, de llevarse a cabo estas reducciones, surgiría ante sí una elite de artistas e intelectuales que vivirían agrupados bajo el reglamento de una orden. Jamás, después de ‘Orígenes’, ningún ‘grupo cultural’ en Cuba alcanzó desembalsarse de un tipo de emporcarmiento ornamental.

Lograr un estilo contrario al predominio de las relaciones emporcadas, la tradición cultural necesita, según Kraus, una forma sencilla en el uso de las cosas a través de una ruptura cultural avalada en una determinada regla y gramática según el funcionamiento de acuerdo a las cosas.

Kraus escribe: «en el ámbito del lenguaje he de mostrar que hay una diferencia entre una urna y un orinal y que solo en esa diferencia encuentra la cultura su esfera de acción. Pero los positivistas comienzan a subdividirse en aquellos que utilizan la urna como orinal y los que utilizan el orinal como urna».

La imagen o metáfora de la urna y el orinal se mueve  con especial positivismo en los grupos culturales, independizados de la cultura oficial totalitaria, como si no hubiese surgido allí alguna reforma o contra revolución cultural.

Puede ser una imagen de una persona

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