Narración vs. información

Por Sparatacus

En lugar de la narración, nos enfrentamos a un «tsunami de información» en la sociedad actual. La información se acumula de manera «aditiva y acumulativa», careciendo de sentido por sí misma, mientras que la narración es lo que transporta el significado. El sentido, en su esencia, implica dirección y orientación, y lamentablemente, a pesar de estar bien informados en la actualidad, nos encontramos desorientados.

Heidegger también expone la pérdida de empatía en la era del smartphone como una señal evidente de su carencia como medio narrativo. La disposición técnica del smartphone dificulta contar historias, ya que simplemente favorece el intercambio acelerado de información. La verdadera narración requiere de escucha y profunda atención, una comunidad de oyentes que estamos perdiendo progresivamente.

Es esencial reconocer los potenciales de alienación, centrándonos menos en los efectos positivos de las nuevas tecnologías. Aunque es cierto que los nuevos medios pueden ser dominantes y captar nuestra atención de forma obsesiva, también abren la puerta a nuevas formas de publicidad y posibles colaboraciones, lo cual es valioso.

En este sentido, no solo existe el gesto de deslizar como una acción casi obscena de deshacerse, sino también el «estiramiento de fotos» realizado con el pulgar y el índice, que puede ser útil para detectar rastros de tristeza o descontento en el rostro de un amigo durante una conversación. Estos signos faciales pueden actuar como «puntadas» que llamen la atención de los amigos, conmocionándolos y animándolos a llamarlos o incluso a visitarlos para consolarlos, lo que representa un avance positivo en la habilidad de leer rostros.

No obstante, el mundo digital también ha dado lugar a un nuevo régimen y forma de dominación: el régimen de la información, que nos somete a través de los me gusta y las comparticiones. En este nuevo mundo, lo extraño, lo diferente y lo completamente otro se encuentran desterrados. Se ha creado un infierno neoliberal de uniformidad, donde paradójicamente se invoca la autenticidad y la creatividad.

El individuo se ha convertido en el Yo cuantificado, un número transparente y sin secretos, inmerso en un mundo desencantado y desprovisto de aura, lo cual se debe a la informatización de nuestra existencia, donde la transparencia es la nueva fórmula de desencantamiento.

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