Movilización, compromiso y aventura olímpica

Por Manuel Sternovich

Si te lo propones, es fácil comprender en qué consiste el  espíritu moderno de los últimos 120 años. El responsable del espíritu movilizador y del compromiso en la vida es Pierre de Coubertin, creador de los nuevos y modernos juegos olímpicos en el siglo XIX.  Si hoy vivimos en la invisible sociedad de la movilización globalizada (donde el comportamiento humano se distingue por el esfuerzo, la competitividad y la forma de organización en asociaciones científicas, religiosas, políticas, sociales, económicas, deportivas y culturales, más allá de las tareas laborales) la culpa es del neo-atletismo de 1896.

Lo que esperaba que fuese, una religión del músculo, una ética del espíritu  de la celebración, la idea de la olimpiada moderna de Coubertin se transfiguró por sí misma en trampolín para fomentar en el siglo XX el espíritu de la actual sociedad articulada a partir de la movilización y la agrupación de masas.

Sería ingenuo no darse cuenta de ello. Joyce relata en Ulises la impronta del deporte y la movilización en el éxito del hombre del  espíritu aventurero. Si la desmaterialización de la movilización deportiva ha sido provocada por la «revolución digital» hoy en día, aquella no deja de ser, «per se«, una movilización también. Pues, lo que une a Coubertin con Bill Gate sigue siendo el sentido sobre la realidad evocada en aquella frase tan lejana como presente de: Citius, Altius, Fortius.

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