«Nosotros somos Fidel» (el sujeto colectivo temporalizado en Cuba)

Por: Galán Madruga

Desde 1959, en Cuba se ha vivido constantemente el fenómeno de las masas, el poder y la temporalización colectiva. El país ha funcionado como un laboratorio para experimentar con la historia colectiva. Diversas agrupaciones y organizaciones de masas, así como marchas y desfiles multitudinarios, han llenado los estadios en eventos deportivos, festivales culturales y sociales.

Un ejemplo reciente fue el desfile del movimiento gay en las calles de La Habana con el lema «Soy Fidel». Sin embargo, todas las teorías e ideas que intentan explicar estos fenómenos colectivistas en la Cuba totalitaria parecen fallar frente a una interpretación positivista de una historia aparente.

Elías Canetti, en su obra Masa y poder, observó fenómenos similares de masas en Europa desde diferentes perspectivas y enfoques «onto-culturales», profundizando más allá de las simples descripciones de la mentalidad y subjetividad colectiva. Canetti, al igual que su predecesor Heidegger, sostiene que la temporalidad colectiva, como historia del ser, no es generada por la psicología, sino que revela que las masas experimentan un estado existencial de dispersión generalizada.

El tiempo existencial que experimentan las masas es un tiempo en el que no ocurre nada, en el cual los individuos son incapaces de conmoverse y sienten insatisfacción al participar en movilizaciones, pero son susceptibles de ser persuadidos por el tiempo colectivo.

 La manipulación del tiempo colectivo en las masas y tumultos constituye el nosotros temporalizado al que nadie puede evitar o eludir, a menos que tome como preludio el mensaje del personaje del agujero del subsuelo en la obra de Dostoievski.

Sin entrar en más detalles y explicaciones sobre las formulaciones de Canetti, propongo que la esencia de la política revolucionaria, el socialismo y el castrismo actual en Cuba radica en manipular la historia y la temporalización colectiva del ser cubano para posponer el fin de la historia.

Se busca satisfacer al colectivo disperso con una temporalidad existencial diferente, que los saque del aburrimiento y los conmueva con nuevas tareas heroicas e históricas. Aunque esto suene enigmático y misterioso, la deriva y decadencia de la historia en Cuba apuntan cada vez más hacia el cuidado del colectivo desde el propio colectivo. Cumplir los deseos del disperso colectivo mediante una existencia temporal que los aleje del aburrimiento y los impulse hacia nuevas tareas heroicas e históricas. Aunque suene misterioso y enigmático, la deriva y decadencia de la historia en Cuba están llevando cada vez más hacia el cuidado del colectivo desde el propio colectivo.

Sin embargo, dado que el colectivo en Cuba es la esencia latente, existe insatisfacción por la temporalidad del ser en medio de una historia que transcurre sin emoción ni vitalidad. Observo, sin escepticismo ni arrogancia, que la Cuba actual es un país donde se repudia colectivamente la temporalidad del hombre del subsuelo, cuya meta es desenmascarar las revoluciones sociales como fines de la historia. Frente a esta posible infinitud de satisfacciones colectivas, ha surgido un esfuerzo narrativo por parte de un escritor exiliado, con una mirada penetrante y negativa, que pretende llamar la atención sobre el peligro en Playa Albina.

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