Óôéãìéüôõðï áðü ôï 9ï Athens Pride óôçí ðëáôåßá Êëáõèìþíïò ôï ÓÜââáôï 8 Éïõíßïõ 2013. Ðñüêåéôáé ãéá ìéá åêäÞëùóç ãéá ôá äéêáéþìáôá ôùí ËÏÁÄ (ëåóâéáêþí, ïìïöõëüöéëùí, áìöéóåîïõáëéêþí êáé äéáöõëéêþí) áôüìùí ðïõ äéïñãáíþíåôáé åðß äÝêá ÷ñüíéá óôç ÷þñá ìáò, áëëÜ ðïõ óôá õðüëïéðá êñÜôç ôçò Åõñþðçò êáé ôéò ÇÐÁ ìåôñÜåé äåêáåôßåò. Ôç óôÞñéîÞ ôïõò óôï 9ï Athens Pride åîÝöñáóáí ìå áíáêïéíþóåéò ôïõò ï ÓÕÑÉÆÁ, ôï ÐÁÓÏÊ, ç ÄÇÌÁÑ êáé ç ÄñÜóç. Ôï Athens Pride 2013 Ý÷åé êáôáñôßóåé Ýíáí ìáêñý êáôÜëïãï ìå áéôÞìáôá ãéá ôç íïìéêÞ êáôï÷ýñùóç âáóéêþí äéêáéùìÜôùí üóïí áöïñÜ óôïí óåîïõáëéêü ðñïóáíáôïëéóìü êáé ôçí ôáõôüôçôá öýëïõ -êÜôé ðïõ ïöåßëåé íá ðáñÝ÷åé óå üëá ôá ìÝëç ôçò êÜèå äçìïêñáôéêÞ êïéíùíßá. (EUROKINISSI/ÔÁÔÉÁÍÁ ÌÐÏËÁÑÇ)

Marxismo Cultural: el sujeto ‘revolucionario’ de la nueva izquierda

Por Pedro Díaz Méndez

El marxismo en el siglo XXI está más vivo que nunca. El muro de Berlín se derrumbó. La Unión Soviética desapareció. Pero a pesar de todo, las ideas del marxismo clásico continúan alimentando la intelectualidad de la izquierda internacional contemporánea. Una izquierda que se autodenomina postmarxista y que practica algo a lo que nosotros llamamos “marxismo cultural.”

Carlos Marx tenía una clara cosmovisión de la historia. Para el filósofo alemán la historia del hombre era la historia de la lucha de clases. La postrera lucha iba a ser protagonizada entre la clase obrera y la burguesía. La clase obrera iba a derrocar a la burguesía, implantar el comunismo en todas las naciones de la tierra, y eliminar las clases sociales en lo que vendría a ser el feliz final de la historia, el paraíso comunista.

La teoría social de Marx presenta una estructura compuesta por dos niveles. En el primer nivel Marx ubicaba lo que tenía que ver con la economía, las relaciones de producción, y las fuerzas productivas fundamentalmente. En el segundo piso de la estructura Marx situaba el resto de los elementos, es decir, la filosofía, la religión, el derecho, la moral, la cultura, etc. Del esquema estructural surgía una teoría: para hacer estallar esta estructura había que reventar el primer nivel, porque si reventaban el segundo, el primero se mantenía intacto. Entonces, luchar a un nivel cultural, para el marxismo clásico era luchar contra un espectro, contra algo imaginario o fantástico.

El modelo del marxismo clásico mostró rápidamente su impracticabilidad una vez que se llevó de la mano a la realidad empírica. Por un lado, la revolución marxista no llegó a un país industrializado tal como el Reino Unido, Holanda, Francia, o los Estados Unidos. Esto es, no llegó a las sociedades del capitalismo industrial avanzado, sino a la Rusia feudal. Por otro, los obreros en los países capitalistas empezaban a experimentar condiciones de vida cada vez mejores. Ya no se trataba de los mismos trabajadores de los cuales Marx hablaba en sus tiempos. Ya no eran aquellos quienes no tenían más nada que perder que sus cadenas. La clase obrera de la primera y segunda mitad del siglo XX tenía mucho que perder: su casa, su automóvil, su televisor, sus vacaciones, etc. Esta clase obrera estaba más preocupada por vivir bien que por cambiar el mundo.

Consecuentemente, los teóricos del marxismo se vieron obligados a repensar los postulados fundamentales de la teoría marxista. Podemos citar, por ejemplo, el caso de Antonio Gramsci, quien comenzó a darle una mayor importancia a la cultura, empezó a disertar sobre el papel de los intelectuales en la configuración de la hegemonía.

Asimismo, surgió la escuela de Frankfurt, la cual vinculó la teoría psicoanalítica de Freud para explicar no ya “la explotación del hombre por el hombre o del capital”, sino la opresión cultural y, finalmente, surge la idea de que la clase obrera no es ya el sujeto revolucionario llamado a derrocar el capitalismo y el viejo orden, sino nuevos sujetos revolucionarios tales como las feministas, los ecologistas, los defensores de la teoría de género, los indigenistas, los afroamericanitas, etc. Todas las personas que se dedican a esas pseudo especialidades son intelectuales. El resultado de estos movimientos teóricos es sencillo: hoy tenemos una nueva izquierda, un marxismo cultural que no habla de revoluciones armadas, sino de revoluciones graduales y de luchas «pasivas». Un marxismo que no habla de lucha de clases, sino de luchas culturales. No intenta expropiar los medios de producción, sino la cosmovisión y la libertad intelectual del hombre.

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