Los Zurdos, la intelectualidad cubana y la tribu contra exilio

Por Antonio Ramos Zúñiga

Estaba escrito en las profecías de Nostradamus, que en el año 1959, un grupo de mediocres le hará un homenaje al dios Moloch, entregándole Cuba a la momia de Lenin.

(Paráfrasis por Lezama Lima, La otra Cuba).

Intelectual, como etimología, suena engañoso. La lección de la cultura prueba que el intelecto no siempre tiene elocuencia culta, ni trascendencia, ni lógica, ni racionalidad. El hecho de que cientos de pensantes y miméticos, sobre todo en la clase política, se parezcan a Fausto, al lobo estepario o a Sade, no los hace intelectuales, ni siquiera intelectualoides, ni intelectivos. Intelectual, palabra sacra, pertenece de lleno a la génesis griega, luego romanizada, reciclada desde el gran Julio César, más tarde banalizada y convertida en inteligenstia, donde se dice fulguran las Doce Tablas del saber, más los elíxires de Hoffmann, sin que falten los “relámpagos” de Tesla y la poesía diletante de Einstein, más su violín (hoy lo más posmoderno). ¡Cómo se divertiría Lezama Lima-Cemí-Fronesis, con el amigo Dalí, mosca en boca, con eso de las nomenclaturas posverdaderas-posmundanas del postmodernismo postcomunista posfuturista!

       En Cuba, en mis tiempos, al escritor soplatubos, con un buen puesto en el gobierno  llamado “revolucionario” se le decía uneaco o uniacoide, si mal no recuerdo, palabrita relacionada con la Unión de Escritores. En cambio, al “desviado” que escribía por su cuenta y no estaba “integrado”, se le llamaba gusano diversionista ideológico. “Déjate de mariconadas intelectuales”, me espetaba mi tío comunista, economista él, cuando yo le contaba mi descubrimiento de las epifanías de Joyce. Este tío, con un alto IQ, no era culto, a lo más que llegaba era al mini pensamiento dogmático draconiano y la levitación utópica.

       Resumiendo. Lo intelectual esencial, con sublimidad o con aguarrás mediocre, funciona así en todas las latitudes y subterráneos del mundo, si no pregúntenle a Shakespeare, a Kafka, a Dostoievski, al autor de “La conjura de los Necios”, a Wilde, a Balzac, a Chéjov, pregunten al “vientre de la ballena”, a “Los Miserables”, a Cristo, a José Martí, etc. Hay un sinfín de batallas mentales escritas, con antinomias que parecen culebras de Hidra. En Cuba, lo intelectual oficialista, ya sabemos lo que es: logos desublimado, pathos hipercrónico, o servilismo, militancia oportunista, también rebeldía en la cueva del alma, soledad de la barbacoa, filosofía de la balsa, mirada al norte, el exilio como alternativa. Mil y una noches eternas de manicomio comunista han llenado de guasones el ambiente.

Zurdo, el concepto pavo real

Zurdo, que equivale a mano izquierda, es como definía el gran poeta cubano Lezama Lima a ciertos personajes de la estratigrafía cultural y política cubana. Parece que el vocablo lo tomó de los conceptos de Martí sobre el tipo de funcionario que se aprovecha de la política para escalar al renombre y el dinero. Escribió el artículo Los zurdos, que creo no pasó de las galeras, pero existe copia en la Biblioteca Nacional. (1) La misma ruta conceptual está presente en algunos escritos de Jorge Mañach y de refilón en casi toda la literatura cubana, a nivel conceptual, pues la palabra no se usa para denostar, sino para calificar y advertir, puede darse lógicamente para el menoscabo político.

      Un zurdo, para Lezama, era lo mismo un burócrata aprovechado que un plumífero de salón (escritor paje hedónico), también se aplica al acomplejado envidioso, al chicharrón o tarugo del departamento cultural y la academia, que solo aspira a tener influencia y luego pavonearse, con aire de hombre superior. Este tipo de personaje, como parte de la tipicidad cubensis desde la colonia, es uno de los ejemplares que más se reproducen en el zoo cubano, sobre todo desde la llegada del comunismo. El quid es que ser zurdo, como modo de vida, da gratificaciones, medallitas, estética y dejas de ser un don nadie sin tener que sudar la gota gorda. Luego viene la revolución y te encumbran al palomar de Marx o al Ministerio de la Verdad.

       Se detectaban en las peñas y tertulias cubanas, tengo recuerdos de la Universidad, de la cafetería del Carmelo, de la Brigada Hermanos Saíz y de las reuniones en casa de fulano o mengano de “arriba” o famoso, y de las relaciones que me tocó vivir, más arriba todavía. En tales peñas convergían tres tipos de personas: los que no estaban en nada (no culturales); los zurdos (intelectuales orgánicos, con ínfulas de pavo real) y los no-zurdos del montón, con pretensiones intelectuales, incluyendo a los diletantes, como yo, aprendiz del diablo, zoquete adorador de las biografías de Stefan Sweig, de los poetas que le gustaban a mi madre y de la Espasa Calpe, más tarde leí a Ravines. Vale decir que a las tertulias acudían también intelectuales intrínsecos, es decir, creadores y pensadores auténticos, nada que ver con el pavo real, estos en algún momento desaparecieron de la escena, fueron a parar a la cárcel o al exilio. Algunos pasaron tormentos: Heberto Padilla, Reinaldo Arenas.

       Algunos zurdos, por supuesto, si les iba mal, dejaban el camino de Yenán por el camino del jamón del “Norte revuelto y brutal”, y ya en el exilio la mayoría siguió la carrera de zurdo, es decir, lucharon por escalar, con mañas y sin sudor, les gusta ser blogueros, también pasaron a llenar las filas del partido de los zurdos liberales estadounidenses, el Partido Demócrata, y desde luego, años después algunos regresaron a Cuba, como titulares de la Comunidad Cubana en el Exterior, con caritas de “hombre de éxito”, como mulas de paquetes o como espías en plan de retiro. Esto sucedía cuando ya Lezama había muerto, después de ser defenestrado por los hijos de Saturno, y después de las razzias castristas-estalinistas-nazis contra los intelectuales, homosexuales, prostitutas y hippies cubanos, de “conducta impropia”. Eran tiempos malos, Inferno, Gulap insular, muerte de Narciso. Los soviéticos, aplaudidos por Fidel, habían invadido a Checoslovaquia. Estaba por darse la gran polémica universal: Sartre versus Camus, que al final ganó Camus. Sartre era estalinista hasta los huesos más podridos de su existencia. Camus, en cambio, creí en la libertad.

Una mirada al  Inferno  y sus culpables

La llegada de miles de cubanos al exilio en diferentes generaciones migratorias, desde 1959, no solo plantó una “séptima provincia” cubana en tierra extraña, también creó una mentalidad de regreso a la tierra prometida y de rebeldía sempiterna anticastrista. Retornar se fue volviendo trauma, a medida que el castrismo echaba raíces, no como revolución, sino como totalitarismo. Esta palabra maldita es fruto de la mayor componenda ideológica que jamás ha sufrido otro pueblo latinoamericano. Una vida desgarrada entre mala economía y dictadura solo puede asociarse al triunfo de la ingeniería social leninista, modelo que sigue funcionando gracias al apoyo de la izquierda liberal y del remanente comunista en el mundo.

       Lo anterior no parece conmover a la izquierda internacional. Hay muchos intereses internacionales (negocios) en la isla; y en las entrañas del pueblo, carente de información, la rebeldía se traduce en queja, no en reclamo frontal. Unos pocos, que se han levantado expresando la necesidad de cambio, siguen en la cárcel. A los disidentes “pacíficos” se les amenaza o deporta. No es la libertad, sino huir, abandonar el Mal País, lo preferente. La libertad, aunque se desea, se desconoce como cultura de vida, ya pasan de sesenta y tres años de dictadura militar absoluta y desnaturalización.

      Este contexto es conocido por los liberales norteamericanos y por la izquierda internacional, que no hacen nada por influir, ni siquiera para cambiar un poco la realidad atroz que ellos mismos han apañado por años. La finalidad es propiciar una posible reforma futura, sin liquidar el estatus castrista. Por eso, cuando se le aprietan las tuercas al régimen, la izquierda sale en su apoyo, culpando ridículamente al bloqueo (embargo estadounidense). Cuando se constatan las reacciones geopolíticas, está claro que lo que interesa al capitalismo actual no es la libertad de Cuba, sino adueñarse de Cuba y convertirla en una factoría del negocio selectivo, como propugna el globalismo político, tolerando dictaduras. Pero no solo la izquierda extranjera trata favorecerse con la situación cubana, también la rama de la izquierda cubana procastrista y neocastrista, que aunque habitan el exilio y algunos se la dan de exiliados, son en realidad una corporación caballito de Troya o quintacolumna que trata de socavar todo el tiempo al exilio político auténtico.

El exilio zurdo, neo Castro y Trimalción

Los zurdos, en Cuba y donde estén, mirándose la lindura en el espejo o buscando la verdad en Marx, alguna vez, hacia 1936-1940, se inspiraron en aquel Hitler socialista, amigo de Stalin. Finalmente, con Castro en el poder, descubrieron que la ascensión de la Nueva Era jacobina daría una oportunidad a Eros, a Trimalción, al banquete lunático, al paraíso prometido, con Epicuro de cónsul universal de la utopía neomarxista.

       Los zurdos, no todos, pero sí los más zurdos de todos, se adscribieron a los extraños goces serviles del comunismo desde 1917, y aunque surgieron alternativas de izquierda democrática que le malearon el juego extremista, algunos creyeron que los gloriosos tanques rusos llegarían algún día a las puertas de la Casa Blanca. Los zurdos estadounidenses, es decir, la izquierda liberal pro marxista y también pro Castro, más que los europeos y que los comunistas rusos, han sido los más grandes enemigos de Estados Unidos, hoy en día se autodesignan liberales o socialistas, otra forma de amañar sus imposturas.

        En cuanto al exilio cubano, lo que más se nota en los zurdos cubanos, incluyendo los nuevos que llegan, es que prefieren las políticas del partido zurdo estadounidense, que tomar el rumbo del anticastrismo funcional del exilio tradicional o exilio histórico. Clara toma de partido por Castro y por las políticas que favorecen al régimen. Desde luego, las posiciones de izquierda en el exilio, a veces no se presentan en toda su sordidez, algunos prefieren, digamos los más cautos, los más dados al oportunismo, el arte del tapiñado, la máscara sutil, la simulación y la doblez, y de esta forma  llegan a escurrirse hasta altos niveles, incluyendo los medios de comunicación y la educación (como aconsejaba Gramsci). Esta doblez y falsedad y el hecho de que carezcan de principios, es de las conductas más dañinas, porque uno tiene al enemigo adentro. El exilio cubano ha sido víctima de estos personajes, que para darse crédito, suelen definirse como liberales, y a veces se les ve actuar como anticastristas comecandela. Tengo muchos ejemplos que podrán conocer en mi próximo libro, en el que pongo a los grandes rebeldes, Nietzsche y Camus, a Platón desde la cueva y a la historia desclasificada, a denunciar a los mamertos, paladines y otros susodichos de la nueva especie falsa liberal y neocastrista.

       Las obsesivas compulsivas costumbres de la tradición zurda cubana desde 1925, de los años 40, el adoctrinamiento  castrista (1959-2023), la mentalidad de hijito de papá, de hombrecito nuevo con psique castrista y narcisismo y el afán de empresariado oportunista a cualquier precio, son parte de la genética de la especie realista socialista, el nuevo hombre del exilio, que con falsa mascarilla de metáfísica glamorosa, nos ha invadido. Han llegado y siguen llegando a vivir la dulce vida, manipulando el anticastrismo como la chambelona, lo cual no es nada serio. Cuando un exiliado lo toma en serio, hay una adherencia de amistad y ética, se unen al movimiento, se da conocer como hombre cabal, respetan la historia. Lo que distingue a un zurdo de un libertario es que para este la libertad de Cuba es objetivo máximo, ética movilizada, no un medio para robar cámara o para recibir donaciones del gobierno y luego crear piñas y estados de conciencia neocastristas, como lo hace el zurdo orgánico del típico establisment de baratijas.

       Una clave fundamental, el intríngulis. La división que existe hoy en el exilio parte precisamente del designio procastrista que asumen los zurdos y liberales, tratando de desacreditar al exilio histórico y de marginar a los exiliados alternativos y a las inteligencias capaces. Con la división el que gana es Castro. Una experiencia que no se olvida es como las huestes zurdas del exilio, quitándose la máscara, se unieron a la santa alianza radical y comunista que planeó la guerra contra Trump con el fin de instalar la maquinaria liberal de izquierda, que hoy mal gobierna, para relax y provecho del castrismo y de China. Daba asco ver que algunos que parecían hombres, en verdad eran pacotilleros de baja monta, personas shit, les decía Hemingway, entes retrógrados, falsos.

       Cuando se habla de división hay que remontarse a Madrid, 1997. En algún momento Jorge Más Canosa y otros líderes habrían podido sentar un precedente, pero el resultado fue el rechazo de Carlos Alberto Montaner y de otros de la rama liberal europea, a quienes no le convenía la unidad.(2) También se ha planteado el diálogo con el régimen, otra vez Montaner.(3) Esto habría pasado como la natural incoherencia de la mala política de exiliados sin visión, pero en la guerra contra Trump descubrimos que la división es parte de la gestión procastrista dirigida por la izquierda liberal y los perfiles altos del gobierno de Estados Unidos, algunos mencionan a la CIA. ¿Cómo es posible que quieras la libertad de Cuba y votes por quien va a beneficiar al régimen? De todos modos, la propaganda anti Trump de Montaner, erigido en paladín hispano de la campaña y de los zurdos del cubaneo izquierdoso y neocastrista del anti exilio, entre ellos Cubaencuentro, no evitó que los anticastristas verdaderos votaran por Trump, aunque les cayera mal, y que Trump ganara La Florida, sin trampas. Los hispanos en Estados Unidos votaron por él.  Está claro, que aquellos que buscaban la victoria de Biden-Obama, el comunismo internacional, los castristas, chavistas, izquierdistas, China, el partido comunista en Cuba, la izquierda liberal mundial, etc. esperaban algo, el banquete de las posiciones y las donaciones, la continuación de la agenda globalista aristomundialista, la salvación de Cuba comunista y de otros dictadores favorecidos, todos de izquierda. Fue una victoria de Lenin, del Partido comunista chino, de Fidel Castro, de la izquierda estadounidense, y en cierto modo de la tribu de zurdos anti exilio. Una victoria grosera y temporal, claro está.

Notas

(1) Fueron notas inéditas hasta que se publicaron en la revista de la biblioteca, número 2, mayo-agosto 1988.

(2) Comunicado de Montaner: “Montaner, exilado en Madrid y líder de la Unión Liberal Cubana, explicó en una carta dirigida al presidente Alberto Recarte, que se marchaba por sus diferencias con Mas Canosa, cuya Fundación Nacional Cubano Americana somete a constantes ataques e insultos a aquellos que como él defienden para Cuba una transición negociada con el régimen castrista.” Este en el comunicado de Mas Canosa: “A la renuncia de Montaner siguió, inmediatamente, la de Mas Canosa. Éste señaló, en otra carta, que no quería con su presencia trasladar a la fundación sus diferencias con otros miembros del exilio: «Es la hora de cerrar filas contra la dictadura castrista y no la de abrir agujeros en las filas de la oposición»  Link: https://www.cubanet.org/htdocs/CNews/y97/jun97/20o6.htm.

(3) Tiempo atrás, creí que el señor Montaner, por su carisma y personalidad comunicativa, podía ser iluminador de un camino para Cuba, no la voz ni el presidente de Cuba libre, por supuesto. Radio Martí circulaba sus mensajes, que en la isla no gustaban a la disidencia auténtica. Pero seguí creyendo que el exilio debía innovar con alternativas (no diálogos), aunque Castro se burlara de ellas o las aceptara solo para manipular. El dictador lo que hizo fue crear su disidencia mediática, que lo favorecía con mensajes de reconciliación (la hormiga exigiendo libertad al dragón de mil cabezas, como en la fábula). Montaner evolucionó a posturas que se acercaban a las líneas del poder en Estados Unidos, anticastrismo liberal de izquierda o de élite, divisionista, que fue la bandera que utilizó en la campaña contra Trump, este tipo de posición es lo que prefiere y supervisa el gobierno comunista en la isla. No quiere decir que Montaner se haya vuelto castrista, parece que no lo es, pero se torció, tal vez por eso es la voz de muchos zurdos y neocastristas, sobre todo en Miami. Por suerte su audiencia es minoritaria. La audiencia de Mas Canosa llenaba campos de fútbol, la de Montaner las oficinitas de Viajes a Cuba y Mulas, Inc.   

Nota bene

Este artículo recoge algunos de los enfoques de mi próximo libro, en el que además de las referencias, presentaremos documentos de archivo, fotos, citas, datos biográficos, memorias de la CIA, etc. No revelo el título para evitar la censura.

ARZ

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