Los sucesos de 1933

Por Ariel Pérez Lazo

Hace unos quince años el periodista de la prensa oficialista cubana Ciro Bianchi Ross mencionaba un hecho poco recordado, salvo por algunos historiadores cubanos inquietos ,en Cuba y el extranjero: se trata de los trágicos sucesos del Hotel Nacional, acaecidos en octubre de 1933.

No voy a repetir aquí lo que ya el artículo aparecido en la página Lectura del diario cubano Juventud Rebelde publicara.  Para intentar responder esa pregunta habría que retroceder a la matanza de oficiales cubanos ocurrida el 2 de octubre de 1933 en La Habana. Como bien expone Bianchi Ross, ese día al menos doce oficiales cubanos fueron abatidos por los soldados del entonces recién nombrado coronel Fulgencio Batista. Pocos días antes este era un simple sargento y ya en esta fecha setenta oficiales cubanos fueron asesinados, una vez que fueron capturados y desarmados por los soldados golpistas.

Como es conocido, tras la renuncia de Machado el 12 de agosto de 1933 por un golpe de estado dirigido entre otros por Julio Sanguily; la presidencia fue ocupada poco después por Carlos Manuel de Céspedes en espera de las tan ansiadas elecciones libres que no se efectuaban desde 1924.

Es entonces que un nuevo golpe de estado encabezado, entre otros, por el sargento Batista toma el poder; estableciendo una alianza, con el apoyo de estudiantes y profesores de la Universidad de La Habana, con el Directorio Revolucionario, aquel que estuviera ajeno a la mediación ofrecida por el embajador Summer Welles.

Pero Batista deseaba adueñarse del poder, lo que consigue de hecho en 1934 tras el golpe contra Grau en enero de ese año y formalmente en 1940. Para esto era necesario acabar con los viejos cuadros del ejército cubano, que se nutrió de los viejos jefes militares de la independencia y fuera formado en 1909 por la segunda intervención norteamericana. [1]

El ejército suele significar una garantía para la conservación del régimen establecido, pero he aquí que Batista, un soldado pobre y mestizo[2] elimina parte importante de los cuadros militares que representaban a la vieja aristocracia cubana y los sustituye por adictos a su persona. El ejército deja de ser el reservorio de valores de una clase dominante para ser un ejército caudillista, que está en función de servir a un hombre en el poder, Batista.

Batista, pese a ser derrotado en las elecciones de 1944 que fueron las primeras elecciones realmente libres desde 1924 (pues no se pueden considerar como tales las de 1928, 1936 y 1940) por Ramón Grau, mantiene el control del ejército, lo cuál explica el golpe casi incruento de marzo de 1952.

Batista marcha al exilio al ocurrir el cambio de gobierno y regresa a Cuba en 1948. Mientras, Grau designó un nuevo jefe del ejército, pero el corazón de aquellos oficiales nombrados por Batista pertenecía a este caudillo. De ahí que sea tan fácil la toma del poder en el golpe de 1952. Una señora que ha vivido un largo exilio en Miami me lo confirmaba unos años atrás, cuando un miembro de su familia, oficial del Ejército Nacional, al conocer del golpe de estado del 10 de marzo llegó a exclamar: “Ahora puedo morir en paz”.

La ausencia de un adecuado control del ejército por parte de la burguesía -categoría usada por Marx pero no por eso inconveniente de usar en determinados contextos históricos-podría explicar parte importante de los vaivenes políticos experimentados por Cuba en todo el siglo XX. Es evidente que este factor ha sido subestimado en los escasos análisis históricos sobre este tema sobre el cual no está dicho la última palabra.


[1] Los detalles del proceso de formación del ejército cubano aparecen en disímiles fuentes como el clásico de Hugh Thomas: Cuba: la lucha por la libertad. (1971). Antes de 1909 este consistía en la Guardia Rural cuyo primer jefe fue Alejandro Rodríguez.

[2] El hecho del mestizaje de Batista no debe ser obviado teniendo en cuenta que el ejército anterior al golpe del 4 de septiembre había tomado parte en la represión de los Independientes de Color en 1912 así como otros aspectos de la cultura cubana de la época aún ligada al discurso hispanista de la colonia tardía.

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