Los márgenes en los libros

Llevas toda la vida leyendo libros y seguro que estás convencido/a de que los márgenes de las páginas son para poner bien los dedos y no tapar ‘la mancha’ de texto con tus pezuñas.

Pues no, el margen, ese espacio sin letras, habitualmente del color del papel, de los libros tiene unas cuantas funciones:

—Evitar que partes del texto se pierdan en el momento de cortar el papel.
—Dejar una superficie sin texto para la manipulación de la página.
—Ocultar posibles imprecisiones en la tirada.
—Evitar que la encuadernación obstruya la lectura.

Los márgenes crean sensación de comodidad y pertenencia, los márgenes de los libros no son puestos o determinados caprichosamente, aunque en publicaciones donde predomina la creatividad pueden ser invadidos y modificados.

Los márgenes en un libro siempre son cuatro (si te encuentras un libro con menos o más de cuatros márgenes es posible que te vendieran una tostadora o un búcaro con flores pero no un libro), a saber:

—Superior (o blanco de cabeza)
—Inferior (o blanco de pie o falda)
—Exterior (o blanco de corte)
—Interior (o blanco de lomo o medianil)

Menudo rollo… pero, vamos al toro.

¿Qué hay que tener en cuenta al poner un margen?

Algunos dicen que:
—El género literario de la obra o su fin práctico.
—El estilo compositivo o corriente estética en la que se inscribe la publicación.
—El tamaño del libro y, por ende, de las páginas.
—La fuente tipográfica usada para los textos y su cuerpo (o sea, el tamaño de la letra).
—El ancho de línea o caja y su relación con la cantidad de caracteres por línea (esto lo explico en el último párrafo).
—El alto de caja y su relación con la cantidad de líneas/interlineado.

Por ahí vais a ver un montón de maneras de calcular los márgenes (adjunto una imagen con la Regla de Oro, que actualmente casi nadie utiliza). Lo importante es entender que los márgenes de un libro están intrínsecamente relacionados con la caja de composición. Esta caja o mancha de texto está contenida por los márgenes, a los que, a su vez, define.

Con respecto a la cantidad de caracteres por línea que os comentaba en un paréntesis allí arriba, así a modo de ejemplo, seguramente alguna vez os pasa que leéis dos veces la misma línea en un libro… eso es porque está mal hecho, o sea hecho con el culo; las manchas de texto no deben sobrepasar los 70 caracteres por líneas (si quieres llevarlo al extremo, lo apuras hasta 80)… es por eso que cuando un libro es muy grande, es decir su formato pasa de lo habitual, el pobre desgraciado que hace el diseño editorial recurre a las columnas… así que apunta: ¡columnas!, que por cierto tampoco es recomendable que tengan menos de 30 caracteres… por si no lo sabías, los programas de maquetación y los procesadores de textos tienen herramientas para contar los caracteres, ya haremos un artículo sobre eso porque cuando le preguntas a alguien por el tamaño de un libro, casi siempre te dicen las palabras que tienen, y no los caracteres que es lo que importa: no es lo mismo un ‘de’ que ‘esternocleidomastoideo’; ambas son palabras pero una tiene dos caracteres y la otra cojocientos. Ahora vas y haces un bello poema con todo eso; y me cuentas que tienes una Editorial, que eres Editor/a y que convierte la luz en clorofila.


Nota:
1. Las imágenes de este post son del ‘blog’ de © María Eguaras
2. Esternocleidomastoideo es «un músculo largo y bilateral del cuello cuya función es la flexión anterior y lateral del mismo, así como también su rotación contralateral».

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