Los animales menores que nunca fueron mayores

Por Héctor A. Rodríguez, PhD.

 En los currículos de Universidades agropecuarias existe una rama llamada animales menores para su estudio. Estos incluyen conejos, ovinos, cerdos, pollos. Hablar en Cuba de animales menores  como el porcino y avícola, no alcanzaron nunca los niveles que el pueblo necesitaba. A diferencia de la ganadería vacuna, estas empresas recibían más recursos debido a las características de su crianza en naves y el tipo de alimentación a base de concentrados. La  inversión inicial en ambos sectores se basó en experiencias de otros países. Las razas porcinas se trajeron de Canadá, basando los cruces de Landrace, Duroc Jersey, Yorkshire y, en menor medida, Berkshire, asegurando productividad, rendimiento y resistencia a enfermedades. Las gallinas leghorn vinieron de Hungría.  A pesar de años de bonanza al inicio del desarrollo de estas producciones, no escaparon a la epidemia de fiebre porcina africana en 1970 en La Habana. La carne porcina nunca se vendió libremente, y los cubanos, después del socialismo, nunca pudieron disfrutar

plenamente de esta carne, especialmente en Nochebuena. El robo de animales y pienso era una práctica común en las granjas, utilizada por los obreros para sus propios animales o para la venta en el mercado negro. Los estudiantes que realizaban tesis o pasantías en las granjas informaban cómo

se llevaba a cabo este robo. Por ejemplo, en granjas con cerdas que parían entre 9 y 12 animales por parto, solamente se reportaban 10 o 11 nacidos y dos fallecidos, mientras que los no reportados se mantenían en la granja hasta el destete, para luego ser llevados a las casas de los obreros.

En granjas reproductoras con 40 cerdas, que parían tres veces al año, se perdían aproximadamente 240 animales anualmente. Considerando unas 150 granjas a nivel nacional, la pérdida ascendía alrededor de 36,000 animales al año, lo que equivalía a una reducción de 3,240 toneladas de carne, representando un

2% de la producción nacional. Este esquema involucraba a obreros, técnicos y veterinarios, sin incluir el robo de pienso, ni en la cadena productiva de mataderos, plantas chacineras, embutidos, frigoríficos y comedores obreros.

Si a ello le sumamos acontecimientos acaecidos comenzando el periodo especial y de los cuales el autor participo ayudan a comprender mejor la triste realidad a que esta sometido el pueblo cubano.

Corría el año 1990, el dictador había comprado en España una fábrica de alimentos hacía 15 años. ¿Qué economía en el mundo se da el lujo de comprar una fábrica para almacenarla? ¿Qué dueño de empresa hace eso? La fábrica estaba almacenada en un puerto del norte de Holguín, donde yo vivía.

Preferían comprar cereales en el extranjero. Me llamaron para que hiciera el proyecto de la fábrica, pues el periodo especial arreciaba y no había comida para los animales. Sabía perfectamente que era viable, pues el cultivo de la caña se hacía con un cuarenta por ciento del área con riego y había un tiempo entre el corte de las primeras cañas al inicio de la zafra en noviembre y su siembra en marzo, que permitía un cultivo de granos de 120 días. Podía ser maíz, sorgo, soya, girasol. Luego se cosechaba y dejaba la tierra lista para la siembra de nuevas cañas. En Cuba, esto se hacía con alrededor del 20 por ciento de las áreas cañeras, anualmente, pues la mecanización del corte acortaba la vida útil de las mismas, representando unas cuatrocientas mil hectáreas que se podían utilizar para producir granos.

Cuál no sería su sorpresa cuando le explicó al delegado del Ministerio de Agricultura de Holguín, el Sr. Castillo, su propuesta para la producción de granos para la fábrica que le habían asignado construir..¿Estás loco?», le dijo. «¿Me estás pidiendo que elimine los viajes al extranjero de mis amigos a

cargo de la compra de granos del Ministerio de Agricultura, que dejen de viajar a Canadá, Brasil, Argentina, Ucrania y China para comprar granos? No, olvídate de eso.»

Esta respuesta es una de las más inverosímiles y estúpidas que jamás esperó del hombre que tenía bajo su responsabilidad la alimentación del diez por ciento de la población cubana. Así, en la actualidad, Cuba continúa sin producir granos para sus fábricas, prefiriendo comprar pollos en Estados Unidos que producirlo ellos mismos, otro ejemplo de estupidez administrativa. Después de construida la fábrica, visite Cuba 20 años después. Fue a ver a mi madre que envejecía y enfermaba. La carretera del aeropuerto era paso obligado por frente a la fábrica. Para su sorpresa, la fábrica estaba cerrada. Así es como se dirige la economía cubana, con estulticia y política antes de la razón.

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