Latinidad versus hispanidad. Dicotomía inútil frente a misión necesaria

Por Carlos Manuel Estefanía

«¿Es Quebec Latinoamérica?»[i]  material audiovisual realizado por Santiago Armesilla[ii], resulta, en mi opinión, el mejor de los que he visto abordando críticamente el tema de la «latinoamericanidad». Se trata de una serie de videos en redes sociales, que pretenden tener una vocación «hispanicista»(neologismo de creación propia con el que refiero a quienes abogan por la reunificación de los pueblos hispanohablantes), donde generalmente se critica el empleo de la palabra «Latinoamérica»[iii]. Esto, usualmente, se hace de manera visceral y con pocos argumentos. Sin embargo, no es lo que ocurre en el caso de Armesilla. Él casi llega a justificar a quienes abogan, al menos en ciertos contextos, por; “América Latina”.

 Aquí, la etimología del concepto está bien estudiada. El discurso del investigador español nos adentra de manera didáctica y convincente en la historia y motivación política del término en cuestión[iv]. Esto arroja la luz que necesita un debate serio. También se diferencia de manera pertinente el significado de palabras afines como Hispanoamérica o Iberoamérica, evitando así la injustificada indistinción de aquellas en su uso cotidiano.

No obstante, opino que, a pesar de la pragmática que envuelve la denominación que nos ocupa, así como el origen y la instrumentalización de esta, no se debería excluir a los francófonos americanos de entre los referentes en el mundo real que tiene lo «latinoamericano». Tal inclusión es algo con lo que el académico e influyente español no está de acuerdo. Otra cosa sería desconocer la peculiaridad inevitable que representa el hecho de que los francoparlantes de Quebec[v] o Luisiana[vi] estén sometidos a poderes angloparlantes. El asunto nos resulta aún más complicado si estudiamos la vida del gestor del proyecto latinoamericanista: Napoleón III[vii]. Era el menor de los tres hijos que tuvo el rey de Holanda, Luis Bonaparte[viii] con Hortensia Beauharnais[ix], y por tanto sobrino del máximo responsable de la gran debacle hispanoamericana de principios del siglo XIX; Napoleón I[x]. En el caso del inquieto sobrino Bonaparte, estamos hablando de un hombre de espada y pluma; un aristócrata que intenta reconstruir el Imperio Frances y que antes de imperialista había sido conspirador antimonárquico, “demócrata burgués”, socialistóide[xi] -lo cual no lo libra de la acérrima crítica de su tocayo Carlos Marx[xii] y por consecuencia de su seguidor Santiago Armesilla- refugiado y por tanto protegido en la “pérfida Albión” y, por si fuera poco, uno de los contados monarcas europeos que harán una parte de su vida en el Nuevo Mundo. Dato poco divulgado de la vida de este Napoleón es que, después de ser condenado por su participación en una de sus intentonas de golpe de estado, el 20 de agosto de 1836, se le deporta a América del Sur. Así, el 16 de septiembre de ese mismo año, llega este Napoleón en la fragata “La Belle” a la ciudad de Bahía, Brasil; por aquella época uno de los países sudamericanos más anglófilos. El paso de varios meses en Brasil le permite vivenciar in situ el grado de latinidad que tiene esta parte de la tierra.  Partirá a los Estados Unidos en enero de 1837. Allí vivirá principalmente en Nueva York y Filadelfia (las mismas ciudades donde estuvo exiliado su tío José Bonaparte[xiii]. Fueron varios años, los que tuvo el futuro emperador para conocer y contrastar las diferencias entre la América que sus ideólogos llamarán latina y la que hoy nadie tiene inconvenientes en llamar anglosajona.

Es cierto que la Francia de mediados del siglo XIX quería ocupar el espacio cultural construido por España allende el mar y de paso unificarlo con su propia herencia allí[xiv]. Pero esto no se hacía a costa ni en contra de lo poco que quedaba del viejo imperio español. Se trataba de llenar un vacío. Algo que se facilitó, en primer lugar, con el abandono de cualquier pretensión restauradora en la zona por parte de la corona española, salvo excepciones puntuales como la guerra hispano-sudamericana de 1864 – 1866[xv] y la breve ocupación de Santo Domingo[xvi] . Reconquista solicitada por los propios dominicanos que coincide exactamente con los años de la guerra civil estadounidense (1961-1865). Una conflagración que Napoleón III quiso pacificar, estando a punto de reconocer la independencia de los sureños, identificados de alguna manera el bando conservador mexicano[xvii].

No es de extrañar que una vez derrotados muchos de los combatientes sudistas se pasaran al ejército del emperador Maximiliano de Habsburgo al que Francia había apoyado[xviii]. En contraparte, el 6 de diciembre de 1865 el gobierno norteño de Estados Unidos, el vencedor en la contienda interna desconocía al gobierno de Maximiliano con el argumento de su alianza con el gobierno francés, el cual, al invadir México, habría atacado a “un gobierno republicano profundamente simpático a E.U.A.[xix]”. Así quedaba en claro para la historia la simpatía que los norteños sentían por los Juaristas.

Aquella renuncia quizás no fuera una acción voluntaria en tanto aquella nación, la española. Para los tiempos de Napoleón tercero[xx], España llevaba años secuestrada por los espadones liberales y las asociaciones secretas al servicio de Inglaterra. Los mismos actores que abandonaron a los mexicanos tradicionalistas y, por tanto, más cercanos a sus raíces hispánicas, que se enfrentaban a los liberales locales liderados por Juárez[xxi] y respaldados por los yanquis[xxii] y la masonería inglesa.

El intento de Francia de hegemonizar a los pueblos católicos americanos (habían sido los católicos franceses la principal base popular de Napoleón III), al margen de sus intereses económicos y geopolíticos innegables, fue más bien un esfuerzo relativamente legítimo de rescate, no importa que se realizara naturalmente en beneficio de la nación gala. A falta de una opción mejor, como podría haber sido la restauración de las Españas, de haber triunfado el proyecto francés, aquello habría significado una mejora para los entonces atomizados y enfrentados entre sí hablantes de lenguas romances que vivían en el lado occidental del Atlántico. Por lo menos frente al proceso continuado hasta nuestros días de seguir entregando a potencias protestantes la riqueza generada por el extenso territorio físico-cultural que ocupaban los pueblos «latinizados» en las tres Américas.

Paradójicamente, otro personaje que terminó entregado a los anglosajones fue el propio Napoleón Bonaparte, quien fue exiliado (por no decir deportado) a Inglaterra, donde será vigilado “amistosamente” por la propia Reyna Victoria, la cual estuvo a punto de traérselo a su palacio. Moriría en Chislehurst el 9 de enero de 1873. Por cierto, otro detalle curioso es que su esposa, Eugenia Ignacia Agustina de Montijo, Baronesa de Quito (entre otros títulos, había nacido el 5 de mayo de 1826 en Granada y morirá en Madrid, en pleno siglo XX a la avanzada edad de 94 años. Más hispana no podría haber sido la emperatriz de virtual imperio «latinoamericano»[xxiii], un sueño cuyos primeros y detenidos pasos fueron los intentos de crear una corona vasalla en México[xxiv] y un protectorado en Ecuador[xxv].

En cuanto a los posteriores reivindicadores del uso de Latinoamérica, no creo que la intención fuera la de excluir de ella a España, que no solo había renunciado a esa misma porción americana, sino que por entonces ya era controlada por Inglaterra gracias al proceso de infiltración británica iniciado desde su propia guerra contra las tropas de Napoleón primero y la última hornada de afrancesados locales, quienes pasaron de respaldar a los abdicadores borbones a sustentar el corto reinado de José Bonaparte.

En cuanto al resto, aquellos que se entregan a la «latinoamericano fobia» a nivel lexical, les recomendaría que, en lugar de atacar la latinidad americana, se dediquen a reconocer lo que esta tiene en común con su extensión europea, es decir con varios de los países que conforman la cuenca norte del mediterráneo y algo más. A partir de aquí, no solo estaríamos en condiciones de trabajar por la necesaria unidad hispanoamericana, sino de ir más allá para crear un frente latino intercontinental y así defender nuestros valores y modo de estar en la vida, procedan las amenazas del ámbito lingüístico cultural que sea; germánico o semita (culturas y lenguas originarias del Próximo y Medio Oriente), eslavo o mandarín. Así, materializándola, nos apropiaremos, para nuestro bien, y sin metrópolis alguna, de la frustrada quimera de un emperador desafortunado (tanto como su tío): Carlos Luis Napoleón Bonaparte.[xxvi]


[i] https://youtu.be/eReG5DuCE2g

[ii] https://www.armesilla.org/p/acerca-de-mi.html

[iii] https://definicion.de/latinoamerica/

[iv] https://journals.openedition.org/etudesromanes/5141

[v] https://www.history.com/topics/native-american-history/battle-of-quebec-1759

[vi] https://www.labrujulaverde.com/2021/02/cuando-napoleon-vendio-la-luisiana-espanola-a-estados-unidos

[vii] https://historia.nationalgeographic.com.es/a/napoleon-iii-ultimo-emperador-francia_6831

[viii] https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/7658/Luis%20Bonaparte

[ix] BEAUHARNAIS, Hortense de – napoleon.org

[x] https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/718/Napoleon%20III

[xi] https://www.lhistoire.fr/napol%C3%A9on-iii-un-empereur-%C2%AB%C2%A0socialiste%C2%A0%C2%BB%C2%A0

[xii] https://fundacionfedericoengels.net/images/PDF/El_18_Brumario_de_Luis_Bonaparte.pdf

[xiii] https://xaviercadalso.lavozdelsocio.com/jose-bonaparte-despues-de-napoleon/

[xiv] https://medium.com/@nevaer1/how-napoleon-invented-latinas-59007a756870

[xv] http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1900-65862021000300723

[xvi] https://es.wikipedia.org/wiki/Ocupaci%C3%B3n_espa%C3%B1ola_de_la_Rep%C3%BAblica_Dominicana

[xvii] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202016000200018

[xviii] https://mxcity.mx/2021/05/la-historia-oculta-de-maximiliano-de-habsburgo-y-el-imposible-imperio-frances/

[xix] https://www.infobae.com/america/mexico/2021/10/08/el-dia-que-estados-unidos-desconocio-el-imperio-de-maximiliano/

[xx] https://historia-biografia.com/napoleon-iii-bonaparte/

[xxi] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202007000200029

[xxii] https://www.lifeder.com/tratado-mclane-ocampo/

[xxiii] https://www.academia.edu/5700405/_Am%C3%A9rica_Latina_un_concepto_afrancesado_en_Raz%C3%B3n_y_Tradici%C3%B3n_estudios_en_honor_de_Juan_Antonio_Widow_Globo_Editores_Santiago_2011_vol_I_pp_341_360

[xxiv] https://www.rizomarte.org/post/intervencion_de_francia_en_mexico

[xxv] https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_de_protectorado_franc%C3%A9s_en_Ecuador

[xxvi] https://www.realinstitutoelcano.org/blog/napoleon-iii-para-analistas-internacionales/

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