La tríada del terror: el feminismo y la ideología de género

Por Pedro Díaz Méndez

La ideología de género está directamente vinculada con el feminismo. El feminismo de género, comienza a desarrollarse en la segunda mitad del siglo XX y su principal artificio fue la francesa Simon de Beauvoir (1908-1986), “no se nace mujer una llega a serlo”. Según esa señora, nuestra sexualidad biológica no determina nuestra existencia, no determina, en ningún sentido, nuestra identidad. O sea, para la Beauvoir nuestra identidad y lo que somos es simplemente una construcción cultural.

Lo que plantea la susodicha es absurdo en términos biológicos y científicos, pero es la ideología de moda. Esta corriente de pensamiento no es nueva pues data de 1948. El tema es que la idea de marras dispone de mucho dinero, de mucho lobby internacional, porque se ha convertido en una pieza clave de la agenda globalista. El “razonamiento” de que no se nace mujer, sino que se llega a hacerlo, significa que hay un sistema opresor llamado patriarcado que configura, forma, construye a la mujer, como una mujer, y esa mujer en verdad no es mujer por las características biológicas de lo que es, sino que es por como un sistema la ha hecho ser (fíjense qué clase de aberración dialéctica). La teoría de la loca francesa se va a radicalizar hasta llegar a los Estados Unidos en los años 70s. De esa manera emerge el feminismo radical de Kate Miller (1934) y la narrativa contra el llamado patriarcado. A la usanza del pensamiento marxista que enfatiza la lucha de opuestos: amo contra esclavo, patricio contra plebeyo, señor feudal contra campesino, burguesía contra proletariado, el patriarcado va a estar en lucha antagónica contra la mujer. He ahí la idea: lo personal se convierte en político (sexual político).

Después viene la famosa teoría de Judith Butler (1956), quien nos dice que el sexo siempre fue género con el resultado que la distinción entre sexo y género no existe. El enfoque de Butler se sitúa en lo transexual. La catedrática estadounidense “sugiere” que dejemos de hablar de sexo, que mejor hablemos solamente de género. Lo que pasa es que el sexo remite a nuestra biología, a nuestra naturaleza, mientras que el género tiene que ver con los roles sociales, y eso es lo que han venido haciendo, hablar de género solamente, pretendiendo ignorar la naturaleza por completo. La ideología de género es un conjunto de ideas anticientíficas que intentan desarraigar la sexualidad humana, y junto con ella las ciencias biológicas y naturales que la estudian, a fin de explicarla a través de la cultura y de la auto percepción.

Estamos hablando de autoritarismo y de ataque a la libertad: el problema no es que Carlos se autoperciba como Carla, el problema es que esto está engendrando leyes que terminan vulnerando los derechos de los demás. Pensar que mi pensamiento puede determinar mi identidad sexual es algo bastante ridículo, a tal punto que la persona tendría que usar hormonas de por vida, es tan ridículo que necesita del estado, necesita de legislaciones, necesita de fallos judiciales, necesita hacerse política pública. En Canadá si se usa un pronombre de identidad que no va con la identidad de género de esa persona, esa persona te puede demandar. La agenda de género es una agenda autoritaria porque va contra los derechos de las mayorías. La auto percepción personal en cuanto al género no puede condicionar las políticas públicas de un país ni los derechos de los demás. Que un estado imponga la teoría de género sobre sus ciudadanos se llama totalitarismo, la invasión de lo político en la existencia del individuo. Despierten.

Hacia allí vamos.

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