La Revancha China (I)

Por Ismael Sambra

Han pasado varios años desde el nacimiento del dragón rojo, el monstruo chino.
Desde los tiempos del Imperio, cuando China tuvo que construir una gran muralla para protegerse de la invasión de sus enemigos, una gran barrera entre el mundo civilizado y los bárbaros del norte (los hunos, los mongoles, los tártaros, las hordas nómadas), el sentimiento imperial quedó arraigado por las dinastías Qin (221 a.c) y el reinado de Qin Shi Huang, que unificó y le dio el nombre China, y la última dinastía Qing (1912). Muchos emperadores gobernaron con mano dura sobre una población creciente que no tenía posibilidad de rebelión. China vuelve a ser imperio y peor que antes, pues viene mezclada con una ideología, el totalitario marxismo-leninismo. 
China había sido una superpotencia económica en 1820 y luego sufrió un colapso económico (1842-1949). El desastre de China, a pesar de no haber estado involucrada en la primera guerra mundial, se asocia con la ocupación británica, las guerras del opio y la invasión japonesa en la segunda guerra mundial. Pero con el comienzo del poder comunista en China y los paranoicos planes de su líder Mao Tse Tung, aparece la llamada “hambruna china”, con un saldo de más de 40 millones de muertos, según cifra conservadora. Su plan de industrializar el país con “El Gran Salto Adelante” (1958-1961), donde hasta los gorriones fueron exterminados al ser declarados contra revolucionarios, porque se comían los granos en los campos, mientras los sobrevivientes se comían a los familiares recién fallecidos, terminó en un rotundo fracaso. 
En 1962 Liu Shaoqi y su segundo Deng Xiaoping, se impusieron a Mao y lo relegaron a un papel casi simbólico, poniendo fin al diabólico plan de Mao quien se ve obligado a renunciar, pero que reaparece después en 1966 y persigue a Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, quienes fueron acusados de revisionistas y contra revolucionario por Mao, quien comienza su plan conocido como “Revolución Cultural y Proletaria” (1966-1976), que apuntó a los altos oficiales y sobre todo a sus enemigos con ideas contrarias dentro del propio partido comunista que había forjado. La República Popular China entraba así en otra etapa tristes de la humanidad. Mao Tsé Tung, literalmente asesinó y gobernó como el peor emperador chino, enaltecido por el culto a su personalidad hasta el día de su muerte en 1976. La República Popular China pudo haber crecido con rapidez y con menos sacrificios, sin las políticas nefastas emprendidas por este genocida dictador.
Gracias a las reformas (1978-2007) de su sucesor Deng Xiaoping, la economía comenzó a crecer. Se comenzaron a abrir los mercados a la inversión extranjera y fluyó el capital. El sistema económico se abrió al sistema capitalista aunque con participación del Estado. Se abrió el turismo, se creó la empresa mixta, se introdujo tecnología avanzada, se permitió la propiedad privada en las empresas, hechos estos que contradecían en esencia los postulados marxistas para la construcción del Comunismo. 
Ya se había producido un distanciamiento en 1960 con la URSS y el régimen Castro-comunista que había apostado por el estilo soviético de control absoluto del Estado sobre los medios de producción, la economía y la misma vida nacional. Así el marxismo-leninismo se dividía entre la tendencia pro-china y la pro-soviética.
Con la visita del presidente Richard Nixon en febrero de 1972 a la República Popular China, se logra por primera vez un acercamiento entre estos dos países. Mao Tse Tung, a propuesta de Estados Unidos, acepta el encuentro con la idea de un acercamiento económico y diplomático a pesar de la rivalidad ideológica. A Nixon lo llevaron a visitar la muralla china, como mensaje subliminal del poderío chino. Con los acuerdos alcanzados, USA retiró sus tropas de la isla de Taiwan, la China republicana del generalísimo Chiang Kai-shek que había perdido la guerra civil al enfrentar la rebelión comunista de Mao Tse Tung. 
Ese fue el gran error de Nixon, además del error del llamado escándalo Watergate que lo obligó a renunciar a la presidencia, porque le dio legitimidad con su visita a un dictador perpetuado en el poder y desprestigiado por sus crímenes. Hecho que nos remite a el mismo error de Obama con su visita a Cuba, donde dio todo a cambio de nada al Castro-comunismo. Sin embargo, el más grave error aparece con el traidor Bill Clinton, su tratado comercial y su visita a China, pues además existen zonas muy oscuras de entregas de tecnologías y secretos militares, que todavía necesitan investigación. 
China fue beneficiada por Estados Unidos con la cláusula de tratamiento comercial “Nación más favorecida”. Los industriales deseosos del mercado chino, presionaron. Y otro tanto hizo ingenuamente Europa. Pero la estrategia para lograr cambios políticos en China minando su base económica con libre mercado, falló. Según el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el impacto chino ya se veía para que en el 2014 ocupara el primer lugar en la economía mundial. Todo esto fue ignorado deliberadamente durante el mandato (2008 -2016) del inepto Barack Obama que no hizo nada para detenerlo. Solo un republicano con larga visión de lo que es economía y mercado como Donald Trump, podía vislumbrar, resguardar y ganar frente al oportunismo de una China totalitaria en expansión, hasta en su propio patio: América Latina. Ponerle freno al apetito imperial del dragón rojo que gozaba a sus anchas de muchas preferencias comerciales, se hizo necesario. Y aparecieron las restricciones a la inversión, los controles a la exportación de China y a la adquisición de tecnología de Estados Unidos, los debidos pagos por gravámenes o aranceles y por robo a la propiedad intelectual. Trump negó que se trataba de una guerra comercial, «la guerra —dijo—, se perdió hace muchos años por la gente tonta o incompetente que representaba a los Estados Unidos».
Las tarifas de Trump ganaron inmediata simpatía y son defendidas por autores tan prestigiosos como Greg Autry y Piter Navarro, que en 2011 publicaron el libro Muerte por China. En una entrevista para la BBC, Greg Autry respondió: «El presidente Clinton criticó a George H.W. Bush por Tiananmen, pero apenas entró se unió a los chinos, trabajó para darles el estatus de nación más favorecida y los puso en fila para la OMC. (…) Trump es el primer presidente que se planta y llama a las cosas por su nombre, de la misma manera que el presidente Reagan tuvo el coraje de llamar a la Unión Soviética «imperio malvado».
Dicen que el embargo americano no funcionó con Cuba para lograr los cambios hacia la democracia, pero es que tampoco la política de ayuda ni el libre comercio privilegiado funcionaron en China ni en ningún otro país de las excrecencias que quedaron después del derrumbe comunistas, como para lograr cambios en su política de estado totalitario y unipartidista. Entonces no es un problema de embargo o no embargo, es sencillamente un problema de la esencia del sistema comunista y sus líderes que han impuesto sus propias reglas totalitarias para perpetuarse desde una superestructura política, que ya vemos que no cambia ni va a cambiar con el empuje de una base capitalista de economía de mercado, tal como se esperaba…

(Continuará)