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«La razón individual y el individualismo socialista» sobre la obra política de Fernando Lles y Berdayes

Por Ego de Kaska / diciembre 2, 2019

Por Galán Madruga

Fernando Lles fue un pensador autodidacta, nacido en Matanzas, que desde los márgenes del canon republicano y de la tendencia revolucionaria que dominaba la política cubana de su tiempo formuló una de las reflexiones más originales y provocadoras sobre la relación entre el individuo, el Estado y la sociedad. Su pensamiento se inscribe en una corriente política y filosófica muy particular, ajena al independentismo romántico, al nacionalismo militante y al reformismo social que marcaron las primeras décadas de la República. Mientras la mayoría de los intelectuales cubanos de los años veinte y treinta se debatían entre el liberalismo ilustrado y las nuevas formas del socialismo, Lles buscó construir una filosofía de la libertad interior influida por Nietzsche, Bergson y el idealismo alemán, pero arraigada en una preocupación moral y espiritual propia, la defensa del individuo como fundamento de toda cultura y de toda comunidad posible.¹

Carlos Loveira lo reconoció entre los pensadores más relevantes del primer período republicano² y Gastón Baquero, que lo leyó medio siglo después, lo llamó un adelantado a su tiempo³, un visionario que en medio del fervor colectivista y del discurso redentorista se atrevió a pensar al margen de las modas ideológicas. Lles no fue un político profesional ni un académico de cátedra, fue un filósofo autodidacta, un lector solitario que intentó desde el pensamiento fundar una ética de la libertad personal. Su obra se extiende en una serie de ensayos publicados entre 1920 y 1930, Individualismo, socialismo y comunismo (1932), La razón individual y el individualismo socialista (1929) y Ensayos sobre los problemas de la conciencia contemporánea (1930), que constituyen una de las más singulares empresas intelectuales del pensamiento cubano moderno.⁴

Lles entendía que el drama del siglo XX no era solo económico ni político, sino espiritual. Veía en el ascenso del comunismo, del fascismo y del capitalismo de masas tres síntomas de una misma enfermedad, la disolución del individuo en la multitud. Su esfuerzo intelectual se centró en salvar al sujeto creador de la nivelación moral y del igualitarismo coercitivo que tanto la derecha autoritaria como la izquierda revolucionaria imponían bajo distintos nombres. De ahí que su propuesta del individualismo socialista escandalizara a los pensadores de su tiempo, en particular a Medardo Vitier, con quien sostuvo un enfrentamiento ideológico de fondo.⁵

Lles no negaba las injusticias sociales ni el papel del Estado en la regulación de la vida colectiva, pero rechazaba el colectivismo absoluto que, según él, convertía al ciudadano en un engranaje del aparato político. Para Lles el problema no estaba en el ideal de justicia social, sino en la anulación de la conciencia individual bajo la tiranía del igualitarismo. Su pregunta central, tan vigente hoy como en 1932, era si es posible oponerse al individualismo liberal con un individualismo socialista y si puede existir una forma de socialismo que no destruya al individuo.

En La razón individual y el individualismo socialista, Lles responde con una afirmación audaz, el verdadero socialismo solo puede ser pluralista y solo puede sostenerse si protege la libertad personal. Propone un equilibrio delicado entre orden y libertad, entre comunidad y autonomía. “No podemos imaginar —escribió— un camino más adecuado para el desarrollo político y moral del individuo que un socialismo armónico, donde la libertad se desenvuelva en un orden.”⁶ En esta frase se condensa toda su visión filosófica, el socialismo no debe ser un mecanismo de sometimiento, sino un marco donde la personalidad humana florezca.

El pluralismo, para Lles, es el principio inmunológico de la sociedad moderna, evita que el Estado se convierta en un absoluto y que el individuo quede reducido a una pieza de su maquinaria. Por eso concibe el individualismo socialista no como una contradicción, sino como una superación de las formas caducas tanto del liberalismo burgués como del comunismo dogmático. Si el primero sacrifica la justicia por la libertad y el segundo la libertad por la igualdad, Lles intenta articular una síntesis donde la libertad sea la medida del orden y no su enemigo.

Su pensamiento se aparta, así, de la tendencia principal de la época, la independentista revolucionaria, que concebía la nación como un proyecto de redención colectiva. Lles veía en ese ideal, todavía teñido de romanticismo, el peligro de subordinar la conciencia individual a los mitos del heroísmo y del sacrificio. Su preocupación no era la independencia externa, sino la emancipación interior, liberar al individuo del dogma, del partido y del rebaño. En un país que acababa de consolidar su Estado y buscaba una identidad política estable, su voz sonó disonante, incluso sospechosa. No se alineó con los proyectos reformistas ni con las utopías marxistas y su tono filosófico, más europeo que criollo, lo aisló de los círculos intelectuales dominantes.

Algunos críticos posteriores han visto en su pensamiento resonancias del socialismo ético de Eduard Bernstein y del personalismo comunitario de Emmanuel Mounier⁷, pero también afinidades con el Nietzsche que proclama la necesidad de superar la moral del rebaño.⁸ Sin embargo, Lles no fue un imitador. Su idea de un socialismo armónico anticipa, con sorprendente lucidez, la preocupación contemporánea por conciliar libertad y solidaridad, autonomía y comunidad. En un sentido más amplio, su filosofía podría leerse como una de las primeras expresiones del pensamiento liberal de izquierdas en Cuba, aunque sin las concesiones populistas que luego dominarían el discurso nacional.

En su análisis del egoísmo y del individualismo psicológico, Lles distingue entre el impulso posesivo del egoísta, que busca dominar o acumular, y la conciencia creadora del individuo, que busca expresarse y aportar. La libertad, dice, no es aislamiento, sino condición del espíritu. El individuo verdaderamente libre comprende que su independencia solo tiene sentido si se realiza en un marco de respeto y reciprocidad. No hay, pues, contradicción entre individualismo y sociabilidad, lo que hay es un conflicto entre libertad interior y servidumbre colectiva.

Su advertencia sobre el peligro de las mentalidades gregarias anticipa el destino de los regímenes totalitarios del siglo XX, que convirtieron la masa en instrumento de poder. Lles había intuido que el comunismo, al igual que el fascismo, pretendía sustituir la conciencia personal por una moral de consigna. “Un verdadero intelectual, un creador de valores humanos —escribió— jamás podrá aceptar, sino a la fuerza, estados políticos donde los modos gregarios de la mentalidad primitiva y comunista pretendan silenciar o reducir a su nivel de barbarie el anhelo superior de la cultura.”⁹ En esa frase resuena la intuición de un espíritu trágico, consciente de que el pensamiento libre siempre será perseguido por los guardianes de la ortodoxia.

Su obra, sin embargo, fue ignorada por sus contemporáneos. En una Cuba dominada por el ruido político, el pensamiento filosófico profundo carecía de espacio. Lles fue un solitario entre tribunos, un metafísico entre oradores. Su idea del individualismo socialista resultó demasiado compleja para los ideólogos de la revolución y demasiado peligrosa para los defensores del statu quo. Su nombre fue olvidado hasta que casi un siglo después, en 2019, Ediciones Exodus publicó La razón individual y el individualismo socialista con una introducción crítica de Ángel Velázquez Callejas, donde se rescata su visión pluralista y su original concepción de la libertad.¹⁰

La reedición contemporánea de Lles permite redescubrir no solo a un pensador olvidado, sino a un precursor de una tradición política distinta, una tradición que no nace del resentimiento ni del dogma, sino del respeto por la conciencia individual. Frente al independentismo revolucionario que convirtió la historia en mito y frente al colectivismo que anuló la personalidad, Lles defendió la soberanía del espíritu como el único fundamento posible de la República.

A la luz de su pensamiento, el comunitarismo puede entenderse como la forma más justa de vida social cuando logra equilibrar el respeto a la autonomía personal con la responsabilidad compartida hacia el bien común. El comunitarismo no significa absorción del individuo en la masa, sino articulación solidaria de voluntades libres que reconocen en la justicia un vínculo de reciprocidad y no de dominación. En este sentido, la comunidad es el espacio ético donde la libertad se traduce en servicio, y donde la igualdad deja de ser imposición para convertirse en cooperación. Solo en esa armonía entre independencia y solidaridad, entre creación individual y destino común, puede nacer una verdadera justicia social, aquella que no aplasta al hombre, sino que lo eleva en compañía de los otros.

Hoy su pensamiento adquiere una vigencia inesperada. En tiempos en que los nuevos populismos de izquierda o de derecha vuelven a seducir con promesas de salvación colectiva, las palabras de Lles recuerdan que ninguna redención vale el precio de la libertad interior. El individuo, decía, es la medida de todas las cosas, sin él no hay cultura, ni justicia, ni verdad posible.

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Notas

  1. Fernando Lles, Individualismo, socialismo y comunismo, Imprenta Siglo XX, La Habana, 1932.
  2. Carlos Loveira, Los intelectuales cubanos y la República, Editorial La Prensa, La Habana, 1935, p. 121.
  3. Gastón Baquero, Ensayos y comentarios, Editorial Verbum, Madrid, 1995, p. 204.
  4. Fernando Lles, La razón individual y el individualismo socialista, La Habana, 1929.
  5. Medardo Vitier, “Crítica al individualismo de Lles”, en Revista de Filosofía Cubana, año II, La Habana, 1933.
  6. Fernando Lles, La razón individual y el individualismo socialista, op. cit., p. 42.
  7. Emmanuel Mounier, Le personnalisme, Éditions du Seuil, París, 1949.
  8. Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, trad. A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 1984.
  9. Fernando Lles, Individualismo, socialismo y comunismo, op. cit., p. 57.
  10. Ángel Velázquez Callejas (ed.), La razón individual y el individualismo socialista, Ediciones Exodus, Miami, 2019.

—————————-

Fernando Lles Berdayes (Ceiba Mocha, 31 de agosto de 1883 – Matanzas, 12 de mayo de 1949) fue un ensayista y notable conferencista cubano. Fundó y dirigió varias publicaciones. En 1887, a los tres años de edad, viajó con sus padres a España; allí, en Cangas de Onís (Oviedo, provincia de Oviedo), realizó sus primeros estudios. Permaneció ocho años en España antes de regresar a Cuba. Cursó el bachillerato en el Instituto de Matanzas mediante la llamada enseñanza libre y se graduó en 1918. También obtuvo el título de Profesor de Historia y Geografía Universal. Entre 1910 y 1915, participó en la tertulia matancera «Areópago Bohemio». Sus primeras colaboraciones aparecieron en El Estudiante, de Matanzas. En Matanzas, fundó y dirigió las publicaciones Alma Latina (1910, en colaboración con su hermano Francisco Lles Berdayes), El Heraldo de Matanzas (1910-1912), El Imparcial (1912-1916), Matanzas (1913) y El Jején (1919). Perteneció al Ateneo de Matanzas, al Grupo Minorista de Matanzas, a la Academia Nacional de Bellas Artes y Letras, y a otras asociaciones, tanto nacionales como extranjeras. Fue un conferencista destacado y obtuvo el primer premio de poesía en el concurso convocado por el diario El Correo Español de La Habana. Al fallecer, dejó en preparación un libro de ensayos titulado Nacismo, fascismo, plutocracia, oligarquía, marxismo y democracia.

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Etiquetas: Berdayes,conciencia,Cuba,Ensayo,estado,Fernando,individual,individualismo,La razón,Lles,pensamiento,socialista

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