La noche «gris» del 27 de abril de 1971: «El caso Padilla»

Por Leopoldo Ávila

«Le pidieron los ojos

que alguna vez tuvieron lágrimas

para que contemplara el lado claro

(especialmente el lado claro de la vida)

porque para el horror basta un ojo de asombro.»

«Que anduvo noche y día para encontrar mi casa.

 Que ama las piedras grises de mi cuarto».

«él no tuvo visiones que puedan añadirse a la posteridad. No poseyó el talento de un profeta».

«eres capaz de imaginar que no estás viendo

lo que se va a plantar irremediablemente delante de tus ojos,»

Heberto Padilla, Fuera del Juego

 «Adentro, la atmósfera era densísima. La gente apenas hablaba y los saludos se reducían a un leve apretón de manos o un movimiento de cabeza y una sonrisa de circunstancia, como en los velorios», así describe el poeta Manuel Díaz Martínez, unos años después, aquella noche del 27 de abril de 1971 en un salón de la UNEAC.

Díaz Martínez no estaba lejos de la realidad absoluta. Gracias al documental de Pavel Giroud El caso Padilla, hoy, 52 años después, podemos constatar la atmósfera visual de aquellos convulsos tiempos.

La historia que da cuenta Díaz Martínez es casi como una disculpa sorprendentemente pequeña, pero ya no es la única. El documental abrió muchas impresiones, relatos e historias privadas entre los intelectuales cubanos en el exilio. Sorprendentemente, las narrativas sobre de la película de Giroud siguen el guión del documental y hacen comentarios sobre la naturaleza crítica-positivista de la historia. Lo que se suponía que era, y lo que se sabía a través de la evidencia literaria, el documento deja su huella en los archivos fotográficos, en el colectivo de la nación.  

¿Qué más podemos decir de la noche del 27 de abril de 1971? Estuve allí, pero nunca me di cuenta. El terror y el miedo que relata Días Martínez en esa sala, custodiada por agentes de la seguridad del Estado, se tiñe de gris oscuro. La interpretación de lo sucedido la noche del 27 de abril debe concebirse primero a través del colorido ambiente. Todo lo que allí sucede, desde las hermosas vistas de Padilla hasta el sufrimiento del público, está tocado por el rojo grisáceo que pende sobre su cabeza como una espada de Damocles.

El gris como estado de ánimo revolucionario es rojo grisáceo. Es un gris oscuro que no puede ser más brillante, ya que ha sido usurpado por el terror y el control burocrático. A través de los tonos grises oscuros de la película, el documental muestra el aparato del poder estatal sobre la cultura. En esa habitación gris, como se muestra en el documental, todas las cosas adquieren una atmósfera gris oscuro.

Frank Kafka demuestra el poder de la burocracia estatal en El Proceso, usando la metáfora del gris oscuro. Por su parte, Hegel esboza en su libro Filosofía del derecho el vínculo entre el Estado y el terrorismo, que en el pasado histórico condujo a desviaciones de la burocracia moderna y del pernicioso papel del Estado. Ella está en la máquina de destrucción del siglo XX. un siglo. Sin embargo, es Heidegger quien imagina en gris oscuro la filosofía del aburrimiento, el chisme, la traición, el temblor, el dolor y la bruma gris de lo colectivo. El colectivismo, la solidaridad, la igualdad, el totalitarismo y la trágica revolución empiezan a oscurecerse. El «quinquenio gris» comienza a desplegarse gracias al color rojo.

«Por que para el horror basta un ojo de asombro», un verso que Padilla confía a la posteridad. ¿Ese ojo es ajeno a lo que vemos en el documental 52 años después? Por qué «eres capaz de imaginar que no estás viendo lo que se va a plantar irremediablemente delante de tus ojos» Por qué «ama las piedras grises de mi cuarto».

Continúa…

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