La muerte en Cuba

Por Guadalupe Amadeo Roldan de Palma

Quien espere de la lectura de este libro una disquisición estoica sobre la muerte, sobre el mas allá y la «vida verdadera», habrá errado desde el principio. Todo creador de «obras», que es hombre de signo cariñoso, al final de cada período de su vida, que concurre con la clausura de una obra, se cree que ya ha arribado a la meta y se siente prevenido a admitir resignadamente la muerte por pensar que está listo para ella.

 Como esto no es una expresión de cansancio, sino más bien de una especie de luz y de dulzura otoñales que en cada ocasión la obra en sí y su madurez suscita en el autor, la muerte aparece como una categoría socio histórica y una epojé. Se abre el hiato, la abertura, por la cual el ritmo de la vida se vuelve más lento hasta el punto de concentrarse y deslizarse como si fuera miel, incluso con largas pausas, con la creencia en la larga pausa.

 En este sentido, la muerte se convierte en un recurso conceptual de la ciencia histórica. Al establecer el «limite», la zona entre la extinción de una estructura social y el nacimiento de otra, la cultura se rejuvenece y se actualiza.

¿Cuántas muertes ha sufrido la cultura cubana? ¿ Cuba es una nación para la muerte?

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