La muerte de Sócrates: filosofía, medicina y acción de gracias

Por KuKalambé

En el folleto que reposaba sobre la superficie de la mesa de divulgación en la sala de recepción del hospital Larkin, me encontré inmerso en un análisis inesperado. La vinculación entre la muerte de Sócrates y la medicina, expresada en un lenguaje romántico-derrotado, resurgió como una encrucijada intrigante.

Al sumergirme en las páginas del folleto, la conexión entre la filosofía de Sócrates y la acción de gracias emergió con una claridad inesperada. La dramática representación de la muerte filosófica, según lo planteado por Platón, llevó a una reflexión profunda sobre el acto final de Sócrates y su significado más allá de lo político.

Se vislumbra a Sócrates como el último ciudadano genuino de la polis, resistente ante la tentación de escapar tras el veredicto de culpabilidad. Nietzsche, astuto como siempre, destaca una frase crucial del Fedón, donde Sócrates encomienda ofrecer un gallo a Asclepio. Este gesto, aparentemente simple, se revela como una metáfora audaz que parodia los rituales de agradecimiento por la curación, desafiando convenciones de manera blasfema.

La comparación entre el gesto de Sócrates y el ritual del cordero pascual en la tradición judía añade capas de significado. Sócrates, la víctima compasiva de una ejecución legalmente dudosa, se erige como un agnus Dei, un gallo de Dios, agradecido por la curación celestial de la enfermedad fundamental: la enfermedad de la vida.

Nietzsche descifra con agudeza la intención implícita de Platón, revelando que la muerte de Sócrates se convierte en el preludio de la superación del mundo y la vida en el ámbito filosófico. Este Sócrates se presenta como el primer Cristo en suelo griego, refinando la despedida con una contribución monumental de Platón, insuflando a la escena un sentido de ascensión celestial.

La nueva disciplina llamada filosofía, según este enfoque, se presenta como un arte de morir, una reinterpretación de la muerte del sabio que coloca en paréntesis la dependencia de los seres humanos de la vida física. La existencia en carne y hueso se concibe como una prueba, un cumplimiento obligatorio de una tarea marcada por la culpa y el destino de existencias anteriores. El desdén filosófico hacia las convenciones sociales se manifiesta de manera tan profunda que transforma la vida en sí misma en una suspensión universal.

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