«La montaña mágica»

Por Leonel Moa

Los cubanos ya no leen lo suficiente, al menos un mamotreto de 700 páginas. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene leer algo que se puede reducir a un cuento en un par de páginas?

Hasta qué punto, La montaña mágica fue un intento de imitar la idea de Ecce Homo, la autobiografía intelectual de Nietzsche. Thomas Mann había quedado impresionado con la lectura, resumen ascetológico y autobiográfico, de un loco, sobre la sentencia nunca bien ponderada «yo no soy humano, soy dinamita».

La magia de todo archivo humano (memoria y estante, acumulación del saber), se parece mucho a la estructura de una montaña con dificultad para ser escalada.

En el manicomio de La Montaña mágica, el loco puede liberar, por el hecho de estar fuera de sí, el atrabiliario complejo de la inhibición. Mann extrae del resumen de la Genealogía de la moral el imperativo de que la voluntad de poder permite escalar paso a paso el archivo del saber.

El primer paso será superior al anterior, el segundo superior al anterior, y así hasta alcanzar de consuno las suficientes habilidades para alcanzar las cotas más altas. Se escala la montaña tomando en consideración el nivel de entrenamiento y esfuerzo logrado. La montaña mágica advierte que el hombre ni es un ser para resurrección ni para la muerte: ser para las habilidades.

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