La libertad individual no es un bien de la cultura, afirma Sigmund Freud

Sigmund Freud

En su obra tardía, la más provechosa en lo que incumbe a la humanidad, Sigmund Freud intenta dar equilibrio a dos problemáticas de la cultura en apariencias separadas, en apariencia antitéticas: entre la evolución de la comunidad cultural y la evolución de lo individual. En el ensayo de 1930, El malestar en la cultural introduceuna frase enigmática, pocas veces atendida con seriedad: ‘El hombre ha llegado a ser por así decirlo, un dios de prótesis’.

A partir de ahí, Freud, sin preguntárselo directamente, se da de bruce con un fenómeno de inmunidad cultural, y tanto el inconsciente como la libido, aun presente en el ensayo, comienzan a formar parte de una estrategia secundaria. El psicoanálisis comienza, a partir de entonces, a ceder ante la perspectiva del tema de la inmunología cultural. Freud llega a decir: 

La libertad individual no es un bien de la cultura

Entonces  Freud, a diferencias de sus exegetas y epígonos, empieza a transmutar de sus muleta’, sus prótesis, a  la del‘arte del funámbulo. El problema de la espiritualidad, la ilusión de la religión, se convierte en tema principal de su pensamiento en sus días postreros. Freud lo deja esclarecido al escribir:

Pero no creemos poder caracterizar a la cultura mejor que a través de su valoración y culto de las actividades psíquicas superiores, de las producciones intelectuales, científicas y artísticas, por la función directriz de la vida humana que concede a las ideas. Entre éstas el lugar preeminente lo ocupan los sistemas religiosos cuya complicada estructura traté de iluminar en otra oportunidad.

Freud se había revirado contra sí mismo y contra toda tenencia de prominencia individualista, muy en boga, tratando de equilibrar el egoísmo de la felicidad individual con la comunidad (cuidado) de intereses inmunes culturales. Podía alargar estas consideraciones, que sería innecesarias si el texto de Freud no fuese manipulado por los intereses del psicoanálisis clásico. De ahí aquella frase que hizo estallar la neurosis en sus discípulos: Así, pues, el primer requisito cultural es el de la justicia.

Y Justicia significa inmunidad.

Contra el totalitarismo individual y colectivo de los sistemas ideológicos se necesita un proyecto de inmunidad de la cultura. Eso significa, por añadidura, que La cultura es un reglamento de una orden.