LA LECTURA, ESE RESPLANDOR [5] HENRY MILLER

Por Waldo González López

Ya hoy, en la quinta edición de esta miniserie —con temas extraídos de mi volumen homónimo, publicado en la ecuatoriana Quito de 2009— en la que, desde varias semanas atrás, incluyo textos sobre aspectos de las letras y temas afines [poetas, narradores, dramaturgos, movimientos y otros que enriquecen la cultura literaria del lector].

   En esta ocasión traigo a un novelista que, como a otros de mi generación, muy temprano llamara mi atención por sus eróticas novelas y su “disipada” vida, en la que estuvo enrolado con otras figuras por las propias características.

   Por eso aquí está el recordado narrador Henry Miller, con un fragmento de una de sus clásicas novelas y, por fin, su muy particular criterio:  

BREVE ITINERARIO DE SU VIDA Y OBRA

   Henry Valentine Miller es definido como un narrador estadounidense, cuya obra se integra por novelas semiautobiográficas, en las que el tono crudo, sensual y sin tapujos suscitara una serie de controversias en el seno de un Estados Unidos puritano que el crítico autor estigmatizara, denunciando la hipocresía de la Sociedad, criticando el devenir de la existencia humana, desnudando su cinismo y múltiples contradicciones. Censurado por su estilo y contenido provocativo y rebelde en relación con la creación literaria de su época, sus obras influyeron notablemente en la Generación Beat.

   Nacido en Yorkville, Nueva York, el 26 de diciembre de 1891, Henry Miller era hijo de padres americanos de origen alemán, quienes, al poco tiempo de su nacimiento, se instalan en Brooklyn.

   Cursa estudios en el City College de su ciudad natal. Durante tres años, a partir de 1914, trabaja con su padre y en otras ocupaciones (funcionario municipal y empleado de una compañía de cemento).

   En 1924 abandona la compañía de telégrafos, donde es director de personal y se consagra a las letras, antes de 1930, cuando parte a París,donde reside una década, llevando una vida bohemia que describe en tres de sus novelas: Trópico de Cáncer (1934), Primavera negra (1936) y Trópico de Capricornio (1939).

   Mas, en 1931 conocerá a Anaïs Nin —hija del conocido músico español que residiera en Cuba—, con quien tendrá íntimas relaciones y mantendrá un célebre epistolario.

   Visita Grecia invitado por el gran narrador Lawrence Durrel, al que Miller admiraba por dos libros suyos en que abordara sus temas preferidos: amor, sexo y locura.

UN NECESARIO APARTE

   Sí, esos dos libros admirados por Miller —El amante de Lady Chatterley e Hijos y amantes—, al que, antes de morir el americano dedica y publica su último volumen: el estudio El mundo de D. H. Lawrence (1980), donde en particular analiza estas novelas consideradas transgresoras y perversas por pasearse entre el amor, el sexo y la locura.

   El amante de Lady Chatterley, cuya edición príncipe de 1928 generara «un gran escándalo y sería prohibida por las escenas que describen relaciones sexuales de manera explícita»; asimismo en la primera de las varias adaptaciones llevadas al cine, L’Amant de Lady Chatterley (1955), filme francés dirigido por el gran realizador galo Marc Allegret, con guion de Philippe de Rothschild y Gaston Bonheur, al igual que el libro, sufriría censura en Nueva York por «promover el adulterio»; pero, por fin, se estrenaría cuatro años después, tras revocar la Corte Suprema de EUA la decisión de un tribunal inferior.

   El reparto contaría en su protagónica con la mítica Danielle Darrieux (Constance Chatterley), secundada por Erno Crisa (Oliver Mellors) y Leon Genn (Sir Clifford Chatterley). Recomiendo esta, como la más reciente adaptación y puesta en pantalla de 1922: El amante de Lady Chatterley, dirigida por Laure de Clermont-Tonnerre con Emma Corrin y Jack O’Connell, actualmente una de las más vistas a nivel global en la concurrida plataforma Netflix, aunque en esta ocasión, se trata del proyecto en pantalla que más cambios tuvo respecto a la obra original para tener una versión actual de la historia. De cualquier modo, sugiero el visionaje y disfrute de ambas cintas.

REGRESO A LA VIDA Y OBRA DE MILLER

   Visita Grecia invitado por el gran narrador Lawrence Durrel y en 1940, ya en  Estados Unidos, se instala en Big Sur, California, donde escribe El coloso de Marussi (1941), una insólita guía de Grecia.

   Publica La pesadilla del aire acondicionado (1945-1947), como la trilogía:  Sexus (1949), Plexus (1953) y Nexus (1960); asimismo Big Surylas naranjas del Bosco (1957) y El mundo de D. H. Lawrence (1980), estudio de la obra del gran narrador inglés, al que, como ya apunté atrás, admiraba por su novelística erotica, reflejada en sus populares  novelas.

   Fue considerado por su estilo, precursor del Posmodernismo por sus Trópicos, tachados de tales, por lo que generaron una gran polémica y su prohibición en los países anglosajones.

   En 1976 recibió la Legión de Honor de la República Francesa, galardón entregado por el embajador francés en EUA. Se casó en cinco ocasiones y tuvo tres hijos. Henry Miller falleció el 7 de junio de 1980 en Pacific Palisades (California) por trastornos circulatorios que padecía desde hace tiempo.
OBRAS:

Cartas a Anaïs Nin (1931-1946).

Trópico de Cáncer (1934),

Primavera negra (1936),

Max y los fagocitos blancos (1938),

Trópico de Capricornio (1939)
El ojo cosmológico
(1939)
El mundo del sexo
(1940
El coloso de Marussi (1941
La sabiduría del corazón  (1941)
Un domingo después de la guerra
(1944)
Pesadilla de aire acondicionado
(1945)
La sonrisa al pie de la escala
(1948)
Sexus (1949)
El tiempo de los asesinos
(1952)
Plexus
(1953)
Días tranquilos en Clichy
(1956)
Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch
(1960)
Nexus
(1960)
Opus pistorum (póstumo)
(1983)
Querida Brenda (Cartas a Brenda Venus)
(1986)
Noches de amor y alegría
Los libros en mi vida
Reflexiones sobre la Muerte de Mishima
Nueva York ida y vuelta
Al cumplir ochenta.

FRAGMENTOS DE TRÓPICO DE CÁNCER:

[…] El cáncer del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se han matado o están matándose. Así que el héroe no es el Tiempo, sino la Intemporalidad. Debemos marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar. No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas […] Hace un año, hace seis meses, creía que era artista. Ya no lo pienso; lo soy. Todo lo que era literatura, se ha desprendido de mí. Ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios. Entonces, ¿éste? Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido común de la palabra. No, es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del Arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza… a lo que les parezca […] El mundo que me rodea está desintegrándose, y deja aquí y allá lunares de tiempo. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo… Pienso en que, cuando el gran silencio descienda sobre todo y por doquier, la música triunfará por fin. Cuando todo vuelva a retirarse a la matriz del tiempo, remará el caos de nuevo, y el caos es la partitura en la que está escrita la realidad. Tú, Tania, eres mi caos. Por eso canto. Ni siquiera soy yo, es el mundo agonizante que se quita la piel del tiempo. Todavía estoy vivo, dando patadas dentro de tu matriz, que es una realidad sobre la que escribir. Duermevela. La fisiología del amor […] Una carta de una mujer que me pregunta si he encontrado un título para mi libro. ¿Un título? Claro que sí: Adorables lesbianas. ¡Tu vida anecdótica! […] Escribo esto para mi amigo La hora del crepúsculo. Azul añil, agua cristalina, árboles resplandecientes y delicuescentes. Los raíles se pierden en el canal de Jaures. La larga oruga de costados laqueados se sumerge como una montaña rusa. No es París. No es Coney Island. Es una mezcla crepuscular de todas las ciudades de Europa y de América Central. La explanadas del ferrocarril ahí abajo, los raíles negros, enmarañados, no ordenados por el ingeniero, sino de diseño cataclismático, como esas finas fisuras del hielo polar que la cámara registra en diferentes tonos de negro. Van Norden me gusta, pero no comparto la opinión que tiene de sí mismo. No estoy de acuerdo, por ejemplo, en que sea un filósofo ni un pensador. Es un putero y nada más. Y nunca será un escritor. Tampoco lo será nunca Sylvester, aunque su nombre resplandezca en luces rojas de cincuenta mil bujías. Los únicos escritores a mi alrededor por los que siento algún respeto ahora son Carl y Boris. Están poseídos. Arden por dentro con una llama blanca. Están locos y carecen de oído. Son víctimas. En cambio, Moldorf, que también sufre a su manera, no está loco. Moldorf se embriaga con las palabras. No tiene venas, ni arterias. He trasladado la máquina de escribir a la habitación contigua, donde puedo verme en el espejo mientras escribo. Tania es como Irene. Espera cartas voluminosas. Pero hay otra Tania, […] semejante a una enorme semilla que disemina el polen por todos lados… o, digámoslo al modo de Tolstói, una escena de establo en la que desentierran al feto. Tania es una fiebre también… […] Café de la Liberté, Place des Vosges, corbatas brillantes en el Boulevard Montparnasse, cuartos de baño oscuros, oporto seco, cigarrillos Abdullah, el adagio de la sonata Pathétique, amplificadores auriculares, sesiones anecdóticas, pechos de siena rojiza, ligas gruesas, qué hora es, faisanes dorados rellenos de castañas, dedos de tafetán, crepúsculos vaporosos que se vuelven acebo, acromegalia, cáncer y delirio, velos calidos, fichas de póquer, alfombras de sangre y muslos suaves. […]

[Tomado de: Trópico de Cáncer (1934). Ed. Obelisk Press]. 

   Y ahora, por fin, lo prometido:

        LOS ESCRITORES QUE SON MÁS QUE ESCRITORES

Sí, sí, claro que Lewis Carroll es un escritor que yo amo. Daría mi brazo derecho por haber escrito sus libros, por haber podido acercarme en cualquier medida a lo que él hizo. Cuando termine mi proyecto, si continúo escribiendo, me gustaría escribir puros disparates…

   El dadaísmo fue más importante aun para mí que el surrealismo. El movimiento dadaísta fue algo realmente revolucionario. Fue un esfuerzo deliberado y consciente de poner las mesas patas arriba, de poner de manifiesto la absoluta demencia de nuestra vida actual, la falta de valor de todos nuestros valores. En el movimiento dadaísta hubo hombres maravillosos, y todos tenían sentido del humor. Era algo para hacer reír, pero también para hacer pensar.

   Yo nunca había oído hablar de Big Sur. Sabía de Point Sur porque había leído a Robinson Jeffers. Leí su Women at Point Sur en el Café Rotonde, en París, nunca lo olvidaré.

   De todos los escritores norteamericanos que he conocido, Sherwood Anderson sobresale como el que más me gustó. Dos Passos era un tipo cordial y maravilloso, pero Sherwood Anderson… bueno, yo había estado enamorado de su obra, su estilo, su lenguaje, desde el principio. Y me caía bien como hombre, aunque diferíamos totalmente sobre la mayor parte de las cosas, especialmente sobre los Estados Unidos. Él amaba al país, lo conocía íntimamente, amaba a la gente y a todo lo que tuviera que ver con los Estados Unidos. Yo era lo contrario, pero me encantaba oír lo que él pensaba.    Los escritores que yo amo son muy diversos. Son los escritores que son más que escritores. Poseen esa misteriosa cualidad que es metafísica, oculta, qué sé yo, no sé qué palabra usar, ese pequeño algo adicional que desborda los límites de la literatura. La gente, ve usted, lee para distraerse, para pasar el tiempo o para instruirse. Ahora bien, yo nunca leo para pasar el tiempo ni para instruirme; leo para que me saquen de mí mismo, para que me pongan en éxtasis.

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