LA LECTURA, ESE RESPLANDOR [10] ALBERTO MORAVIA

Por Waldo González López

Hoy me agrada presentarles a esta figura italiana, cuyas novelas lo ubican entre las más destacadas de las letras de ese país, durante el pasado siglo.

   Figura central de la cultura italiana entre el decenio 1950-1960,  Alberto Moravia (Roma19071990, cuyo nombre real era Alberto Pincherle— fue un notable narrador y periodista italiano, autor que, sin estudios por padecer de tuberculosis en la infancia, sería recluido en un sanatorio, por lo que se dedicaría a la lectura de los grandes: Shakespeare, Molière, Goldoni, Mallarmé, Dostoievski y Joyce, como aprende francés y alemán.

   En 1925 deja el sanatorio y comienza a escribir su primera obra: Los indiferentes, que no deja indiferentes a los más avezados, quienes lo disfrutan aun más, en la revista 900, en la que aparecen sus primeros cuentos —sobre las dificultades de la alienación en personas atrapadas por las circunstancias— que convencen por su realismo como verosímiles relatos de los italianos en ese tiempo, y en los que, sin duda, influiría el verismo, corriente de fines del XIX, que determinara el camino realista de la narrativa y el cine Italianos.

   Ahí se inicia su representación de la decadencia de la burguesía italiana, durante el fascismo, aunque aun sin la intención crítica que mas tarde adoptaría, pues se trata de una novela existencialista que narra la historia de una familia con comportamiento corrupto que acaban vencidos por su apatía y falta de dignidad. Su segunda novela: Le ambizione sbagliate, es una combinación de novela negra y relato introspectivo, a lo Dostoievski, que no tuvo fortuna.

   Pienso que su gran momento se iniciaría en 1930, cuando comienza su colaboración con La Stampa, dirigida por un narrador que influyera en Moravia y que este cronista descubriera en plena adolescencia, cuando a los 12 años, disfrutara al aun recordado autor de La peste y La sangre: Curzio Malaparte, cuyas obras mencionadas pude leer gracias a las ediciones piratas que aun se podían adquirir a inicios de la Cuba castrista y castrante, mientras iba a Holguin a tratarme con un dentista que, no por apellidarse Rojo, dudaría abandonar su consulta, sus pacientes y el país, como tantos miles de cubanos harían entonces, luego e, imcluso, ahora, en fin, a lo largo de estas 64 décadas de mentiras, hambre e indignidad.  

   En 1933, funda el joven narrador, con Mario Pannunzio, las revistas Caratteri (Caracteres) y Oggi (Hoy), y comienza a colaborar con la Gazzeta del Popolo (La Gaceta del Pueblo), pero el régimen fascista lo censura por la novela La mascherata, una deliciosa sátira sobre las dictaduras sudamericanas y le prohíbe otra, Agostino.

   1935 es el año de su viaje a Estados Unidos, donde imparte conferencias sobre la novela en la Casa Italiana de la Colombia University newyorkina, A su regreso publica los cuentos de L’Imbroglio (1937, El enredo) y para evitar la censura, escribe otros cuentos alegóricos y surrealistas.

   En 1941, se casa con la también narradora Elsa Morante y viven en la isla de Capri —donde, de 1906 a 1913, se instalara Maximo Gorki, el narrador comunista, iniciador del infausto Realismo Socialista en las malhadadas letras soviéticas—. Tras el Armisticio del 8 de septiembre de 1943, la pareja se refugia en Fondi, en los limites de Ciociaria.​

   En 1944, Moravia redactó las primeras páginas sobre la retórica política de entonces. El cuerpo de la obra —que desarrolló trece años después, en un momento de crisis como narrador— describe la difícil y desesperada realidad italiana en la Segunda Guerra Mundial. Con el anuncio de la Resistencia italiana vuelve a Roma; escribe para la prensa, colabora con Corrado Alvaro en Il Popolo di RomaIl Mondo Europeo y, sobre todo, en el Corriere della Sera donde seguirá con sus reportajes, críticas y relatos hasta su muerte.

   Tras la guerra, crecerá su fortuna literaria, con la publicación de sus mejores narraciones. En esta etapa, escribe y publica sus más famosas novelas: La romana (1947), La desobediencia (1948), El amor conyugal (1949) y El conformista (1951).

   En 1952, gana el Premio Strega por I Racconti y sus novelas comienzan a traducirse a otros idiomas. Ese año, Mario Soldati adapta al cine La provincial. En 1954, otro notable realizador, Luigi Zampa, dirige La romana y, en 1955, Gianni Franciolini lleva al cine I racconti romani (con los que Moravia había ganado el Premio Marzotto). En 1960, con la publicación de El tedio, logró el Premio Viareggio.

   En 1953, Moravia funda la revista literaria Nuovi Argomenti (uno de los editores en los que confió la edición de la revista fue su amigo, el notable realizador Pier Paolo Pasolini).

   Asimismo en los ‘50, escribió prólogos para distintas obras, como los 100 sonetos de Belli, la novela Paolo il Caldo de Vitaliano Brancati o los Paseos por Roma de Stendhal.

   A partir de 1957, escribe crítica cinematográfica para la revista mensual L’Espresso, que luego recogería en Al Cinema (1975), tal haria nuestro recordado Guillermo Cabrera Infante, quien, aparte de ser uno de los más grandes y adelantados narradores del siglo XX, y ser la figura  central del Posmodernismo latinoamericano, asimismo fue nuestro mejor crítico de cine.

   Moravia se separa de Elsa Morante en 1962, cuando se va con la joven escritora Dacia Maraini, con quien vive varios años. Viaja a la URSS en los ochenta, en apoyo de la apertura. Y va a Hiroshima en 1982 y, a su regreso, escribe sus experiencias. Representa a Italia ante el Parlamento Europeo desde 1984 hasta su muerte.

   No obstante, se casaría en 1986 con Carmen Llera. En 1990, se le encuentra muerto en su domicilio y, ese mismo año, sale la autobiografía, coescrita con Alain ElkannVita di Moravia, editada por Bompiani.

   Su obra literaria se caracteriza por una crítica frontal a la sociedad europea del siglo xx: hipócrita, hedonista y acomodaticia. Se define por un estilo austero y realista, presente ya en su primera novela, Los indiferentes (1929), que le haría saltar a la fama en Italia.

   En sus escritos son recurrentes el impulso sexual, la alienación del individuo y el existencialismo, movimiento al que se adelanta a los supuestamente creadores, Jean-Paul Sartre y Albert Camus.

   Aparte de sus novelas arriba mencionadas, en conjunto serían llevadas once al cine, como, entre otras: La romana, Cuentos romanos (La giornata balorda), El conformista, El hombre que mira, La campesina, La villa del venerid y El conformista (1951, llevada a la  pantalla grande por el mítico Bernardo Beertolucci en 1970).

  Y ahora les entrego el texto de Alberto Moravia, incluido en mi libro que da título a este serial publicado por Ego de Kaska, desde varias semanas atrás:

SIEMPRE HE PREFERIDO LOS LIBROS CÓMICOS A LOS TRÁGICOS

Es difícil decir quiénes han influido en mis obras. Tal vez, en lo que se refiere a la técnica narrativa, Dostoievski y Joyce… Joyce solo en la medida de que aprendí de él el uso del elemento tiempo ligado con la acción. De Dostoievski obtuve la comprensión de complicaciones de la novela dramática. Crimen y castigo me interesó sobremanera en cuanto a técnica…

   Considero que mis antecedentes literarios son Manzoni, Dostoievski y Joyce. De los franceses me gustan, primordialmente, el siglo XVIII, Voltaire, Diderot y, después, Stendhal, Balzac, Maupassant…

   Voltaire no particularmente… Me gustan mucho Rimbaud y Baudelaire, y algunos poetas modernos que son como Baudelaire… Me gusta Shakespeare. Todo el mundo dice eso, pero es que es cierto, es necesario. Me gustan Dickens y Poe. Hace muchos años traté de traducir algunos poemas de John Donne. Me gustan los novelistas: Butler, ahí tiene usted su hermosa novela: Erewhon.

    Entre los más recientes, Thomas Hardy, Joseph Konrad —que me parece un gran escritor—, algunas cosas de Stevenson, otras de Virginia Woolf. Dickens es bueno solo en Los papeles del Club Pickwick, lo demás no sirve […] Siempre ha preferido los libros cómicos a los libros trgicos. Mi gran ambición es escribir un libro cómico, pero, como usted sabe, eso es lo mas difícil de todo. (¿Cuántos hay? ¿Cuántos puedo mencionar? No muchos: Don Quijote, Gargantúa y Pantagruel (Rabelais), Los papeles del Club Pickwick (The Pickwick Papers), El asno de oro (Apuleyo), los Sonetos de Belli, Las almas muertas (Gogol), Boccaccio y el Satiricon… ésos son mis libros ideales, Daría todo por haber escrito un libro como Gargantúa y Pantagruel).

   Mi educación literaria […] ha sido en su mayor parte clásica: la prosa y el teatro clásicos. Los realistas y naturalistas no me interesan mucho.

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