La «intriga» y la diferencia de ser

Por Mireya Trutié

 Una historia de la manera de cómo actúa el hombre moderno bajo el fraude del historicismo (que es la manera también de soñar despierto). No dejen de leerlo. Uno de los libros sabios del siglo XX. Con él te puedes dar perfectamente cuenta cómo y por qué la mayor parte de la literatura actual (sobre todo la de tema existencial) es una empenta maquinación del historicismo.

Por «maquinación» se entiende el hacer silencio y ocultar la esencia fatal la historiografía en pose de intrigas. El Ser ni es sujeto, ni es Yo, ni es ego. Esas son formas de intrigas. Pero eso los deseosos de la realidad y los cercanos a la vida (los modernos) no pueden captar lo que hay en el fondo.

Debido esa intriga, lecturas sobre el libro de Los siete pilares de la sabiduría se limitan solo a amplificar las descripciones de los sucesos, de Arabia y la psicología y vivencias del autor sin darse cuenta hacia donde apunta el norte de la obra. Lo que la obra quiere que suceda no son los sucesos históricos, las crónicas que cuenta, sino que se superen los enredos por parte de la diferencia de ser en una desazón (a sabiendas ajeno a lo que sucede) de sus maneras de sujetar y embrujar.

Por eso, lo real constituye la dimensión del objeto de la cosa en forma de representación, y debido la vida no es más que esa dimensión situacional de la cosa humana que se le superpone. Ir dando tumbos por lo del objeto y lo situacional, como si eso fuera una totalidad, que siempre se puede acondicionar y que hace que toda práctica y todo manejo se rebasen a sí mismos, hace también que todo (sin hacer distinción de rango y a discreción) llegue a ser «suceso histórico», crónica narrada.

La instauración sin condiciones de esta historia en sucesos que cuenta Lawrence en Los siete pilares de la sabiduría da prueba contundente de la consumación del historicismo (positivismo) y de la diferencia de ser en el mundo moderno. Casi todas las narrativas escritas hasta hoy forman parte de esa consumación. De entrada, Lawrence advierte al lector de:

«El cese de sir Henry McMaho me confirmó en mi creencia sobre lo inicialmente insincero de nuestra posición, pero no puede explicárselo así al general Wingate mientras duró la guerra, ya que nominalmente me hallaba bajo sus órdenes y el no parecía darse cuenta de cuán falsa era su propia posición. Lo único que me quedaba era rechazar cualquier recompensa por mi exitoso papel de engañador y, para evitar la ocurrencia de desagradables sorpresas, empecé en mis informes a ocultar la verdadera historia de los hechos, y a persuadir a los pocos árabes que se daban cuenta de la situación de guardar idéntica reticencia».

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