La «Hacienda» (complejo sociocultural cubano)

Por Ego de Kaska

En la bruma de los años más terribles del llamado periodo especial, en 1994, apareció en la escena literaria cubana el Premio Pinos Nuevos cuyo concurso, a partir de entonces, se destinaba a publicar autores inéditos o autores publicados con un solo libro en el género de poesía, cuento, novela, testimonio, ensayo, crítica, investigación y teatro. Dos años después de la primera edición del concurso, en 1996, el premio ensayo fue otorgado al texto titulado La hacienda de Bayamo (Inédito desde 1992), una suerte de investigación histórica regional sobre el siglo XIX cubano.

En realidad, se trataba de los cimientos de una investigación histórica dentro del espíritu positivista de la historiografía cubana, con el objetivo de proporcionar una versión al panorama de la problemática histórica nacional. Tal y como Moreno Fraginals hizo del Ingenio un complejo sociocultural en el marco del sistema de plantación esclavista, La Hacienda se propone algo diferente: una unidad agraria, de esclavitud patriarcal que produce en el siglo XIX un sistema de relaciones culturales, vinculantes, cuyas tendencias y particularidades definen una región histórica-cultural de espíritu patriarcal corte paternalista y de esclavitud y arrendamiento.

A diferencia del Ingenio y el Cafetal, la Hacienda tiene la virtud de un módulo polivalente, con base en una estructura productiva que constituye un ensamblaje (ingenio, la vega de tabaco, el cafetal, la estancia para cultivos menores y el potrero, cría de ganado vacuno), cuya relaciones producen para una economía autosuficiente y una distribución autárquica (reproducible) de la hacienda en una temporalidad para el Ser distintiva. Hasta 1868 la haciencracia del patriciado criollo, clase social influyente, había configurado una mega región que lograba abarcar los territorios Bayamo, Manzanillo, Tunas, Holguín y Camagüey.

En fin, con la noción Hacienda se abre el marco para una teoría sobre la regionalización histórica de la cultura cubana en el siglo XIX. Como dichas implicaciones históricas y culturales presentaba en el devenir de la región en Cuba, la Hacienda se propone además incorporar al socorrido núcleo del contrapunteo del azúcar y el tabaco una tercera directriz de investigación y competición, o una tercera temporalidad del Ser cubano en el periodo colonial.

Desde luego, Fernando Ortiz desconocía esta tercera posibilidad, que de llegar a conocer hubiera variado su hipótesis acerca de la transculturación. Hoy sabemos que, en la conquista del espacio cubano anunciado por Juan Pérez de la Riva, la Hacienda constituye la primera impulsión social en la creación de pueblos y culturas locales en cuyos lugares zonas, regiones, brotaron los movimientos reformistas e independentistas más radicales de Cuba.

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