Culología en «Hígado al ensayo»

Por Angel Callejas

La constatación de que el discurso literario, tanto dentro como fuera de Cuba, está atrapado en una envoltura ideológica prenatal puede ser evidenciada mediante un análisis minucioso de su gramática, incluyendo su escritura, estilo, sintaxis y borradores. Este enunciado capta la esencia del ensayo Hígado de Alfredo Triff, pero sería injusto no profundizar en la caída y la experiencia que atraviesa la escritura ensayística, así como en los acontecimientos que se despliegan a lo largo de su libro. Me refiero al proceso digestivo de la gramática, una cuestión que Wittgenstein plantea: ¿puede la gramática constituir una forma de vida, un modelo, una ascesis para un entrenamiento subversivo?

El trasero, como metáfora corpórea de la escritura, abre un espacio novedoso en la comprensión de nuestro destino, aquello que defecamos y hacia dónde nos dirigimos. ¿A qué vertedero hemos expulsado el discurso? Sospecho que el discurso cubano atraviesa una serie de derrotas sucesivas antes de ser experimentado por el escritor en movimiento. No creo que haya vuelta atrás, considerando que la expresión destino (la gramática del destino) queda suspendida en medio de lo indefinido, lo inhóspito y la inseguridad. Cada escritor defeca lo que es.

¡Oh, Alfredo, eres un hígado! Así se manifiesta el toque provocador del autor en este jocoso ensayo. Debo adelantar que en la escritura cubana existe una falsa conciencia, pues casi todo se reduce a un discurso presumido, a la grandiosa obra, a una demostración hechológica donde los verdaderos fenómenos reales quedan relegados bajo la abrumadora presencia de un discurso metafísico y redentor de naturaleza inmanente y escatológica.

Hasta donde alcanzo a entender, Hígado al ensayo es un curioso trabajo dentro del marco de la filosofía analítica, que examina minuciosamente la gramática política y literaria cubana, considerada por este hígado como mucho más importante que cualquier esencialismo positivista en relación con la verdad histórica. En resumen, a Triff no le interesa la investigación histórica ni la arqueología de los objetos, sino el análisis del lenguaje, especialmente el lenguaje común que considera vulgar.

Lo más curioso es que Hígado al ensayo implica una separación íntima e irónica de la cultura del ensayo. Triff propone alejarse de la vulgaridad, del discurso establecido (que Adolf Loos llamaba ornamentación) y sugiere una separación gramatical de la cultura corrompida. Destaco tres puntos fundamentales en esta lógica de la vulgaridad, que a su vez es sinónimo de culología:

  1. Gramática del mito.
  2. Gramática de lo perdido.
  3. Gramática de lo superfluo.

En cada caída, en cada descenso sobre el discurso de la cubanidad, esa expresión contaminada, se presentará una prueba y un trabajo para cambiar la lógica de la mente por la del cuerpo, ya que el objetivo es establecer cierta separación entre la basura de la forma de vida crítica y visceral.

Pronto nos ocuparemos de la culología como un análisis gramatical. Sin embargo, desde hace tiempo, el discurso de la cubanidad desprende un hedor insoportable, como Alberto Lamar nos sugirió sutilmente en un ensayo interesante pero poco leído sobre la crisis del patriotismo en 1929. Coincido con Triff en que la crítica cubana se queda a medio camino de saber cómo representar un análisis que determine qué constituye una orden cultural, una separación entre contenido y forma.

En el momento del aterrizaje, durante la caída en la que se produce el inevitable contacto con la basura gramatical del discurso cubano, te encuentras cara a cara con el mito descarnado y voraz, la herencia intelectual de la ontología martiana (la base hegemónica del discurso dominante), el positivismo de Varona (el ciego que critica al ciego), el funcionalismo patriótico marxista, la teoría crítica (la causa de la dialéctica perversa), y también el orteguismo circunstancial de la filosofía cubana que establece una pauta permanente mientras los muertos entierran a los vivos.

El martillo de Nietzsche nos recuerda que estamos golpeando la pared. Estos ensayos son intempestivos. Su escritura familiar y reductiva, en forma de guerrilla, ataca a su presa con un sentido irónico. Le saca la basura. En lo perdido hay un intento de reconstruir un pasado elegante y nostálgico. Hay gramática que bien podría preservarse y secularizarse. Me refiero a «Guía de turismo«, que se desmarca del estilo culológico de la cultura patriótica e independentista.

Y existen excedentes sutiles porque el autor impone su labor de secesionista. Hay una gramática crítica que intenta establecer órdenes, estados disciplinarios peculiares para llegar a tener la capacidad de alzar el dedo medio. ¿No fueron los ingleses, con su filosofía pragmática, quienes ganaron la batalla contra los estructuralistas discursivos franceses?

Todo parece indicar que Hígado al ensayo, que es un espíritu secesionista perfecto, ha ganado la batalla contra la culología cubana. Comencemos tomando notas, ya que un evento de esta naturaleza escritural puede atribuirse perfectamente a personas que no están manchadas. Al menos eso es lo que he entendido de la precisa ironía con la que Triff ha abordado el problema de la culología.

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