La encrucijada de la izquierda intelectual cubana

Por Humberto Castro-Cruz

Es la tarde del 25 de julio y sigo las manifestaciones de cubanos exiliados. A la de Washington, asisten también muchos artistas e intelectuales cubanos, algunos-bastantes de los que se asquean de Alex Otaola. No alcanzan a entender que el chanchullero incendiario, el Santo de Hialeah, fue más inteligente que ellos y les robó el protagonismo y el poder de convocatoria hace mucho tiempo. Entonces miro sus páginas, leo sus opiniones, lo que publican y salta a la vista que no aterrizan en que la rebelión en Cuba ya tiene tanta repercusión y consecuencias como la caída del Muro de Berlín.

Coco Fusco se enreda en un debate, al quejarse de que en la foto de la manifestación en París hay un cartel con una swástica. No entiende razones de Enrique del Risco y otros participantes que le explican que el cartel la iguala a la hoz y el martillo, que es moralmente inaceptable que el fascismo sea proscrito y el comunismo, con muchos más millones de víctimas, aun tenga gobiernos en funciones y partidos legalmente reconocidos. Termina exhibiendo su curriculum vitae y pedigree en la lucha por los derechos humanos, como en entrevista de empleo y descalificando a los pobres y vulgares neófitos que han osado aleccionarla. Su muro exhibe artículos de variadas tendencias, incluyendo al renegado Vargas Llosa. Publica una entrevista del 15 de julio que critica lo erróneo de la reacción inicial de Black Lives Matter, pero hace silencio ante el obtuso servilismo con la tiranía castrista en los comunicados posteriores.

Enfrentarse a BLM requiere de ella, por supuesto, mucho más coraje que ofenderse por una infame swástica. Entonces voy a la página de la Profesora Odette Casamayor, la Cimarrona en el Palenque del Siglo XXI, que publicó sendos y ultra dramáticos artículos a raíz de la muerte de George Floyd y dijo temer que su hijo negro fuera asesinado por un policía blanco, como si vivieran en un gueto afroamericano de Plan 8, saturado de drogas y pandillas armadas hasta los dientes. Pone un bonito cartel que dice: Cuban Lives Matter, pero tampoco se atreve a criticar que a BLM, ni le importan los negros cubanos, ni quieren mencionar la represión en Cuba.

Tampoco critica la insultante apología sobre las bondades del “socialismo cubano” de Nikole Hannah-Jones, la líder del Proyecto 1619, un bodrio de puro racismo inverso, citado fervientemente como fuente académica confiable. Odette juega con la cadena, pero deja al mono tranquilo. Rafael Rojas, el camaleón hermano del bravucón Ministro de In-Cultura, escribe represión, pero se le entume la mano para escribir Libertad y Democracia. Volviendo a Washington, el Estornude Mayor, Carlos Manuel Álvarez, publica un post donde sangronamente, en su impostado papel de enfant-terrible-que-no-le-pega, describe a desdentados cubanos con tatuajes, balseros con barrigas de cerveza y cubanas con culos puestos y licras apretadas, marielitos, etc. Los pioneros del pueblo hablan así, como la gente-el-barrio.

Después se rasga las vestiduras y se pregunta “en que se ha convertido mi país?”, como si la barbarie fuera nueva. Días antes, mientras el mundo trataba de entender el levantamiento, participa en un chat junto a varios carcamales diletantes de la izquierda latinoamericana, donde narran el safari de sus devaneos con el Castro-Guevarismo y ahondan en descubrir el café con leche de sí en Cuba hay o no una dictadura opresora y asesina. A estas alturas del partido, señores. Un artículo de Mónica Baró, bien intencionado sin dudas, apuesta ingenuamente a darle un voto de confianza a Silvio Rodríguez para que “hable con el poder” y se libere a los presos. ¿En serio? Se olvida de que El Unicornio susurro imperceptiblemente en el acto de repudio a Mike Porcel, que firmo la carta avalando el fusilamiento de tres jóvenes (negros o del color que fueran) por tratar de llevarse una lancha, entre otra larga lista de condecoradas y repugnantes abyecciones.

Silvio Rodríguez no habla por sí mismo, solo repite lo que le ordena el oficial superior de la Seguridad del Estado a la que siempre ha pertenecido. Mónica vuelve a la tesis del diálogo y la transición pacífica. Diálogo es negociación, trueque, pero ni Mónica, ni Tania Bruguera, ni nadie hasta ahora, tienen la más remota idea de que les van a ofrecer a los sátrapas en ese supuesto diálogo para que, como buenos niños, abandonen cantando el poder absoluto y todos sus privilegios y le pongan una alfombra roja a la democracia en Cuba.

Si la tienen, no la dicen, y eso huele a pescao. Si no la tienen, son sumamente irresponsables y tomo la oportunidad para volver a preguntarles:¿Ese diálogo incluye, a cambio de su retirada voluntaria del poder, ofrecerles inmunidad a los criminales, represores, violadores de todos los derechos y chivatos que pululan en la satrapía isleña? ¿No habrá investigaciones por los cientos de millones robados al patrimonio nacional, las empresas y cuentas off-shore, la vida opulenta de los jerarcas, sus vástagos y testaferros, ostentada descaradamente mientras el pueblo cubano muere de hambre y falta de medicamentos en hospitales asquerosamente insalubres?¿Con qué derecho se creen para hablar por las familias de las víctimas de los fusilamientos sin debido proceso, las ejecuciones extrajudiciales, las torturas, el derribo de los Hermanos al Rescate, los muertos en las golpizas de los actos de repudio del 80, el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo, Río Canimar, El Maleconazo y otros tantos y tantos crímenes y abusos durante seis largas décadas?

Esa postura Gandhi-Tropical de la hasta ahora conocida oposición, fue barrida el 11-J por el pueblo que se tiró a las calles y por la represión del régimen. A los opositores pacíficos, se les fue el tren con el equipaje dentro. No se dieron cuenta de que los sátrapas los fueron desmoralizando con un jueguito de arrestos express de algunas horas o días sin condenas de cárcel, huelgas de hambre mediatizadas interrumpidas y reclusiones domiciliarias arbitrarias, pero sin violencia extrema. Una burla de gato a ratón cazado, un desgaste moral y asesinato de credibilidad al que no reaccionaron a tiempo y el pueblo reacciono por ellos.

Personalmente, me preocupa mucho la filiación ideológica de izquierda de estos intelectuales y su olímpica desconexión con el cubano de aquí, de allá y acullá. Se supone que son nuestra vanguardia pensante. En cuanto a los más jóvenes, esos que se ridiculizan a sí mismos destruyendo el español con “amigues” y otras cheancias modernas para ser “inclusives”, que desean con ignorancia atroz el “modelo socialista nórdico” para un país caótico, pordiosero y prehistórico como Cuba y que atacan histéricamente al “patriarcado” occidental, pero no dicen una puta palabra de los abusos horrendos que sufren las mujeres en el mundo islámico, su comunión con la agenda de la izquierda mundial es comprensible.

Son el producto de las facultades universitarias castristas del post-periodo especial, donde fueron amamantados hasta el vómito de marxismo y aderezados con todo ese bagaje neo-izquierdista que les pareció contestario-avant-garde. Cuanto subestiman a la maquinaria ideológica del engendro; Como dirían los reparteros, les dieron del bueno envenenao y les gustó.

Ya graduados, sus contactos internacionales, el apoyo profesional y financiero de sus actividades, las invitaciones a eventos, becas, etc., vienen de instituciones de izquierda, porque la derecha no se entretiene en esos menesteres, ni tiene ningún interés en la falacia cultural de la Cuba comunista. Prueba de lo que digo, es ver con horror como estos jóvenes, cultos, inteligentes y mejor informados que la media de la población cubana, confiesan cándidamente que a la altura del 2012 (repito: Dos-Mil-Doce) aún creían que la Revolución cometía “errores”, pero era un proyecto humanista válido. Eso escuchábamos en la Universidad de La Habana al final de los 80, cuando mi generación creía exactamente lo mismo y esperaba que Fidel Castro se convirtiera por arte de magia en una matrioshka rusa, cuya última figurita fuera un Jotavich reformista vestido de verde olivo perestroiko. Entonces, la pregunta obligada es: En que lejana Galaxia han estado los padres de estos jóvenes de 1986 al 2012, (o el presente), para que la vergonzosa ignorancia histórica de sus hijos tenga décadas de antigüedad. Por Dios.

No, mis querides y omnisapientes konsomoles; Nuestro país no “se convirtió” en esto. Lo que han visto, los disparos a civiles, los jóvenes reclutados a la fuerza para caerle a palos a sus vecinos, la represión de las boinas negras, las golpizas brutales de policías embrutecidos y arrogantes, los chivatos con ínfulas de esbirros, y los juicios sumarios sin debido proceso, ya ocurrió antes y muchas veces. Lo que nunca había ocurrido en toda la historia de Cuba, es un levantamiento popular masivo y espontaneo contra un gobierno aun en funciones, pero la única diferencia entre esta represión y la de capítulos anteriores, es que nunca había sido documentada, transmitida en vivo y difundida como pólvora a través de las redes sociales, pues la satrapía era dueña absoluta del monopolio de la información.

El coqueteo bolchevitsky (y/o la militancia sincera o fingida) de la generación intelectual más ocamba, la de Coco Fusco, Casamayor, Bruguera que se va a Harvard y la inmensa mayoría de los intelectuales y artistas cubanos, tiene otro origen y entuertos. Ellos saben de memoria todo lo que describo arriba, vieron el estrepitoso derrumbe de Europa del Este, la implosión de la URSS, las revelaciones de los crímenes de Stalin y otros sátrapas, el horrendo fracaso de la sociedad cubana, los actos de repudio, los crímenes y la debacle del Socialismo del Siglo XXI de Chávez. Pero todo eso, por supuesto, ha sido culpa de la derecha neoliberal y del capitalismo opresor y salvaje. Y del bloqueo.

Por suerte, todos también sabemos que desde su origen, la izmierda ha hecho dos jugadas magistrales: Secuestrar el concepto del bien y la justicia social como un Robin Hood pandillero y chantajista, y controlar casi todos los espacios culturales, artísticos y académicos bajo el mantra de que solo a la zurda existe creatividad, humanismo y progreso.A partir de ahí, la izmierda a metastizado hasta el tuétano en el mundo “académico”, donde controla no solo los nombramientos y promociones, sino literalmente todo. Entonces, además de ser inclusives y tener que jurar que Estados Unidos es sistémicamente racista, machista, homofóbico, imperialista, fascista, etc., etc. hay que chuparse los retratos de Fidel Castro y el Che Guevara, no contradecir a quienes no fallan en poner la coletilla del embargo y contribuir hipócritamente a la versión del ideario utópico de la Revolución Cubana, al chovinista orgullo de la Crisis de los Misiles y del David comunista frente a Goliath-Tio Sam.

O sea, un asco de complicidad con afianzar el más perverso mito de la historia contemporánea de este hemisferio y enseñar, o dejar que a los estudiantes se les enseñe, tal aberración ideológica, histórica y moral. El régimen comunista cubano casi murió, pero aún agoniza. Todos sabemos que no podrá sobrevivir a que los cubanos hayan perdido el miedo, ni a que el mundo haya visto la salvaje represión ejercida sobre los manifestantes, sin importar cuantas firmas de fanáticos, lunáticos, escleróticos y oportunistas sean reunidas y publicadas con mucho gusto por el New York Times.

Cuando exhale su último estertor, la izquierda mundial, no solo Latinoamericana, se quedará sin referente. Ya no habrá mito libertario impedido por el bloqueo imperialista, ni alternativa a la inmunda derecha oligárquica. Habrá entonces, que volver los ojos hacia el Oriente y aprender chino o vietnamita, porque el nor-coreano es muchísimo más difícil de digerir y ellos lo saben.

Ya es hora de que la intelectualidad cubana aterrice en la realidad y entienda algunas cosas básicas. No existe ninguna oportunidad de que haya un diálogo. Simplemente porque los sátrapas tienen demasiadas deudas con la justicia y mucho que perder para irse por las buenas, y porque el pueblo cubano no tiene nada que ofrecerles, ni va a aceptar que haya impunidad con los crímenes y los abusos y arrasara también con aquellos que traten de propiciarlo, considerándolos cómplices o traidores. El exilio histórico, el de los Plantados, el de los gusanos a quienes silenciaron y tacharon de viejitos extremistas y radicales rencorosos, siempre tuvo razón. La ignominiosa cantidad de chivatos, represores y agentes del régimen, activos y retirados, y de hijos pródigos de la nomenclatura paseándose descaradamente por Miami, los revindica. Ya la purga ha comenzado y puede alcanzar con justificada razón a quienes han cooperado, voluntaria o involuntariamente, con la tiranía desde la academia y las artes.

No incluyo a los lacayos de los repugnantes videos del MINCULT, porque han cometido un harakiri moral de proporciones épicas y ya están difuntos, de camino al último círculo del infierno. La izmierda toda, política, intelectual, académica, ha firmado su sentencia de muerte ante los cubanos con su complicidad con la tiranía, ya sea el apoyo explícito o el silencio. Seguir asociándose con esa lacra es sencillamente suicida. El 11-J demostró cuan irrelevante es la intelectualidad cubana. El levantamiento, y la pelea dura, los protagonizaron los guajiros de San Antonio de los Baños y de muchos pueblos y ciudades de provincia, la chusma repartera de Regla, la Guinera, el Canal del Cerro, La Lisa y otros tantos barrios pobres de La Habana, Santiago de Cuba y otras urbes de la Isla, los reguetoneros, los jóvenes marginales, poco instruidos y vulgares, quienes los escandalizan cuando dicen Oe Policía Pinga. Esos son los héroes auténticos del 11-J.

Al pueblo cubano, al de verdad, al de Cuba y del exilio, la sola idea de la izquierda, después del sufrimiento de 62 años de tiranía comunista, le resulta sencillamente repugnante. No se mareen. Si no se ponen las pilas y bajan de esas alturas académicas, se enlazan con el pueblo y condenan consistentemente al régimen y su perversa ideología, terminaran (peor que ahora) leyéndose entre ustedes como una tribu aislada, aplaudiéndose recíprocamente y cayéndose a likes y repitiendo el cursi: “Te abrazo”.

Podrán entonces renunciar a sus cátedras y entregarle un Doctorado Honoris Causa al Santo de Hialeah.

Mientras tanto, hoy es 26 de julio.

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