La Cuba eterna, ayer, hoy y mañana

Por Waldo González López

«La patria no es la caterva de malvados que hoy la tiraniza, sino el pueblo sano de ambas orillas que ansía recobrar su albedrío y progresar con dignidad.»

«Cubanía no es solo apego a las bellezas de la isla; es también devoción a las grandezas de la patria.»

                                        Néstor Carbonell Cortina

Entre las genuinas figuras del exilio descollaría, desde sus inicios, Néstor Carbonell Cortina, quien fuera relevante ensayista, historiador, abogado, orador y ejecutivo de empresa.

Más, mi faceta preferida es la de historiador, en la que descuella por su breve, pero importante bibliografía, de la que he seleccionado el volumen (cuyo título encabeza esta nota) que adquirí, recién llegado el primero de julio de 2011 a la Miami del exilio, en la recordada Librería Universal.  (Hago un breve aparte sobre esta emblemática librería, fundada en 1965 por el valeroso dirigente estudiantil, luchador contra la dictadura de Fidel Castro y exiliado político Juan Manuel Salvat, quien en 1975 la instalaría en la calle Ocho y la avenida 31, cuyo inventario con textos para estudiantes, literatura, cultura y análisis internacional, acumulara mil 600 títulos publicados por su firma. Por fin la cerraría en 2013, dejándonos como herencia la ineluctable memoria de aquel tiempo entre los miles de lectores que disfrutamos de ese añorado centro cultural, que llenara las expectativas políticas y culturales del exilio, guiadas por Juan Manuel Salvat durante varias décadas, en las que expandiera la verdad histórica y cultural de las dos orillas, y que muchos extrañamos. Gracias a esa prestigiosa institución yo formaría mi Biblioteca del Exilio con libros de poesía, ensayo, narrativa, arte e historia, necesarios para conocer el acontecer/devenir de la Patria, desfigurado por el falaz castrismo.)   

Publicado, en su Colección Cuba y sus Jueces, por Ediciones Universal ―y dedicado «A LA CUBA ETERNA, que habrá de resurgir, con toda su nobleza y sus bríos, cuando rompa las cadenas que la oprimen, recobre su sentido y respire la libertad…»―, en sus 297 páginas vibra la martiana prosa del recordado estudioso Néstor Carbonell Cortina, quien dedica sus antológicos textos a evocar a sus colegas que, como él, forjaron el exilio durante los iniciáticos ‘60s en Miami, por cuya riqueza es denominada, con acierto: «La Capital de Latinoamérica».

Bien define al autor otro avezado intelectual del exilio, Octavio R. Costa, en su prólogo a «Raíz y ala de Néstor Carbonell Cortina»:

[…] la dinastía de los Carbonell está vigente en el Néstor de nuestros días. Él es la culminación de varias generaciones: la del bisabuelo Néstor Leonelo, la del abuelo José Manuel, que se incorporó a la Guerra del 95 y que en la República se destacó brillantemente como poeta, orador, diplomático. La de su padre, abogado, legislador y tribuno cuyo nombre repite. Y la suya. 

Por su hondo y esclarecedor contenido, el original e inspirador volumen es de referente consulta. En consecuencia, apenas los lectores se adentran en sus páginas, constatan el espíritu y la esencia de la cubanía que desborda, mostrando los años, los días y las horas de tantos patriotas que han luchado y luchan contra las hordas castristas en la aún vejada Isla Gulag.

En su «Introducción», Carbonell define su volumen como un «breviario de oraciones, cantos y reflexiones», pero asimismo ―añade el cronista― resulta un lúcido haz de ensayos, discursos y estampas, en los que se verifica su íntimo vínculo con el exilio durante décadas, como su sagaz discernimiento histórico de la Isla Cárcel, que debiera abandonar como tantos ante el peligro de ser encarcelado por la dictadura.

Dividido en tres secciones ―«Glorias del pasado», «Luces del presente» y «Esperanzas del futuro»― Cuba eterna… constituye un enaltecimiento a las pasadas glorias, recientes luces y futuras esperanzas que han mantenido vivas la difícil existencia de nuestro infatigable exilio.

De tal suerte, ya en la primera parte, aborda, en «Cubanía de los Desterrados de Ayer», los grandes nombres fundacionales de José María Heredia, José Agustín Quintero, Miguel Teurbe Tolón, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Félix Varela, José Antonio Saco y, por supuesto, el Mayor José: Martí, a quien además le dedicará el siguiente capítulo: «La Vía Dolorosa de José Martí» y, para concluir esta sección, «El Ejemplo de los Próceres».

En el acápite segundo, «Luces del Presente», descuellan varios trabajos, en primer lugar, el clásico «Diálogo entre Dos Repúblicos: Ferrara y Cortina», ejemplo de fraternal coloquio a la manera socrática, creado por Carbonell con 24 cartas cruzadas durante años en el exilio entre ambas figuras históricas y, a un tiempo, colegamigos: el italiano Orestes Ferrara, que, por su amor a nuestra Patria, entre otros méritos, alcanzara el grado de coronel del Ejército Libertador, y el cubano José Manuel Cortina (abuelo del autor), quien, entre otros reconocimientos, presidiría la primera FEU y la Delegación de Cuba a la Liga de las Naciones. Sobre este perspicaz texto, comenta el autor:

Poco después del fallecimiento de Cortina, en 1970, revisé su archivo de correspondencia y encontré unas 24 cartas que él y Ferrara se cruzaron en el exilio. Tanto me conmovieron esas epístolas, por su contenido filosófico y su tono de íntima hermandad, que decidí ensamblarlas y publicarlas en 1972.

Inspirado en los diálogos socráticos, extraje los párrafos más relevantes de las cartas, sin seguir un orden cronológico, y los agrupé por tema en forma de coloquio. Fue una labor difícil de pespunte, balance y contrapunteo, pero creo haber logrado que el diálogo fluyera libremente sin tener que alterar los textos seleccionados.    

Le sigue, la que acaso resulta la mejor subsección de esta segunda parte: Los «Medallones» ―título retomado… ¿o robado? en algunos de sus libros por el oficialista y ex director del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo―. Aquí reproduce los 10 incluidos en su volumen Por la libertad de Cuba-Una historia inconclusa, a los que añade nueve, todos reunidos aquí ―acertado haz― en tanto adhiere, junto a emblemáticos íconos del exilio, a otros valientes luchadores que día a día se enfrentaron y enfrentan al castrismo.

De tal suerte, entre los primeros resaltan patriotas de alta valía, tales José Manuel Carbonell, José Manuel Cortina, Enrique Arango Romero, María Gómez Carbonell, Néstor Carbonell Andricaín, Laureano Batista Falla, Carlos Márquez Sterling, Manuel Antonio (Tony) de Varona, Esther Cortina de Carbonell; el excepcional poeta Gastón Baquero, Alberto Gutiérrez de la Solana, el «líder excepcional» Jorge Mas Canosa, el Cardenal John O’Connor, el cofundador con su hermano del Diario Las Américas y ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa Horacio Aguirre; Porfirio (Piro) Pendás, Octavio R. Costa, la célebre Celia Cruz y Luis Botifoll.

La continúa la sección cuatripartita: «Cubanía de los Desterrados de Hoy», «Evolución de la Resistencia», «Clarinada de Biscet en Prisión» y «El Histórico Mensaje de Martha Beatriz Roque», breve pero esencial conjunto de textos en los que ―desde la perspectiva del lúcido autor y su pensamiento cubano y anticomunista― pasa revista a la situación de Cuba desde los inicios del exilio hasta los de esta centuria, poco antes de publicar este invaluable volumen, en el 2004.

En «Cubanía de los desterrados de hoy», afirmaría con certeza, acaso previendo/imaginando el horrible presente de nuestra patria aherrojada por los continuadores de la tiranía:

El destierro masivo que, desde el comienzo de 1959 y, en oleadas, ha provocado el régimen de Castro, no tiene precedentes ni en Cuba ni en el resto de las Américas. Ni se trata de la consabida persecución de adversarios políticos obligados a exiliarse por un dictador. Se trata de una extirpación genocida que ha abarcado todos los estratos sociales y ha dado lugar al éxodo de cerca de un millón y medio de cubanos […] Un éxodo en las condiciones más adversas: las familias divididas ―muchas enlutadas por la sanguinaria crueldad del régimen; el hostigamiento continuado, las pertenencias perdidas, y los nexos con la isla cercenados.    

Tras esta suerte de Introito, inicia un bojeo por los poetas que acusaran la temible/terrible irrealidad de nuestra Patria, y pone en primer lugar a Mercedes García Tudurí, de quien transcribe su «Destierro»: «Árbol desarraigado que la tormenta quiso / arrastrar a otras playas, ¿por qué clama tu amor?, / ¿por la tierra añorada que soñó el paraíso / o por el paraíso que la tierra soñó?»

Asimismo, otros nombres de las letras señalaron el abuso, la maldad y otras desgracias provocadas por el castrismo/comunismo. Son los casos,  entre otros, de los poetas: Ana Rosa Núñez, Rafael Esténger, María Gómez Carbonell y Luis Mario, como los relevantes Gastón Baquero, Heberto Padilla, Ángel Cuadra y María Elena Cruz Varela, sin olvidar los decisivos narradores Reinaldo Arenas, Zoé Valdés, Armando Valladares y Huber Matos. 

Son significativos también los aportes a la divulgación hist rica, realizados por Carlos Márquez Sterling, Leví Marrero, Lydia Cabrera, Herminio Portell Vilá, Carlos Ripoll y, sobre todo, el polígrafo Enrique Ros, sin olvidar el importante papel que entrañara la Cruzada Educativa Cubana que, fundada por María Gómez Carbonell, presidiera Vicente Cauce, y en la que descollara el humanista Juan J. Remos.

Tampoco olvido al ya mencionado Botifoll y la Editorial Cubana, ni a Alberto S. Bustamante y Armando Cobelo, con Herencia Cubana, como tampoco a Elio Alba Bufill y el Círculo de Cultura Panamericana; Rafael Peñalver y el Club San Carlos, de Cayo Hueso; José Ignacio Rasco y el Instituto Jacques Maritain; Camilo Fernández con ProCuba en New Jersey y, por supuesto, Esperanza Varona y la extraordinaria Colección de la Memoria Cubana.

Mas, de ningún modo, omito un lamentable acontecimiento que evoca, en su prólogo, Octavio R. Costa: bajo la prometida solidaridad del presidente Kennedy, un amplio grupo de cubanos exiliados, tras larga preparación, acomete un hecho histórico: la invasión de Bahía de Cochinos, frustrada por la traición del malhadado gobernante, quien provoca, con su cobarde actitud, la Crisis de Octubre con las negativas consecuencias que sufre la causa de la liberación de Cuba.  

La alevosa actitud del gobernante ―recordado por su desenfrenado erotismo y su aventura con Marilyn Monroe― no lograría frustrar del todo el enfrentamiento al castrismo, tal se demuestra de entonces a hoy, cuando el pueblo, lanzado a las calles, lucha por la libertad en medio de la hitleriana hambruna a que lo tiene sometido el despiadado régimen,  llegando a encarcelar a adolescentes.

Por ello, tal evidencia en «Evolución de la Resistencia», Carbonell Cortina, a inicios del nuevo siglo, aún soñaba con los necesarios cambios en nuestra patria pisoteada por el castrismo. Tras evaluar con acierto que las circunstancias y actitudes del exilio y la lucha interna han cambiado ―sin lograr derribar la sangrienta dictadura, hoy conducida desde su bunker por el segundo Castro, aunque quien dé la cara es el impuesto títere… ¿delfín?: Miguel Díaz Canel―, por estas páginas se corroboran la dignidad, la cubanía y la firmeza de este preclaro cubano, quien homenajea a irredentos patriotas en un honroso pase de lista de los que, en las dos orillas, lucharon y luchan por la libertad.

En consecuencia, aparecen en estas: Pedro Luis Boitel, Tony Varona; los cuatro mártires de Hermanos al Rescate (recordada organización que, fundada por José Basulto, salvara numerosas vidas que huían del Inferno castrista); el «Comité Cubano Pro Derechos Humanos» (creado en 1976 por Ricardo Bofill y Marta Frayde); la «Declaración de los Intelectuales», suscrita en 1991 por Fernando Velázquez Medina, María Elena Cruz Varela, Roberto Luque Escalona y otros; el «Concilio Cubano» de 1996 y el Manifiesto «La Patria es de todos», emitido en 1997 por el grupo liderado por Martha Beatriz Roque, sin olvidar el «Movimiento de las Bibliotecas Independientes», fundado y esparcido por Ramón Colás, y la «Agrupación de Periodistas Independientes», guiada por el también poeta Raúl Rivero, ya fallecido en Miami, donde residiera durante los últimos años.     

Cuando el Proyecto Varela ―concebido en el 2001 por el patriota Oswaldo Payá― tomara cuerpo en el 2002, con la solidaridad de un referéndum, respaldado por 10 mil firmas, que buscaba democratizar el régimen, discreparían destacados lideres de la oposición radical, entre los que resaltan: Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano y el «Recio Paladín de la Resistencia Cívica»: Oscar Elías Biscet, creador de la Fundación Lawton, encarcelado durante tres años por el castrismo.

Carbonell Cortina muestra en el libro su apoyo a las causas de Biscet, de quien afirmara:

Antes de ser encarcelado nuevamente, esta vez para cumplir 25 años de prisión, Biscet consideró necesario coordinar esfuerzos y juntar voluntades, pero respetando la diversidad de estrategias y tácticas […] Sereno y juicioso discrepante del Proyecto Varela por cuestión de principios, Biscet se propuso desarrollar otros planes alternos que fuesen eficaces en las circunstancias actuales.   

Por ello, el siempre decidido Biscet, subrayaría: «Mientras exista en Cuba la dictadura castro-comunista, nosotros los cubanos no podremos vivir en libertad y democracia, y continuarán violándose los derechos humanos.»     

No conforme, añade otro subcapítulo «Clarinada de Biscet en prisión», donde corrobora su admiración por el patriota cubano, al decir: «No ha tenido Oscar Elías Biscet la resonancia mundial que se merece por su conducta indoblegable y sus principios democráticos.»

Por ello, narra Carbonell Cortina que, apoyada por el poeta Reinaldo Bragado y los periodistas José Ignacio Rivero y Armando Pérez Roura, publica Diario Las Américas la vibrante carta escrita desde la prisión por Biscet, genuino manifiesto al pueblo cubano y enérgica acusación al castrismo, destinada

a los líderes de las naciones democráticas del mundo, al pueblo norteamericano y, en particular, al presidente de los Estados Unidos de América, George W. Bush, solicitamos solo un simple compromiso: No apoyar o promover ninguna solución o arreglo respecto al futuro de la nación cubana que no estime aceptable para la suya.

Continúa la sección con «El histórico mensaje de Martha Beatriz Roque», dado a conocer por la presidenta de M. A. R., por Cuba, Sylvia Iriondo, a          quien la dirigiera la heroica patriota, poco antes de ser brutalmente arrestada y condenada a veinte años de prisión por el castrismo:

[…] nuestra lucha cívica no es para reformar el totalitarismo, sino para erradicarlo de nuestro suelo. […] Nuestro objetivo primordial es contribuir a instaurar en Cuba una democracia pluripartidista emanada del sufragio libre, directo y universal, sin exclusiones. Allí tienen que estar ustedes [los exiliados].

[…] No reconocemos la legitimidad de la actual constitución comunista, que le ha sido impuesta al pueblo cubano.

Martha demanda a los gobiernos del mundo civilizado de forma rotunda y categórica:

[…] Los exhortamos […] a que no prolonguen la agonía del pueblo cubano; que no financien la tiranía, que no la apoyen; que condenen el apartheid turístico…, la explotación de los obreros, la prostitución de los jóvenes, el tráfico de las propiedades robadas, el saqueo inicuo de la nación cubana. La solidaridad que se requiere hoy [es] con los que en Cuba… [y en el exilio] abogamos por la libertad.   

En la tercera y última parte, «Esperanzas del Futuro», antes de concluir su inapreciable aporte a la fidedigna historia de Cuba, Carbonell Cortina propone otro grupo de textos de sumo interés.

Así, advienen «Cubanía de los desterrados que vuelven», «Transición y Constitución», «Carta de Derechos del Pueblo Cubano» y «Símbolos de la Cuba Eterna», en cuya primera parte pregunta cuestiones relacionadas con el primero de los mencionados temas arriba, en la que, preocupado por esta duda… ¿cartesiana?, expone un grupo de «principios seminales», de los que espera, si con el tiempo, hay regreso a la isla, «se traduzcan en hábitos republicanos».

En consecuencia, revela la ilusión de tantos grandes cubanos que, como él, no dejaron de soñar, tal aconteciera a la destacada poeta Pura del Prado, con el ¿utópico o real? regreso a «La Isla»:

[…] que estará siempre invictamente viva,

aunque faltemos.

Sobrevivirá a los derrumbes históricos,

las emigraciones

y los conflictos políticos.      

                                 […]

                  Y ojalá que se llame Cuba,

                  que el sol no me la olvide. 

A seguidas, dedica las siguientes subsecciones no solo, como hasta este momento, a historiar aspectos de nuestro acontecer no tan conocidos por los lectores, sino además a ofrecer de forma didáctica posiciones/actitudes de los cubanos del exilio a su posible regreso a la Isla. Así, acontece en:  «Transición y Constitución», «Antecedentes relevantes», «La estafa constitucional de Castro», «¿Una nueva Constitución?», «La Carta de 1940 como marco constitucional», «Preceptos fundamentales», «Historia y simbolismo», «Fe en el futuro» y, sobre todo, «Carta de Derechos del Pueblo Cubano», en la que, a partir de reuniones con varios colegas en importantes eventos del exilio, propone su ideario al respecto que, publicado en Diario Las Américas, recibiría la aprobación y el elogio de figuras miamenses quienes, a su vez, lo republicarían en otros medios.    

Casi al final de su acertada obra, en «Símbolos de la Cuba Eterna», con máxima síntesis, aborda aspectos emblemáticos de nuestra Patria, como El Himno, La Bandera, El Capitolio Nacional José Martí y La Virgen de la Caridad del Cobre, adjuntando al final un válido Índice Onomástico, que ayudará a los jóvenes lectores que desconocen la historia de nuestra Cuba.

En suma, La Cuba Eterna. Ayer, Hoy y Mañana, del prestigioso historiador Néstor Carbonell Cortina ―por su significación e íntimo vínculo con los cubanos del exilio― amerita su redición por las inestimables Ediciones Universal, pues en especial los jóvenes deben leer este invaluable volumen.

NÉSTOR CARBONELL CORTINA

Nacido en La Habana, Cuba, en 1936, se graduaría en 1957 de Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva. Al año siguiente, obtuvo una maestría en leyes en la Universidad de Harvard.  Tras el advenimiento del castrismo en 1959, planteó públicamente el restablecimiento de la Constitución de 1940, se opuso al despojo y la colectivización agraria, y abogó por la celebración de elecciones libres. Confirmado el rumbo marxista-leninista de la Revolución, marchó al exilio en 1960 y se incorporó al Frente Revolucionario Democrático (que más tarde se fusionó con el Consejo Revolucionario de Cuba en el exilio). Participó como miembro de la Brigada 2506 en la expedición a Bahía de Cochinos. Por encargo del Consejo Revolucionario de Cuba, coordinó la estrategia diplomática que logró expulsar al régimen de Castro de la OEA, en febrero de 1962. Dirigió el esfuerzo del Congreso en Washington, D.C. para lograr la aprobación de la Resolución Conjunta sobre Cuba en octubre de 1962.  Asimismo, se desempeñaría como alto ejecutivo de una empresa multinacional, pero sin cejar en sus esfuerzos en pro de la libertad de Cuba. Colaboraría en diversos diarios y publicaría las siguientes obras: El Espíritu de la Constitución de 1940, Perfil Histórico del IV Presidente de Cuba, Cortina: Tribuno de la República, The Russians Stayed, The Cuban-Americans: Past Achievements and Future Hopes, Por la Libertad de Cuba: Una Historia Inconclusa y La Cuba Eterna. Ayer, Hoy y Mañana.

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