«La caída moral del patriotismo en Cuba»: Prólogo: Vendaval en los cañaverales.

Por: Ego de Kaska

En base a la dialogogía, la forma crítica de la intercomunicación a través de preguntas y respuestas, Ediciones Exodus presentar la novela Vendaval en los cañaverales del escritor cubano Alberto Lamar. Roger Castillejo Olán, vice-presidente de Ego de Kaska Foundation y director de arte de Ediciones Exodus, dialoga con Ángel Velázquez Callejas, editor, sobre la publicación y reedición de la novela; ambos convienen en que Vendaval en los cañaverales expone la inquietante observación de la caída moral del patriotismo en Cuba.

—Ángel, háblame del contexto histórico de la novela Vendaval en los cañaverales.

Primero quiero decirte que, con este título, suman cinco los libros reeditados por Ediciones Exodus —Ego de kaska Foundation— de la obra de Alberto Lamar Schweyer, ensayista, crítico, periodista cubano que vivió entre 1902-1942. Proscrito y ninguneado por ser promotor de ideas de «derechas» en Cuba, y quien publicó una docena de libros entre 1920-1937. Este que reeditamos ahora, Vendaval en los cañaverales, fue uno de los últimos esfuerzos literarios —narrativo— para frenar la pandemia distorsionadora del discurso positivista revolucionario del establishment de la narrativa cubana. En ningún libro escrito posteriormente a la caída de Machado, en 1933, y sobre la llamada Revolución del 30, ni se cita y ni se menciona la novela, ni como fuente digna de consideración testimonial.

—Entonces, ¿podríamos hablar de una Biblioteca Lamar dentro del proyecto editorial de Ediciones Exodus?

—Sí, podríamos referirnos a ello con esa nomenclatura editorial.

¿Hay algún evento histórico que acredite la importancia de la novela?

Cinco años antes de morir en 1942, Alberto Lamar Schweyer escribe en el exilio —entre París y Nueva York— la que sería la última de sus tres novelas: Vendaval en los cañaverales (Tipografía La Universal. La Habana, 1937), novela de ficción, con unos fundamentos históricos-sociológicos sin precedentes. El destacado pintor y comunista cubano Marcelo Pogolotti la calificó en su tiempo, pese a su aversión contra el autor de marra, «la mejor novela que se había escrito hasta entonces en Cuba». Novela, desde luego, «post machadista», que avizora un cambio de época en Cuba y una ruptura contra la «moral patriótica tradicional» de una clase criolla que boquea de cara a la globalización de la Segunda post-Guerra Mundial. Y, en este sentido, su labor como hermeneuta de la obra de Nietzsche juega un papel decisivo en sus obras posteriores. Vendaval… lleva esa impronta definitivamente.

¿Qué visión narrativa le merece a la novela desde el punto de vista de un autor nietzscheano como Alberto Lamar?

Alberto Lamar está influenciado por el «naturalismo nietzscheano», que transcribe como bio-social, y ese plan lo lleva a su narrativa. En algún lugar dejo escrito: «a Nietzsche no le interesa ni la sociedad como tal ni el individuo con serlo, es decir, todo individuo, sino únicamente aquellos en que el tipo humano adquiere una máxima potencialidad, un más alto grado cultural, una más alta capacidad intelectual». Es aquí donde Nietzsche hace hincapié en el significado de «alta cultura» y a Lamar le llama poderosamente la atención. Por ejemplo, a diferencia de Jorge Mañach, que por el año 1925 dicta su conferencia La crisis de la alta cultura en Cuba, no entiende bien qué significa «más alto grado», a no ser la «más alta diferencia» entre la sociedad y el individuo. Esta literatura, el «más alto grado» Alberto Lamar lo considera el triunfo de Nietzsche.

El triunfo de Nietzsche se produce en un cambio de época, en un proceso no estudiado suficientemente, que lleva al mundo a la «democratización de la ascesis», basada en el renacimiento del deporte, los juegos olímpicos modernos y el resurgimiento del ‘atleta’, cuya actitud Nietzsche relaciona con el helenismo primitivo: la competencia, el ánimo agonal y la alegría a la hora de medir la fuerza. Este es un tema que Lamar considera vital, la bio-sociedad. En La palabra de Zarathustra, comentarios que Lamar escribe sobre Así habló Zarathustra, tiene la intención de poner en contexto el estilo del combate del centauro, sobreponiéndose a la racionalidad instrumental positivista, negadora de la práctica estética del deber ser. El estilo de combate lo llevaría a tratar temas como la del superhombre, el héroe, la guerra, la fuerza, la individualidad y la cristalización del poema como reto y advertencia de la unidad entre el arte, el combate, la vida y la ciencia. En Vendaval…, vamos tener algunos influjos sobre estos temas.

¿Específicamente, cuáles temas en Vendaval…?

Cinco puntos constituyen los comentarios básicos de Alberto Lamar Schweyer va a manejar en Vendaval. Sostengo que, la compresión del espíritu latino en el texto de Lamar se produce en base a establecer alianza entre el thymo y el eros: 1-. el lenguaje, 2-. la guerra, 3-. la fuerza, y 4-. la crisis moral. Según nuestro punto de vista, la latinidad se revela en el imperativo de asumir estas cinco cualidades en la filosofía del vitalismo nietzscheano.

Si alguna vez la clase criolla optó por el escepticismo de estilo epojé de la antropofilosofía, fue la cubana después de la caída de Machado en 1933. Dislocada del mundo circundante, en una suerte de clasismo metafísico apátrida, Alberto Lamar escribe, según la crítica del momento, la novela más significativa de su tiempo. Ahora, en una perspectiva narrativa, auxiliándose de la técnica del paralelismo y la superposición temporal y espacial en literatura, Vendaval de los cañaverales, en 1937, evoca la tesis, anteriormente expuesta en el ensayo La crisis del patriotismo: una teoría de las migraciones, 1929: Patriotismo vs. Cosmopolitismo. En este contexto, el vendaval narrado por Lamar desde una microhistoria de las luchas campesinas, provocada por la explotación azucarera en un central de propiedad estadounidense, representa de un lado al patriotismo sin propiedad de los campesinos y por el otro la despolitización de la burguesía criolla erosionada por erótica libidinal del mercado.

Sin embargo, la novela tiene escenarios múltiples, Niza, Paris, Nueva York, y es en Cuba donde se escenifica gran parte de la trama de la novela, una pelea de los macheteros azucareros de la Goldenthal Sugar Company, y que por ello lleva el nombre de Vendaval en los cañaverales.

Goldenthal Sugar Company es un escenario imaginario, pero representativo de la configuración de la estructura económica de Cuba en la primera mitad del siglo XX. Las compañías azucareras norteamericanas abundaban a todo lo largo y ancho de la isla: un central donde se fabrica azúcar, un batey, transporte y las colonias cañeras aledañas. La burocracia de la compañía, administradores, ejecutivos, comerciales, publicistas constituían una casta de privilegiados que solían viajar y recrearse por el mundo. Esta burocracia, que bien podía ser cubana, criolla, prestando servicio a la compañía norteamericana, es la clase dislocada, que se abstrae de la realidad circundante y pierde el norte respecto a la conciencia patriótica nacional. Por eso aparecen a principios de la novela otros escenarios, de paseos, vacacionales, Niza, Paris, Nueva York, etcétera. Como dice Julio Verne: con el dinero se le da la vuelta al mundo en 80 días.

Lo que tú llamas dislocación de la clase criolla, ¿no es un imperativo del desarrollo mismo del capitalismo y de la concentración de los monopolios azucareros?

Desde luego, pero ese no es punto esencial, el leitmotiv, en la novela. Una lectura desprejuiciada de la novela evitaría vincularla con la metafísica de la ideología. Si bien el escenario gordiano es una riña campesina, Lamar estaba más presto a una interpretación de la transformación de la imagen del mundo en la época burguesa, o de la concentración del capital en poderosas compañías productoras de azúcar: abstracto vs. concreto. Mientras los campesinos, macheteros, cortan la caña, reciben un mal trato, mala paga y exigua seguridad social, la burocracia se pavonea en el poder del dinero para viajar por el mundo (se abstrae de la realidad de la vida de los macheteros).

¿Y esa abstracción no es la que produce per se el descontento de los macheteros, una explosión social?

Por supuesto. Repito, no es el dilema narrativo que desea expresar Lamar en esencia. Lamar quiere que entandamos cómo la subjetividad en la nación sufre una ruptura, un cambio de época, una nueva mentalidad respecto al pasado manufacturero de la vida cotidiana. En boca del personaje principal, Gonzalo Maret, expone una mirada melancólica, un dejarse arrastrar por la cosmovisión abstracta de las cosas. Si antes todo era heroico, ligado a la tierra, al sentimiento de patria, ahora será pasajero, abstracto, cosmopolita. O para decirlo de una manera social: con la división de la actividad del machetero en actividades uniformes y no especializadas dentro de las colonias de cañeras habría nacido el concepto de trabajo social abstracto. La descomposición del proceso de trabajo en simples movimientos en el corte de la caña habría hecho que las horas de trabajo fueran comparables. El cálculo con trabajo abstracto sería la base de la representación mecanicista del mundo, el mundo que abrazaría la clase criolla cubana. G. González Contreras escribió con tino elocuente en el ensayo Figuras volcadas sobre Vendaval: la novela «está presidida por el signo del desastre. Desastre de un mundo feudal, aristocrático, que amengua sus pujos tradicionales; desastre de una burguesía que nació careciendo de una voluntad cohesionadora».

¿Cómo repercute la idea de los abstracto en la narrativa de la novela?

Aquí se da la dicotomía entre dos formas de la imagen del mundo, una que intenta sobrevivir y otra que se imponía en medio de las trasformaciones socioeconómica de la isla principios del siglo XX: la imanen manufacturera del mundo vs. Imagen burocrática del mundo. Una lucha entre la imagen productora de azúcar y la imagen abstracta del pensamiento burocrático. Creo que esa dicotomía constituye el eje central de la trama de la novela. Una tesis sociológica de Dilthey y Max Weber que Lamar intento corroborar en el caso cubano.  Se trata, según creo ver en Lamar, de una suerte de transitoriedad en los estados de ánimos de la clase emergente que desea olvidar el pasado apocalíptico de la guerra.

 Vivir el colapso del propio mundo dado por sentado, cuando el orden previo de las cosas degeneró en una serie de guerras, ciertamente experiencias angustiosas marcadas por escenas verdaderamente apocalípticas, como fueron los campos de concentración de Weyler en la guerra del 95. Una solución convincente, que restauró el grado de confianza en el mundo cubano, se encontró en la manera de armonizar los estados de ánimos para vivir en un grado de seguridad y confianza tras la guerra. La enajenación a la que se enfrenta la clase burocrática, que vacaciona por Europa, respeto a la vida concreta de la manufactura azucara en la isla se da por la vía del pensamiento.

En fin, se trata de que las soluciones a los problemas del mundo social y político más amplio pueden ser proporcionar al conocimiento puro. En otras palabras, el conocimiento salva. Esta es la idea del personaje central de la novela, matemático, intelectual, observador distante, Gonzalo Maret, que arriba a l conclusión cartesiana de que «el mundo, que amaba variado y disímil, resultaba igual en todas partes».

En «todas partes del mundo» la decisión ahora la toma en el «mundo burgués», el mundo despolitizado, desconectado, en la que comenzaban a vivir los burócratas de la Goldenthal Sugar Company. El mundo del pensamiento abstracto. Por eso la crisis del patriotismo, aun cuando se intenta armonizar la visión del mundo con el pensamiento puro.

¿Y por eso Lamar fue criticado, vilipendiado?

En efecto, cabe la posibilidad. No estoy seguro de que sus críticos y detractores comprendieran exactamente la dinámica mecanicista del lado abstracto del asunto. Pero había cierto remordimiento por un autor que se manifestaba contrario a lo establecido, a la coherencia moral de la época. El propio Lamar escribió, hablando de Vendaval, lo que le parecía injusto de sus detractores: «a mi Vendaval en los cañaverales lo tachan de escandaloso, como antes tacharon de inmoral y pecadora su hermana mayor, La roca de Patmos. Yo sólo he aspirado a pintar un contraste entre la forma en que viven bien y divirtiéndose algunos —digo algunos y entiéndase bien, porque es imprescindible esto— de los que ganan demasiado y se van a gastar sus excesos en tierras extranjeras, y la vida pobre, misérrima y opaca, de los que se quedan en los cañaverales».

¿Qué dilema social juega el estilo en el contexto de la novela la Revolución y la herencia?

—La consabida estructura de la novela, se revela en consonancia con los criterios del prologuista a la primera edición, a saber: Lamar no dota de expectativas el cierre y la culminación de un Archivo Literario Cubano. Más bien se transfigura en espectros para Lamar. De ahí que lo significativo resida en captar el estilo de la escritura narrativa y no plantarse una historia de la crisis in progress. El estilo de la escritura se traduce, en cuanto tal, en alumbramiento de cuatro peticiones diferenciadas: 1.- el estudio de la poética del futuro; 2.- el sentido de la razón dictatorial o de la necesidad de la dictadura soberana; 3.- la crisis del patriotismo, y 4.- la política esotérica del héroe. Estos cuatro aspectos del estilo representarían a Lamar, convenientemente, a partir de un estudio del mito, de la figura fantasmal, formando parte del cuerpo textual de una época no valorada como escritor reaccionario. En otras palabras, un escritor de narrativa que inmediatamente excomulgado de las filas del Minorismo se separa de la corriente de estilo del positivismo patriótico de la narrativa cubana. Lo demás aspectos que sustentan este breve planteamiento, de las premisas del libro, se los dejo a las consideraciones de la lectura completa de la novela.

Pero, ¿cómo se articula el estilo en relación a la Revolución?

Los estudios sobre las diferentes fases de las revoluciones en Cuba (1868, 95, 1933, 59) no han resultado totalmente equivocados. Abunda en ellos una prolífera información y un correspondiente análisis de las estructuras económicas sobre las políticas. Dicho esto, el problema se debe a la falta de un enfoque diferente, diríamos ascetológico y genealógico. Cada revolución en Cuba obedece por entero a tres condicionamientos jamás atendidos y definibles acerca de la historia de la herencia en Cuba: 1-. El paso del concepto de la teología al laicismo sobre la herencia y el patrimonio (del «pecado original» al «derecho de propiedad» en 1868, de «hijos de Dios» a «hijos de la propiedad» —agraria heredada en la nacionalidad—, 2-. De «hijos de la propiedad» agraria heredada a «hijos de la patria» en la nación (1895), y 3-. De «hijos de la patria» a la herencia del discurso patriótico cubano de la nación al «régimen totalitario» —del discurso burgués al discurso socialista—. En Vendaval…, se expone un análisis del rizoma del patriotismo sin propiedad.

Solo que la desheredación sobre el pecado original abrió las puertas al proceso extensivo de la corrupción sobre la herencia, el patrimonio simbólico y material en Cuba. Es lógico que el concepto de «hijos» y «herencia» constituyan inmanencias gravitacionales sobre la superficie de las estructuras espirituales de la nación cubana. Las diferentes formas de luchas por la independencia, políticas y culturales, recurrentes a lo largo de más de dos siglos de contienda en Cuba, no son más que encontronazos irreverentes, fácilmente distinguibles en la superficie de las estructuras socioeconómicas que tienden, entre otras razones implícitas, que oculta el propósito de la corrupción hereditaria en Cuba, enajenamiento manejado hábilmente por la revolución de 1959.

Vendaval…, ¿expresa la crisis del pensamiento de derecha en Cuba?

No puede existir una derecha robusta y real si no se promulga un pensamiento onto-nacionalista, que defienda los intereses tradicionales de la nación. Y esa idea está flotando muy de cerca al estilo de Vendaval…, Cuando hablamos de Cubanidad, lo decimos en el sentido hiperbóreo del término, patriótico. Y eso está lejos de producirse en la novela. Esto es parte de un criterio no evolucionista, transitable, sino domesticable. Nos adaptamos a las cosas de las que somos capaces de hacer algo con ellas: identidad, memoria, cultura. Lo cual no se trata de un tribalismo marcial sino de la recuperación del espíritu objetivo institucional en el cuerpo social de la nación. En gran parte la cubanidad sufre de desterritorialidad, lo cual se sumergen en el combate por lo narrativo y la creación de alternativas según la lengua. La literatura del exilio, por ejemplo, pudiera estar indicando una cierta relación intempestiva respecto a la tradicionalidad de la cultura, pero en amplios sectores no resulta así. La cubanidad por ahora constituye una residencia y, como tal, el cubano se ve obligado a poner los pies sobre la tierra…

¿Cuál sería el legado literario de la novela?

Para mí, crear la antesala de un estado de excepción. Salvar el patriotismo del cosmopolitismo. Cuando lees Francia en la trinchera, publicado por Lamar en 1940, editado por una editorial de Cárdenas, Matanzas —varios artículos escritos dos años antes de morir— sobre la experiencia de su exilio en Francia, deja ver lo mismo que Vendaval. Un texto vilipendiado por la izquierda, jamás reeditado. La narrativa de Francia en la trinchera se centra primordialmente en la crítica, según la cual el conflicto de la segunda guerra mundial surge entre dos partes: totalitarismo vs. democracia. En medio de este enfrentamiento, el estado de excepción, la dictadura no permanente, juega un papel de transición hacia los sistemas democráticos no parlamentarios. El totalitarismo es un fracaso, la democracia también, el patriotismo se resquebraja.

Lo exclusivo de la narrativa de Vendaval, constituye un adelanto proteico acerca de un súbito, si compartimos de la idea de Giorgio Agambe en su libro Desnudez, intempestivo para lo que significa la sombra y lo oscuro al margen de la ilustración y la luz. Lamar amplifica un modelo de contemporáneos literario donde contrapone a la clase criolla a la clase campesina pobre, patriótica y sin propiedad. Sin propiedad no puede existir el patriotismo. Por eso el modernismo, a diferencia del romanticismo y el naturalismo, trae en la vida literaria según Lamar, un espectro inconmensurable de tinieblas, de inverosimilitud en el «claro del bosque».

Lamar escribe: …la dictadura no es un mal. La dictadura es el único sistema de gobierno en momentos de peligro nacional, cuando no se pueden perder horas en polémicas porque el enemigo toca a la puerta. Además, la dictadura es un régimen de circunstancias. Dura mientras se mantenga las condiciones que la determinaron. Cuando se prologan fuera de ellas y sin una razón que la justifique, la tiranía es su secuela. Y, por tanto, degenerado el principio y prolongado lo que fue bueno como pasajero, se establece un orden que es solo apariencia, exterioridad, y principio de desorden, en lugar de ser continuidad de lo ordenado.

Por último, ¿qué admiras de Lamar?

 —Mi admiración por Lamar crece. Es de los pocos intelectuales cubanos con hábitos deseos de pensar la derecha constitucional y democrática. Lector inusual, volcado a creer que la autoridad ejercía el poder por encima del populismo de izquierda. Machadista por autoridad. Como él, yo me he desencantado de la literatura humanista de salón y prefiero la literatura nacionalista como Bolaño.

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