La biblioteca y el «principio organizador»

Por Robert James

¿Qué depara el poder de una buena biblioteca hoy en día? Quienes arman pacientemente una biblioteca personal, ¿cuál sería el denominador común para obtener utilidad y conocimiento? Esta zozobra maquiavélica para escritores aparece en un costado de la novela de Robert Musil El hombre sin atributos.

En vista de la variedad de campos de conocimiento y de información inimaginable, cual es el aporte de la biblioteca, Es decir, ¿cómo moverse en la biblioteca para capturar los más útiles conocimientos? El lector sin cualidades de Musil responde: no leyendo un libro de los anaqueles personales e institucionales, sino conquistando el principio organizador de la biblioteca, imaginada o real. El siglo XX comenzó a moverse bajo una organización imaginaria de gran biblioteca portadora del conocimiento común. La conquista de ese principio no es visible al lector por muy organizados los libros en los anaqueles.  Musil evoca el espíritu bibliotecario en función de la inmunidad cultural de lectores.

Lo dicho anterior, ¿ocurre hoy lo mismo? No. Se ha perdido el hábito de leer en base al principio organizador (del conocimiento) directo de las fuentes bibliográficas.  Hoy aparece un tercero: oteando en las formas y métodos de la comunicación, se consigue hablar en la sociedad sin tener conocimientos. Hoy la frase irónica, bucólica, acuñada no sin razón en un lugar del mundo y que recorre mundo sigue siendo esta: ¡eres músico de oído!

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