«Kakiana Beach» por «Playa Albina»

Por Spartacus

Quizás, el desenlace habría sido distinto si gran parte de la literatura diariológica concediera mayor importancia a Binswanger y menos a Freud.

Si tan solo pudiéramos comprender la forma de la existencia a través del estudio de los sueños, como sostienen ambos psicólogos, por medio de la hermenéutica, entonces no deberíamos reducirlo a un nuevo Edipo y a una erótica libidinal asumible.

En cambio, según Beinswange en su obra Sueño y Existencia, cuando recreamos la muerte mediante el sueño, nos sumergimos en el teatro dionisíaco de la trágica verticalidad. Nos convertimos en alpinistas, en seres en busca de autorrealización, que se elevan hacia la libertad en un espacio que nos impulsa hacia arriba, anhelando alcanzar la cumbre para luego precipitarnos en un descenso vertiginoso.

Siguiendo esta concepción trágica del sueño, que desafía las normas edípicas, Miami no debería llamarse, tal como lo titulaba el renombrado onirólogo Lorenzo García Vegas, Playa Albina, sino más bien Kakiana beach.

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