Kafka y la hominización

Por Kaskafunky

 Frank Kafka es un narrador iconoclasta, el más realista y agudo. La fama de escritor mundial le llegó póstumamente con obras que para él fueron esbozos, principios, esquemas para un gran proyecto literario inconcluso: la hominización. Del hombre acróbata y la muerte de Dios. De modo que, del proyecto ascetológico de la literatura kafkiana poco se sabe, ni siquiera se menciona. Cuando se habla de Kafka, inmediatamente se le vincula con obras narrativas como La metamorfosis (1915), El Proceso, El Castillo (2012) y El desaparecido, cuyos textos están mayormente relacionados con el desentrañamiento de la mentalidad y psicológica, y no de la «historia ontológica del ser».

El proyecto literario inconcluso de Kafka se le puede vincular con la mayoría de los «relatos cortos» escritos entre 1917 y 1924. En su lecho de muerte revisaba unos de los textos emblemáticos de la ascetología literaria: El artista del hambre. Para Kafka, el hombre no puede ser más que un acrobatic animali. El anhelo por la «libertad» no es otra cosa que la «salida» acrobática de una jaula pequeña y saltar hacia otra jaula más grande con nuevas reglas.

Entre los textos que conforman los estudios literarios de la ascetología kafkiana, aparte del ante mencionado, están Primer sufrimiento, Un artista del trapecio, El jinete del cubo, Un médico rural e Informe para la academia, este último constituye la base de lo que posteriormente iba a ser los fundamentos de la ascetología literaria. Me detengo brevemente a subrayar en qué consiste el Informe de Fran Kafka escrito y publicado en la revista Der Juder en 1917.

Es la historia simiesca de un hombre que no pudo abandonar la antigua vida de mono, antigua forma acrobática. El mono se le llamó Peter Rojo tras ser capturado en la selva de África y traído al mundo de los humanos para usarlo en espectáculos de variedades. En la ecuación metafórica de la narrativa de Kafka queda bien claro una pregunta que solo el mono le es posible formular desde su nueva residencia: «¿por qué el hombre a la altura del siglo XX sigue fascinado con los circos y los zoológicos? ¿Qué se oculta en estas heterotopías culturales?».

Kafka se convence de que la llamada «libertad» no es tal libertad al espacio abierto, sino la salida de un espacio y la entrada en otro. Cuando le proponen al mono Peter trabajar en el espectáculo de variedades y en el Zoo, se decide por el primero. Para el mono Peter, el Zoo constituye una jaula estrecha y limitada en espacio, sin embargo, el circo proporciona espaciosidad para realizar las acrobacias. Se abre un espectro para ambos: el arte de espacial.

En este experimento narrativo, no hay diferencia entre el mundo del mono y los humanos. La acrobacia es el eslabón perdido en el proceso de la hominización. Mediante la acrobacia llegamos a ser lo que somos, acróbatas dispuestos a crear nuevos espacios para la acrobacia y hacer de nuestras acrobacias un espectáculo novedoso.

Cuando se emigra a Estados Unidos no se encuentra libertad, según la ascetología kafkiana, sino un nuevo espacio propicio para realizar las acrobacias del espectáculo. Kafka limita el concepto de «libertad» al concepto de «salida», «fuga» y «entrada» en una nueva jaula con nuevas reglas.

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